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domingo, 30 de junio de 2024

Historia y voz para pueblos sin historia

Colonización. Historias de los pueblos sin historia trata un tema desconocido, olvidado e ignorado. Escrito a cuatro manos, Marta Armingol y Laureano Debat guían y acompañan al lector en un viaje muy interesante por muchos de los casi trescientos pueblos de colonización con los que el régimen franquista proyectó poblar nuevas zonas de regadíos o reubicar a los damnificados por la inundación de pantanos en la segunda mitad del siglo XX. Alrededor de cincuenta y cinco mil familias se desplazaron desde sus lugares de origen a estos nuevos pueblos en Aragón, Andalucía, Extremadura, Castilla o Cataluña.  

Arquitectura, arte, medios de vida; espacios, ausencias, tiempo pasado y voces actuales. Todo para conformar un sólido recorrido ilustrado, muy visual gracias a la narración fluida y descriptiva, un álbum del imaginario en blanco y negro, una crónica literaria que trata los datos con rigor y esmero periodístico. Tengo algunos familiares viven en uno de esos pueblos de colonización y que he visitado en varias ocasiones: sus casas, calles o esa iglesia que me parecía "diferente". Tras la lectura de este libro y las referencias que en él he encontrado, cuando vuelva seguro que me fijaré en algunos detalles que habían pasado desapercibidos y descubriré algunos otros. Por cierto, este libro obtuvo libro Obtuvo I Premio La Caja Books de No Ficción.

Gracias Laureano y Marta por escribir esta historia de pueblos sin historia. Gracias por mostrar una realidad actual, que no ha caducado, y dar voz, sin distorsionar, a aquellos colonos y colonas, sus hijos y nietos, que hablan desde la experiencia. Algunos testimonios reconocen como válida e incluso agradecen la gestión a Franco: "si no fuera por él, este pueblo no existiría". Recibieron casa, yunta de vaca y vaca, algunas gallinas y parcela (que luego tuvieron que pagar, y entregar todos los años buena parte de su cosecha y también la cría de la vaca si nacía). Unos quieren mantener el apellido del pueblo ("del Caudillo") otros explican como costó roturar las tierras, muchas piedras, poca agua, tractores compartidos, mucho esfuerzo y primeros años difíciles, a veces en barracones hasta que se construían las casas. Otros callan o parece que desconocen que su pueblo esta junto a uno de los campos de concentración mas grandes de los años de represión tras la guerra civil, donde todavía aparecen hoy restos humanos. O tampoco dan muchas explicaciones sobre el Canal de los Presos que se construyó con mano de obra de republicanos encarcelados. Y silencio. Hubo en esa época mucha propaganda institucional y demasiado silencio. Las imágenes del NO-DO disfrazaban en blanco y negro la realidad gris de aquellos años. Trabajo y silencio. Todavía hoy resuena el eco mudo.


Los autores plantean algunas cuestiones que tienen que ver con esa dualidad y merecen un debate, como por ejemplo la museificación para la recuperación de la memoria y la construcción de una historia, pero que se asentaría sobre una alfombra calcificada de dictadura, muerte y tortura. ¿Existe la fórmula que permita el equilibrio entre sensibilidades sin herir, sobre todo, a tantos que fueron represariados? 

Con el tiempo algunos pueblos han desaparecido, otros permanecen y la mayoría se han transformado e incluso reutilizado convirtiéndose en espacios turísticos, pero mantienen parte de su estructura original. Pueblos sin historia, con un patrimonio diferente, que ahora recuperan su memoria en esta crónica necesaria, pasado y presente, en la que testimonios y datos documentan parte de nuestra historia reciente. Para leer y releer. 


miércoles, 1 de mayo de 2024

El quinto poder

 

"El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento".
José Hierro, 1950. 
Con las piedras, con el viento...

Soy periodista y estoy colegiada, aunque no trabajo en ningún medio de comunicación. A nadie ni a nada me debo, por lo tanto, pero jamás aceptaría presiones ideológicas ni indicaciones para divulgar bulos o informaciones interesadas para el descrédito si no fuesen ciertas. Las noticias, antes de hacerse públicas, deben estar contrastadas por varias fuentes, eso es lo que les otorga credibilidad y veracidad. Esa es la primera lección, junto con la regla de las cinco "W" que nos enseñaron a los recién llegados a la carrera de Periodismo. David Randall en El periodista universal (Siglo XXI, 2009), apunta tres máximas que toda información debería respetar: las noticias publicadas deben ser resultado de decisiones adoptadas en ausencia de presiones políticas, comerciales o no comerciales; ninguna de ellas debe ser fruto de intercambio de favores o dinero; y tienen que ser el resultado de un espíritu de investigación libre y escogidas para su publicación exclusivamente por su propios méritos.

Ningún periodista que se precie debería ejercer la profesión sin el rigor y la responsabilidad que conlleva hacer público un hecho sin antes haberlo verificado con diversas fuentes, como he mencionado. Hace tiempo que encuentro en las redes sociales y algunos medios (que ni siquiera merecen el calificativo de comunicación) un periodismo del espectáculo. Es cierto que si "perro muerde hombre" no es noticia, y que si "hombre muerde perro" sí, y, además, según como se publique, puede servir al morbo y al espectáculo. En algunas televisiones privadas, cuyo objetivo no es ni mucho menos informar sino entretener para conseguir más alienados que permanezcan frente a la pantalla, prima más el objetivo económico de empresa que la versión y la realidad de los hechos. No importa cuánto daño puedan hacer (a un famoso, a un político o a la sociedad entera) si consiguen más beneficios. Y en política, contribuyen a aumentar la polarización y la insensatez que va in crescendo desaforadamente.

En el siglo XXI, no existen tan apenas medios de comunicación independientes y todos están sometidos a servidumbres de grandes grupos empresariales. Explica Rafael Yanes Mesa en Comunicación política y periodismo (Fragua, 2009) que con la llegada del siglo XX, el periodismo transforma sus estructuras convirtiendo los medios (sobre todo los escritos) en empresas y sociedades cuyo principal objetivo es la obtención de un beneficio económico. La prensa escrita quiere vender más periódicos y la cadena televisiva quiere ganar audiencia para que los publicistas inviertan más y obtener así más ingresos. Así pues, la selección de la información que van a proporcionar al público, considerará también los intereses de ese pagador y del partido político que velada o abiertamente lo sustenta. Y digo también, por no decir, en primer lugar. El sociólogo John Thomson refleja esta característica, y analiza el grado de concentración de los “conglomerados de comunicación”, como "organizaciones multimedia transnacionales que poseen intereses en una variedad de industrias vinculadas con la información y la comunicación”. Es decir, como si una telaraña se tejiese alrededor de la información política, con servidumbres de intereses económicos y empresariales que atrapan también a los partidos políticos. Todo está entrelazado.
Como sostiene otro sociólogo y ex-ministro (uno de los más criticados, pero no voy a entrar ahí ni enjuiciar su acertada o desacertada labor ahora), Manuel Castells, en La era de la información, (Alianza 2000), vivimos en una “sociedad red” en la que los periodistas, los canales de televisión, los móviles, etc, “transmiten y reciben señales en la red global de los nuevos medios, que constituyen la base de la expresión cultural y la opinión pública en la era de la información”. Vaya, que con las nuevas tecnologías y la rapidez en que se difunden las noticias, ese efecto dominó que provoca la inmediata redistribución de contenidos, influye en la agenda setting más inmediata del resto de medios de comunicación del mundo occidental. Y así se divulga esa información sin contrastar (voluntaria o involuntariamente), y se da como cierta al aparecer en varios medios. Aunque no lo sea.

Por otra parte, quiero reflexionar sobre otra consideración que la catedrática en Periodismo Pilar Diezhandino, destaca: entre los cambios producidos en estos últimos tiempos, existe una ausencia de noticias (añado yo: provocada por la precariedad en la profesión). “El periodista ya no sale al encuentro de la noticia, se ha convertido en gestor de la información que fabrican otros gatekeepers para él”. Los políticos emiten notas de prensa y declaraciones y los medios, lamentablemente muchas veces, se limitan a transcribir. A los primeros les sirve como medio de "divulgación" y a los segundos les abarata el trabajo. Qué pocos medios destinan la mayor parte de su presupuesto a financiar investigaciones que se prevean para un tiempo prolongado. El periodismo de investigación, tan necesario, agoniza.

La política, que en una de sus acepciones se define como “cortesía y buen modo de portarse”, es la ciencia para el gobierno de nuestras naciones. Los políticos aspiran a ocupar cargos directivos de esta empresa (nación) que es una gran sociedad no anónima ni limitada a la que todos los ciudadanos de un país pertenecemos. Los representantes de esas instituciones deberían, además de desempeñar honesta y eficazmente su trabajo (como nos exigen a los demás en cualquier empresa) tener esa responsabilidad de “portarse bien”, entre otras consideraciones, por que se deben a la confianza que hemos depositado en ellos. Un poco de decencia, diría yo. Basta de bulos, de comprar medios de comunicación y de “desconstruir” (sí, con s), destruir y derribar al adversario para conseguir el puesto. El acoso laboral, sobre el que escribí una novela de ficción, Cuestairse (Loslibrosdelgatonegro, 2023) es lamentablemente una realidad demasiado vigente, como el acoso en los colegios (los niños imitan lo que ven hacer a sus mayores).  En los últimos tiempos ha llegado a la clase política, una manera ruin de conseguir mantenerse o llegar. Esta sociedad no puede permitirse un retroceso en la democracia y caer en la trampa de lo más fácil, ni vivir en un continuo acoso de competencia ambiciosa. Desde mi independencia y desde mi tendencia política, que la tengo, claro, propongo elegancia, respeto, construir, cooperar, dialogar e incluso, si es necesario por el bien común, renunciar a intereses propios en favor del avance para TODOS no sólo para los MÍOS. Eso se llama solidaridad.

No suelo hablar ni escribir de política, ni de los políticos. Prefiero la literatura, el cine o el pensamiento. Pero llegados a este punto en que el mayor representante político se ha manifestado como un hombre vulnerable (los políticos son humanos y parece que se les exige mostrarse como si no lo fuesen, siempre en positivo, agresivos, triunfadores) debo mostrar mi admiración por su valentía al hacer público su sentir y al proponer que ESTO DEBE ACABAR. Algunos dicen que ha sido una maniobra. En cierto modo puede que sí, pero para poner ese punto y aparte tan necesario. Basta de bulos, basta de noticias interesadas y no contrastadas, y basta de una justicia comprada. Si en el sistema democrático que tenemos hay que cambiar la ley para conseguir más democracia, se cambia, por las vías y los medios institucionales que la legislación permita. El Consejo General del Poder Judicial no puede ser un órgano político (o politizado). 

Y el periodismo, con el que he comenzado este post,  no puede ser una profesión vendida a intereses políticos o de enriquecimiento empresarial. Los periodistas deben fiscalizar la acción del Gobierno, claro que sí, y de quienes dirigen esta empresa que es de todos, deben publicar aquello que informe a los ciudadanos de lo que se hace bien y de lo que no, pero siempre, insisto, desde la veracidad y el rigor. La FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España) debe tomar cartas en este asunto y crear algún protocolo o normativa para desacreditar a quienes (en televisión, radio, prensa o redes sociales) se dedican a la publicación irresponsable de noticias vendidas.

Hoy escribo sobre política, el arte de dialogar, de construir, de alcanzar el buen fin común. La sociedad no es un ente abstracto, somos todos. Si cada uno denuncia el acoso que observa y desde su pequeña parcela educa a sus hijos en el respeto y la reflexión, iremos mejor.

Inmersos como estamos en una sociedad cada vez más individualista y neo-narcisista, tal como afirma J. Luis Sánchez Noriega, materializado con evidencia en la televisión: “juego de espejos en que ensimismarse con imágenes que devuelven nuestra realidad”, un público que mira la pantalla, la cual reclama su atención para mostrar al público que mira a la cámara porque se sabe observado por el público. Eso mismo lo podemos trasladar hoy a la nueva televisión, las redes sociales: instagram, twitter (X), tick tock o facebook. Las redes sociales diría yo que además son el quinto poder, un pseudoperiodismo peligroso donde individuos y grupos (muchas veces anónimos) divulgan pseudonoticias. Desde ahí es desde donde se está bombardeando y distribuyendo todo tipo de mentiras y barbaridades, mofas, burlas y críticas que no son tales pues están orientadas al espectáculo y al enriquecimiento personal, a ese juego de espejos, más que  a la información veraz. Percibo una disfunción narcotizante y una carencia de espíritu crítico en el individuo que me traslada a la sociedad alienada de 1984 de Orwell. 

Por eso, desde esas redes sociales podríamos comenzar a aplicar la sensatez y la cortesía. Comprometámonos a no contribuir en la desinformación y el acoso, a la divulgación irresponsable de burlas, críticas o noticias vagas que no hacen más que provocar el espectáculo y conducen a nuestra sociedad a un fango maloliente y asqueroso. Limpieza y elegancia, por favor. No estoy diciendo que no hay que criticar, los servidores públicos deben estar preparados para una oposición responsable y un periodismo que investigue a fondo. Fiscalizar sí, claro, vigilar también, pero con veracidad contrastada. Y crítica inteligente, respetuosa, constructiva.

#Respeto

#PolíticaResponsable

#PolíticosMásHumanos

#BastaYaDeBulos

#PorUnaJusticaDemocrática




sábado, 6 de abril de 2024

Casa de nadie, de todos y de todas

Una mesa de pingpong casi nueva, plegada, y una parrilla argentina sin estrenar duermen en el balcón de un piso del Eixample barcelonés. Desde allí, el autor observa las monjas que salen al patio de un convento que hay abajo. Él vive en ese piso con una mujer chilena y su hija a la que alquiló una habitación. La segunda llegó antes. La madre vino después y dejó otras tres hijas en Chile. Ahora en Barcelona ambas se ganan la vida como prostitutas, aunque en su país jamás lo hubiesen ni siquiera imaginado pues su clase social era acomodada. El autor, en esa Casa de nadie (Candaya, 2022) donde dos putas reciben a clientes y amigos, comparte espacios comunes y se adapta a la situación. Partiendo de su propia experiencia, Laureano Debat (Lobería, Argentina, 1981) escribe una historia que a simple vista, con este enunciado, puede parecer surrealista e incluso escandalosa y hasta morbosa, pero la vida y los días transcurren en ese piso con normalidad natural alternando situaciones cotidianas con un Vademécum y otros personajes que aderezan los capítulos. 

Estructurada como una crónica fragmentada, la novela avanza y retrocede en el tiempo para narrar la relación del que escribe sin catalogar ni juzgar, partiendo de la observación y aportando solo pequeñas espurnas de su experiencia exterior de esa casa de nadie. Incluso a veces con ese sentido del humor y crítico que ya mostró Debat en su Barcelona inconclusa (Candaya, 2017). Se pregunta el inquilino y autor cómo se sienten ellas, dos mujeres que se acuestan con hombres por dinero, sexo sin amor, sexo con asco incluso, sexo pocas veces placentero, intenta leer sus pensamientos y entender sus emociones, sin escándalo ni morbo. Dentro del interrogante, un mosaico de anécdotas multicolor que conforman un dibujo ácido, tal cual si estuviésemos en un rincón del Parque Güell un día soleado y de pronto una limonada derramada engullese el brillo y se tiñese de sombras. Paralelismos y cruces entre sexo, fútbol (como no, siendo el autor argentino) y vida doméstica, sin sexo explícito. Presente también la ausencia y un asado. Argentina y Chile en Barcelona. El desarraigo forzado. Evocadoras las imágenes. El deseo y la duda. Lo precario y la abundancia. Contrastes. Lo de dentro y lo de afuera. Familia. La necesidad. La realidad contada en literatura sin elocuencias superfluas. Prostitución y pragmatismo. Laureano nos abre la puerta a esa casa de nadie y nos invita a todos a entrar en la crónica literaria que a veces enumera y a veces entrevista, sugiere o detalla según el momento. Incisivo o expositivo, también transcribe declaraciones documentando así la narración que fluye para que el lector extraiga sus propias conclusiones. Periodismo literario, sí. 

domingo, 30 de diciembre de 2018

Cuando el destino roba*


No sé si podrás recordarme, Michel,  ni tan siquiera leerme o te llegarán ecos de estas palabras allá donde estés. Nos conocimos en una de esas comidas con los compañeros de El Periódico. El destino (o la suerte) hizo que pudiera sentarme a tu lado. Fue un placer compartir conversación. Hablamos de Barcelona, de donde procedo yo y lugar en el que tú habías estudiado Periodismo. Hablamos del Periodismo, como no, de las vocaciones innatas, de los estudios tardíos y de “la de vueltas que da la vida”. Pero sobre todo hablamos del cáncer. Tú estabas en fase de recuperación en ese momento tras un tratamiento de quimio  que había hecho retroceder el tumor; estabas a la espera de más pruebas y un nuevo tratamiento y te preocupaba llegar bien a la boda de tu hermano. Yo ya había vencido mi cáncer del todo pues hace ya más de veinticinco años y es solo un recuerdo anual en los análisis de marcadores tumorales. En este punto también estuvimos de acuerdo. Contra el cáncer no se lucha. Se cura o no, pero no depende de uno mismo. Lo escribiste en una de tus magníficas columnas: "No soy ningún luchador, ni un guerrero, ni nada por el estilo. Me he puesto en manos de la maravillosa sanidad pública".  
Es cierto. Es más bien cuestión del destino (o de suerte) el hecho de que “se pille a tiempo” o “no afecte a órganos no operables” o… la realidad es que no deja de ser una enfermedad que ojalá que algún día pueda vencerse. Sólo hay que invertir mucho más de lo que se hace en estos momentos en investigación, en estudios,  en programas piloto y en todo lo que pueda contribuir al avance farmacéutico y médico contra el cáncer. Como reconocías, “tuve la oportunidad de entrar en un tratamiento experimental"

Después de comer, regresé a  mi puesto de trabajo en ese momento, que en realidad era el tuyo. Yo ocupaba desde septiembre tu silla, tu mesa, escribía en tu teclado y me reflejaba en la pantalla de tu ordenador, rodeada de todas tus cosas: una pila de folios con multitud de notas de anteriores artículos, libros de contenido legislativo, una cajita con acreditaciones, algún pendrive. No me atreví a tocar nada pues yo no dejaba de ser una intrusa en ese puesto. Pero sobre todo, no me atreví a tocar nada porqué allí estabas tú, el Periodista en mayúsculas. Y en el fondo, porqué en todo momento no perdimos la esperanza (sobre todo tus compañeros desde hacía una década) de que volverías y así lo encontrarías todo igual que lo dejaste.  Y así te lo había dicho aquel día al despedirnos en la calle después de la comida: “Michel, estoy sentada en tu sitio pero no toco nada para que lo encuentres todo igual que lo dejaste cuando vuelvas, que yo voy a estar solo unos pocos meses”.

El destino (en este caso no es cuestión de suerte o mala suerte) ha querido que injustamente no puedas regresar a tu mesa. El dolor es enorme entre los compañeros de profesión, tus amigos, tu familia y una Estrella que te acompañó y a la que también tengo la suerte de conocer. Todos te lloran y te despiden hoy. Ayer fuiste trending topic en twitter. Los medios de comunicación aragoneses y algunos nacionales se dieron eco de tu marcha. Seguro que con tu humor se te ocurriría alguna frase lapidaria y me permito sonreír pensando en ello.

Pero más allá de ese puesto vacío, dejas una impronta en todos los que te conocimos, a través de tus gestos, de tus palabras, de tu dignidad y  sobre todo de tu valentía (aunque tú no lo reconocieras) para enfrentarte a ese cáncer. Porque lo que sí depende es la actitud que uno adopta frente a él. Y la tuya fue ejemplar. “El cáncer te roba la normalidad”, escribías.
La Estrella que aquí se queda seguro que sigue brillando por ella misma pero sobre todo con tu recuerdo. El que dejas en tus textos, a través de los que podremos seguir saboreando tus pensamientos en palabras hiladas de sensatez y sinceridad. Por mi parte, no puedo dejar de sentirme culpable, sin serlo, por haber estado (que no ocupado) tu espacio; la injusticia se me presenta a través de un cáncer que te arrancó de ese puesto, te ha privado de disfrutar de las estrellas y te ha alejado de la vida demasiado pronto. Tus palabras, sabias, que escribiste en enero de este año que ahora acaba, hablaban de ese tiempo que el destino (y no la suerte, sino el cáncer) te han robado: “No soy dueño del tiempo. Pero decido su contenido y su valor. Decido el ahora. Aunque sé que el cáncer tiene la última palabra”.
Y la tuvo. Descansa, Michel. Gracias por todo.  

Marte en el exilio  (Aquí tenéis todos los artículos de Michel Vallés, excelente periodista, analista político y columnista). 

*Escribo esta entrada en mi blog a título personal, como humilde homenaje y despedida al periodista que llamaba a las cosas por su nombre y al hombre al que el destino le ha robado la vida demasiado pronto. 

domingo, 3 de enero de 2016

La becaria

Aquella horrible caja con la que os felicité el Nuevo Año contenía... ¡una hermosa bicicleta! 


Ser becaria me ha dado más de una alegría. La última ésta, obsequio de Warner Bros Company (la de Bugs Bunny, sí), a través de Zarafilms S.A, por un texto que escribí en referencia a la película El Becario y que se basaba en propia experiencia personal. 

Extraigo este párrafo: "Nunca es tarde... Lo curioso es que, como al becario que interpreta Robert de Niro, me costaba convencer a la gente con la que tuve que interferir durante mis prácticas de que no era una profesional contratada, sino una becaria; las sonrisas que obtenía cuando les daba la explicación bailaban entre la guasa y la admiración. ¿Estás de broma?, dudaban algunos. ¡Qué valor tienes!, se sorprendían otros".

De nuevo cine y periodismo, ficción y realidad, se unen para brindarme nuevas energías.

Y aquí estoy, ¡lista para pedalear durante todo el 2016 en busca de nuevos sueños!



viernes, 1 de mayo de 2015

Retórica, periodismo y política.

Conocer los principios básicos de la retórica aristotélica puede ayudarnos como lectores y como periodistas pues, es indiscutible, que el hecho de comunicar, informar utiliza directamente la retórica, tal y como la define Aristóteles: “la facultad de teorizar lo que es adecuado en cada caso para convencer” (Retórica Aristóteles)

Existe todavía la concepción del término retórica, como un método de manipulación en el discurso, o engaño en la comunicación, o a través de la propia argumentación tergiversada. También se denomina retórica al uso de metáforas y recursos lingüísticos que adornan el discurso, dando lugar a veces también, a una doble interpretación o confusión en el contenido principal.
Pero la retórica es, principalmente, el conjunto de mecanismos utilizados en el acto de comunicación que permiten transmitir el discurso de la mejor forma para que el oyente comprenda el contenido. La retórica aristotélica es, además, desde el punto de vista pragmático, un método de persuasión, para que el discurso llegue de la mejor manera al oyente o lector, entendiendo la comunicación como una interacción entre el emisor y el receptor.

Según Aristóteles, la retórica basa “sobre toda cosa dada (tema de discurso) aquello que en cada caso es más apto para la persuasión”. No obstante, la demostración en el discurso se hace por procedimientos lógicos, no pragmáticos: el ejemplo y el entimema (deducción mediante silogismo que parte siempre de al menos una premisa). Las premisas se basan en la certeza de las afirmaciones y en la verosimilitud de los contenidos desarrollados en la argumentación, para que no quepa ninguna duda en el receptor, pero debe tener éste un conocimiento previo de estas premisas.

La retórica, hoy en día, está presente en cualquier nivel de comunicación, en la micro comunicación de las relaciones personales, en la meso comunicación de las instituciones y en la macro comunicación de los medios.  En cualquiera de los actos de comunicación el discurso se organiza. En política, por ejemplo, es una herramienta básica, para el debate público.

Para Aristóteles, la clave para gobernar estriba en la deliberación entre ciudadanos. Pero no entre cualquier ciudadano, sino que distingue el interlocutor el varón, de solvencia económica, con padre y madre en la ciudad…excluye de esta manera a mujeres y esclavos en el debate  y supone un conocimiento previo de los interlocutores.  Trasladando esto a nuestros días, tenemos un claro ejemplo en los debates y tertulias radiofónicas y televisivas, en las que políticos, comunicadores y personajes de la cultura, tratan diariamente temas de actualidad política, social y cultural; casi nunca intervienen en esas tertulias o debates personas de la masa ciudadana, obreros, administrativos o simples ciudadanos de a pie. En este caso, no es tanto por desconocimiento, sino más por la representatividad de la opinión que muestran los intervinientes y, porque no decirlo, por su capacidad retórica para el discurso.  Esta capacidad retórica es un elemento básico en los medios de comunicación. Así, aunque un erudito en ciencias políticas conozca a la perfección el tema que se trate, antes se dará la palabra en esos debates a un periodista conocedor del tema y adiestrado en el arte de la retórica, que al experto.  Interviene en esta selección, además,  la cultura del espectáculo a la que están sometidos los medios, tal como Mario Vargas Llosa afirma en La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012). Muchas veces, la selección viene dada por el talante del que ya Aristóteles nos habla en su retórica: “se persuade por el talante, cuando el discurso es dicho de tal forma que hace al orador digno de crédito (…) es el talante personal quien constituye el más firme medio de persuasión”. Entraríamos ahora en otro aspecto que no es objeto de este artículo, pero que por interesante, no debemos pasar por alto: cuando la comunicación y la información se convierten en espectáculo, prevalece más la imagen y la forma que el contenido en sí mismo…

Aristóteles, que creía en la retórica como un ejercicio de comunicación política, sigue vigente después de más de dos mil años. Cualquier discurso de nuestros representantes políticos es un ejercicio de retórica, una argumentación persuasiva para convencer, para que parezca verdadero, sea cual sea el concepto que muestra.  No es una dialéctica que basa su argumentación en la lógica y busca la verdad.  Aunque para Aristóteles, la retórica es una antistrofa de la dialéctica, es decir, se da entre ambas, a la vez, identidad y oposición.  Coinciden ambas en “descubrir y sostener un argumento e, igualmente, en defenderse y acusar”. Ahora bien, la  tarea de la retórica, según Aristóteles, “no consiste en persuadir, sino en reconocer los medios de convicción más pertinentes para cada caso, tal como ocurre  en todas las otras artes”. De esta forma, identifica la dialéctica y la retórica como argumentaciones persuasivas, pero distingue la retórica como un arte, una disciplina que requiere facultades y conocimientos para poder aplicarla.  En ese aspecto, hay que reconocer el mérito de algunos de nuestros políticos actuales.

Aunque los ciudadanos deben esforzarse en cultivar su capacidad crítica para distinguir el arte de la retórica del contenido del mensaje. Con el tiempo, la retórica se preocupó también por la audiencia y surgió entonces la hermenéutica como una disciplina de interpretación del verdadero sentido de un texto.


En relación con el periodismo, la retórica está presente como un elemento nuclear. Lo cual no resta al acto de comunicación periodística, en ningún momento, de la objetividad y veracidad que deben prevalecer en la información. Si bien, los medios, y sobre todo los digitales, reclaman brevedad en el discurso, esto tampoco es un signo de ausencia de retórica, que está presente en todo acto comunicativo. El hecho de informar se nutre del empleo de la retórica para dar forma a esa información de manera que la elaboración del contenido llegue al lector u oyente  de la mejor manera objetiva, veraz y con estructura convincente.


Aristóteles afirma que  la retórica es útil porque por naturaleza la verdad y la justicia son más fuertes que sus contrarios. Y afirma también que es un arte, una disciplina teoríca-práctica que precisa de unas facultades y conocimientos previos. Para los periodistas es interesante cultivar este arte para comunicar con veracidad, pero también con cierta persuasión; para que el lector sea capaz de aprehender no sólo los hechos narrados, sino también el sentido profundo de la noticia o el hecho comunicado.

miércoles, 22 de abril de 2015

Juego conversacional

He estado dos tardes con Ryszard Kapuściński. Me ha contado algunos de los secretos del periodismo. Me ha hablado en silencio, a través de las palabras que recoge  el libro  Los cínicos no sirven para este oficio.
Yo, ahora, voy a responderle, cuestionarle y comentar sus afirmaciones. Sé que él no va a poder escucharme, pero es parte del juego literario.
La realidad corteja a  la fiction (de la que habla John Berger en  Los cínicos no sirven para este oficio) y convierte este texto en un juego del periodista que puede hablar con el maestro, Ryszard Kapuściński, de tú a tú, con el imaginario enriquecido después de haber leído sus entrevistas.
El libro es un manual o clase magistral sobre periodismo. Pero no una clase teórica o un manual de instrucciones dogmáticas. Kapuściński habla del periodismo desde las entrañas, desde su experiencia como profesional rendido a la ética y al deber de informar. Kapuściński es un periodista comprometido con la verdad, con la difusión de la injusticia social, con la oportunidad de dar voz a aquellos que no la tienen…También David Randall,  habla de esto en El periodista universal  y afirma que entre los objetivos  de un buen periodista  está el de “Confortar a los débiles y atacar a los poderosos, dando la oportunidad de expresarse en público a quienes normalmente no la tienen”
Los cínicos no sirven para este oficio se compone de tres entrevistas (o diálogos) entre Ryszard Kapuściński, los periodistas y escritores que le entrevistan (María Nadotti y Andrea Semplici y John Berger) y el público asistente a dos Congresos celebrados en Italia en los años 1994 y 1999. No tiene pues una estructura global y cada una de las tres entrevistas se centra en un ámbito (o tema) específico. El periodismo sería el leit motiv de todos ellos si se tratase de una obra de ficción.
Así pues, en la primera entrevista realizada por María Nadotti, se insiste en la cuestión de “periodismo vivido” o como cuestiona María “una actividad periodística marcada por una opción ética muy fuerte y por la necesidad del riesgo, de la experiencia directa y de la compenetración”.Responde Kapuściński que el trabajo del periodismo “ocupa toda nuestra vida”, y  que hay que estar totalmente dispuesto para convivir con la profesión las veinticuatro horas del día.

- Sr. Kapuściński, estoy totalmente de acuerdo con usted. Sé que no es ortodoxo utilizar la primera persona en un texto periodístico, pero es este un artículo de opinión, y me permito por ello hablar en primera persona. El periodismo no es una profesión, es una vocación. Implica, por lo tanto, un sacrificio voluntario de una parte de nosotros mismos, como usted dice, para entregarse de pleno a ella. Por otra parte, Sr. Kapuściński, también estoy totalmente de acuerdo en su afirmación de que hay que estar formándose continuamente. ¡Y más en los tiempos que corren, en que los avances tecnológicos nos obligan a estar alerta constantemente! Pero no sólo hay que seguir actualizando los conocimientos informáticos y los medios que se utilizan para manejar la información; creo que hay que enriquecerse de cultura, de arte, de filosofía, de historia… todo aquello que nos abre el conocimiento, nos ayuda a comprender mejor la realidad de la que debemos informar. Me repito constantemente: cuanto más sé, más me doy cuenta de lo que me queda por aprender, y más quiero saber. Creo firmemente que la inteligencia debe cultivarse mediante la reflexión y el pensamiento, pero para ello es primordial la lectura y el estudio constante, la curiosidad por saber. El mismo autor al que antes me he referido, David Randall, afirma que  a los buenos reporteros “la curiosidad compulsiva es lo que les hace grandes periodistas, les anima a descubrir constantemente nuevos conocimientos y experiencias de otros…quienes leen mucho y bueno tienden a absorber…el conocimiento y los horizontes mentales (el legado vital de esa lectura) se amplían constantemente”
Pero volviendo al tema de la actuación en el periodismo, afirma usted, Sr. Kapuściński, en el libro que nos ocupa,  que “para ejercer el periodismo hay que ser, ante todo, buen hombre o buena mujer”. Y añade que: “las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. Permítame advertir en usted cierta ingenuidad…en los tiempos que corren, ya no somos muchos los que creemos en la bondad de las personas. Y digo somos, porque me incluyo entre ellos, creo que para ser buen periodista hay que tener la ética y el humanismo (no como corriente filosófica sino como actitud vital integradora de los valores humanos, tal y como define el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua) por encima de cualquier actuación que se nos presente como profesionales. Aunque también hay buenos periodistas al mando de algunos periódicos que… ¿Quién decide si son o no buenas personas? ¿Dónde está el baremo, Sr. Kapuściński, que mide el límite de la bondad? Es ahí donde creo que es usted un poco ingenuo, como yo, al realizar tal afirmación. Lo bueno o lo malo suele ser subjetivo en función de la situación, del medio, de las características que rodean al momento, a la propia información. Ha de haber un mínimo de intencionalidad informativa donde el objetivo ha de ser ético, justo y humanitario, pero también es cierto que ese límite se mueve constantemente y la mayor parte de los periodistas están obligados por el medio en el que trabajan a realizar informaciones seccionadas…y no creo que por eso se puedan calificar como “malas personas”. Por otra parte, habla usted de cinismo. Cínico es, según la RAE, aquel que practica la "desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables". No puedeo imaginar un cínico ejerciendo el periodismo, en eso estamos de acuerdo. Aunque fue usted víctima de esta acusación, precisamente, cuando su compatriota Artur Domoslawski publicó su biografía... y sembró la sombra de la duda. 
Por otra parte, admiro la elección de vida que usted hizo, aunque quizás fueron las circunstancias, que como a todos nos llevan de aquí para allá…de introducirse, y nunca mejor dicho, en un modo de vida único y exclusivo para el periodismo. Vivir en los lugares y con los lugareños para interpretar su realidad… ¡eso es buen periodismo, eso es admirable, Sr. Kapuściński! Además, tratándose de lugares poco cómodos (por calificarlos de alguna manera), en el Tercer Mundo. El coraje para decidir estar al lado de los pobres, para dar voz a sus necesidades, para sembrar alguna esperanza donde no la hay…es el más grande de los periodismos posibles...el de las buenas personas. Dice usted que “esa gente no se rebelará nunca, así que necesitan que alguien hable por ellos”. Eso es generosidad y humanismo; tal como usted afirma “todos ellos son nuestros hermanos y hermanas pobres”. Hay muy pocos periodistas que tomen la decisión de ejercer ese tipo de periodismo pero hemos de reconocer que es necesario también el periodista que nos informa de cómo está la prima de riesgo o de la intervención del Banco Central Europeo en tal o cual país. Y éstos, también realizan una labor importante, menos sacrificada en cuanto al modo de vida cotidiano y comodidades diarias, pero es también periodismo.
Sr. Kapuściński, estaría hablando con usted horas y horas, me encantaría tener su réplica a lo que he comentado pero esto es sólo artículo a modo de juego literario. Quedan en el tintero cuestiones que he leído sobre usted y  me hubiese gustado comentar, como su experiencia en África o la Unión Soviética, la polémica creada por la publicación de su biografía, sus inicios como poeta; discutir conceptos como la independencia del periodista, la dicotomía entre historiador y periodista como relator de la historia, la subjetividad implícita por el conocimiento  adquirido, literatura y periodismo, la fitcion y la non fiction…pero como usted mismo dice “el periodista tiene que hacer una selección dramática…en una descripción breve y muy simplificada”.   
Y como usted afirma, señor Kapuściński,  “La vida y, por tanto, la realidad del mundo, están en el medio, no en los extremos”.