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jueves, 8 de octubre de 2015

El baile del espectáculo

El modelo de las televisiones privadas que operan en nuestro país basa sus rendimientos mayoritariamente en los ingresos publicitarios que sostienen una programación cada vez más encaminada al espectáculo y menos a la información. Cuanto más espectáculo más espectadores y más ingresos por publicidad. Incluso en los programas informativos como los noticiarios o debates, se busca también una estructura que ofrezca al espectador espectáculo. Y es que la televisión, que se concibió como un medio de comunicación  dirigido a las masas, se ha convertido en el principal actor de una sociedad del espectáculo, donde se confunde información y entretenimiento cada vez más a menudo.

Mario Vargas Llosa, define a la civilización del espectáculo como aquella donde “el primer lugar en la tabla de valores lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal” (La civilización del espectáculo, 2012). Y añade que las consecuencias, además de la “banalización de la cultura y la generalización de la frivolidad”, provocan en el campo de la información que “prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”.
Si por otra parte, consideramos que la política es aburrida (excepto para aquellos, cada vez menos,  que vocacionalmente la viven como una profesión al servicio de los ciudadanos) y que, como afirma Vargas Llosa ha sufrido también una “banalización supeditada al gesto y la forma en que los políticos adoptan para transmitir sus mensajes”, podemos entender porqué cada vez más los políticos utilizan sus apariciones en televisión para contactar con los ciudadanos de a pie. Y el discurso, revestido de espectáculo,  se convierte en diversión o entretenimiento para el espectador.

Las apariciones televisivas fueron al principio debates pre-electorales donde se constató el poder del  medio (recordemos que Nixon perdió su campaña frente a J.F. Kennedy en 1960 por un debate televisivo), pero que en nuestro país se han convertido en un rito aburrido y soporífero,  donde el bipartidismo utiliza el discurso del “y tú más” para echarse trapos sucios y demostrar que conocen muy bien los datos y las estadísticas del paro o la economía mientras proclaman promesas que nunca llegan.  Así, lo que en principio fue una ventana  para acercar el político al ciudadano medio, se ha convertido en un arma que provoca el efecto contrario y hace mella en la credibilidad de ese señor que siempre dice lo mismo sea del partido que sea.  En este punto,  habría que detenerse un instante (o una eternidad), para considerar que el desprestigio de la clase política no se ha instalado solamente por esa falta de credibilidad argumentada en promesas incumplidas y palabras carentes de signo, sino por una corrupción generalizada en casi todos los partidos que ha provocado un alejamiento radical entre los ciudadanos y los políticos y una desconfianza total  que verticalmente aumenta cuanto mayor es el grado del político y menor es el del ciudadano. Pero este sería objeto de otro post, que podríamos titular el espectáculo de la corrupción, y que lamentablemente es un espectáculo demasiado repugnante y siniestro.
Las clases sociales mayoritarias, las denominadas clases medias (mientras el estado de bienestar todavía se mantiene), adoptaron la televisión como medio de comunicación principal para obtener información. Y los políticos cuidan de manera especial el gesto y la forma (es sabido que en sus mítines preelectorales ofrecen frases resumen para que aparezcan en los informativos de televisión, y controlan en todo momento el instante en que se conecta en directo para decir aquello que conviene al espectador). Pero todo esto  ha fallado. Y lo saben.
Los nuevos partidos, conocedores y buenos estrategas de la comunicación, irrumpieron en el escenario político propulsados por sus apariciones en televisión. Así, los debates matinales  fueron el escaparate donde Pablo Iglesias llegó a los hogares de los españoles, con su coleta y su discurso esperanzador. No quiere decir esto que el televisor fuese su único mérito, pero sí el medio que utilizó para darse a conocer.
Los políticos ofrecen ahora entrevistas, apariciones en los programas de debates televisivos y  últimamente también, en programas de entretenimiento. El espectáculo está al servicio de la política también.  Esos señores y señoras que visten de traje en el Congreso de los Diputados  y se enfrentan verbalmente entre ellos, nombrando artículos y leyes incumplidas, datos económicos vertiginosos y proyectos de mejora imposibles, aparecen ahora sin corbata o con vaqueros y sandalias, respondiendo a las preguntas más comprometidas, e incluso bailando o afeitando globos si fuese necesario.
Así, tal como el periodismo se preocupa por entretener mientras informa, el político se sirve del entretenimiento y el espectáculo para acercarse al ciudadano y recuperar el espacio perdido y  la credibilidad. Bajo un formato de entrevista que se combina con información, lo que se ofrece es un espectáculo que llegue a la opinión pública mostrando a la clase política como personas “normales”, que hablan coloquialmente de manera cercana e incluso bailan… 

El pasado martes pudimos ver a Soraya Sáenz de Santamaría bailando en El Hormiguero (A3) rodeada del glamour más propio de una aspirante de estrella en un programa de cazatalentos musicales que de una Vicepresidenta del Gobierno. La misma señora que todos los viernes aparece en la pequeña pantalla en rueda de prensa como portavoz del gobierno que dirige nuestra nación. También Miquel  Iceta bailó en un acto de campaña en las elecciones catalanas. Y fue criticado (ridiculizado casi) por ello.  Igual que Pedro Sánchez cuando habló en un programa de entretenimiento de tarde en Telecinco. Parece que ahora ya no se critican entre ellos por eso y lo aceptan como algo habitual ¿Por qué? Quizás porque el espectáculo sea el único medio que les queda.



Entonces, me pregunto, ¿Cómo hemos evolucionado desde aquellos griegos y aquellos romanos que en la polis debatían inteligentemente sobre cómo mejorar nuestra sociedad? Política viene etimológicamente del latín politicus y del griego polis, relacionando lo relativo al orden de las ciudades y la participación ciudadana.  Ahora, en una sociedad del espectáculo que busca superficialmente el entretenimiento, ¿puede influir el uso de ese entretenimiento con fines políticos en nuestro sentido más crítico? Finalizo como he comenzado, con una cita de M. Vargas Llosa: “La necedad ha pasado a ser la reina y señora de la vida posmoderna y la política es una de sus principales víctimas”. No es el apocalipsis porque todavía somos capaces de ponerle solución; todavía mientras seamos capaces de discernir la información del espectáculo, la manipulación frente a la crítica racional e independiente.  Si la televisión banaliza la cultura y la política para convertirlos en espectáculo, y  la información escrita (en papel o en internet) de algunos medios de comunicación también, deberemos cultivar la capacidad crítica para dejar de ser espectadores y lectores pasivos y discernir QUÉ ES LO QUE NOS QUIEREN CONTAR y no ver sólo lo que nos cuentan.

Si ya Burke denominó en el siglo XVIII a la prensa como el cuarto poder, el espectáculo se podría convertir en el siglo XXI en el quinto poder.  Porque ya falta poco para la campaña de las próximas elecciones generales del 20 de diciembre y seguro que los políticos siguen bailando o incluso aparecen en televisión en delantal elaborando  turrones y dulces navideños y ofreciendo recetas caseras a cambio de votos. 

viernes, 1 de mayo de 2015

Retórica, periodismo y política.

Conocer los principios básicos de la retórica aristotélica puede ayudarnos como lectores y como periodistas pues, es indiscutible, que el hecho de comunicar, informar utiliza directamente la retórica, tal y como la define Aristóteles: “la facultad de teorizar lo que es adecuado en cada caso para convencer” (Retórica Aristóteles)

Existe todavía la concepción del término retórica, como un método de manipulación en el discurso, o engaño en la comunicación, o a través de la propia argumentación tergiversada. También se denomina retórica al uso de metáforas y recursos lingüísticos que adornan el discurso, dando lugar a veces también, a una doble interpretación o confusión en el contenido principal.
Pero la retórica es, principalmente, el conjunto de mecanismos utilizados en el acto de comunicación que permiten transmitir el discurso de la mejor forma para que el oyente comprenda el contenido. La retórica aristotélica es, además, desde el punto de vista pragmático, un método de persuasión, para que el discurso llegue de la mejor manera al oyente o lector, entendiendo la comunicación como una interacción entre el emisor y el receptor.

Según Aristóteles, la retórica basa “sobre toda cosa dada (tema de discurso) aquello que en cada caso es más apto para la persuasión”. No obstante, la demostración en el discurso se hace por procedimientos lógicos, no pragmáticos: el ejemplo y el entimema (deducción mediante silogismo que parte siempre de al menos una premisa). Las premisas se basan en la certeza de las afirmaciones y en la verosimilitud de los contenidos desarrollados en la argumentación, para que no quepa ninguna duda en el receptor, pero debe tener éste un conocimiento previo de estas premisas.

La retórica, hoy en día, está presente en cualquier nivel de comunicación, en la micro comunicación de las relaciones personales, en la meso comunicación de las instituciones y en la macro comunicación de los medios.  En cualquiera de los actos de comunicación el discurso se organiza. En política, por ejemplo, es una herramienta básica, para el debate público.

Para Aristóteles, la clave para gobernar estriba en la deliberación entre ciudadanos. Pero no entre cualquier ciudadano, sino que distingue el interlocutor el varón, de solvencia económica, con padre y madre en la ciudad…excluye de esta manera a mujeres y esclavos en el debate  y supone un conocimiento previo de los interlocutores.  Trasladando esto a nuestros días, tenemos un claro ejemplo en los debates y tertulias radiofónicas y televisivas, en las que políticos, comunicadores y personajes de la cultura, tratan diariamente temas de actualidad política, social y cultural; casi nunca intervienen en esas tertulias o debates personas de la masa ciudadana, obreros, administrativos o simples ciudadanos de a pie. En este caso, no es tanto por desconocimiento, sino más por la representatividad de la opinión que muestran los intervinientes y, porque no decirlo, por su capacidad retórica para el discurso.  Esta capacidad retórica es un elemento básico en los medios de comunicación. Así, aunque un erudito en ciencias políticas conozca a la perfección el tema que se trate, antes se dará la palabra en esos debates a un periodista conocedor del tema y adiestrado en el arte de la retórica, que al experto.  Interviene en esta selección, además,  la cultura del espectáculo a la que están sometidos los medios, tal como Mario Vargas Llosa afirma en La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012). Muchas veces, la selección viene dada por el talante del que ya Aristóteles nos habla en su retórica: “se persuade por el talante, cuando el discurso es dicho de tal forma que hace al orador digno de crédito (…) es el talante personal quien constituye el más firme medio de persuasión”. Entraríamos ahora en otro aspecto que no es objeto de este artículo, pero que por interesante, no debemos pasar por alto: cuando la comunicación y la información se convierten en espectáculo, prevalece más la imagen y la forma que el contenido en sí mismo…

Aristóteles, que creía en la retórica como un ejercicio de comunicación política, sigue vigente después de más de dos mil años. Cualquier discurso de nuestros representantes políticos es un ejercicio de retórica, una argumentación persuasiva para convencer, para que parezca verdadero, sea cual sea el concepto que muestra.  No es una dialéctica que basa su argumentación en la lógica y busca la verdad.  Aunque para Aristóteles, la retórica es una antistrofa de la dialéctica, es decir, se da entre ambas, a la vez, identidad y oposición.  Coinciden ambas en “descubrir y sostener un argumento e, igualmente, en defenderse y acusar”. Ahora bien, la  tarea de la retórica, según Aristóteles, “no consiste en persuadir, sino en reconocer los medios de convicción más pertinentes para cada caso, tal como ocurre  en todas las otras artes”. De esta forma, identifica la dialéctica y la retórica como argumentaciones persuasivas, pero distingue la retórica como un arte, una disciplina que requiere facultades y conocimientos para poder aplicarla.  En ese aspecto, hay que reconocer el mérito de algunos de nuestros políticos actuales.

Aunque los ciudadanos deben esforzarse en cultivar su capacidad crítica para distinguir el arte de la retórica del contenido del mensaje. Con el tiempo, la retórica se preocupó también por la audiencia y surgió entonces la hermenéutica como una disciplina de interpretación del verdadero sentido de un texto.


En relación con el periodismo, la retórica está presente como un elemento nuclear. Lo cual no resta al acto de comunicación periodística, en ningún momento, de la objetividad y veracidad que deben prevalecer en la información. Si bien, los medios, y sobre todo los digitales, reclaman brevedad en el discurso, esto tampoco es un signo de ausencia de retórica, que está presente en todo acto comunicativo. El hecho de informar se nutre del empleo de la retórica para dar forma a esa información de manera que la elaboración del contenido llegue al lector u oyente  de la mejor manera objetiva, veraz y con estructura convincente.


Aristóteles afirma que  la retórica es útil porque por naturaleza la verdad y la justicia son más fuertes que sus contrarios. Y afirma también que es un arte, una disciplina teoríca-práctica que precisa de unas facultades y conocimientos previos. Para los periodistas es interesante cultivar este arte para comunicar con veracidad, pero también con cierta persuasión; para que el lector sea capaz de aprehender no sólo los hechos narrados, sino también el sentido profundo de la noticia o el hecho comunicado.

miércoles, 22 de abril de 2015

Juego conversacional

He estado dos tardes con Ryszard Kapuściński. Me ha contado algunos de los secretos del periodismo. Me ha hablado en silencio, a través de las palabras que recoge  el libro  Los cínicos no sirven para este oficio.
Yo, ahora, voy a responderle, cuestionarle y comentar sus afirmaciones. Sé que él no va a poder escucharme, pero es parte del juego literario.
La realidad corteja a  la fiction (de la que habla John Berger en  Los cínicos no sirven para este oficio) y convierte este texto en un juego del periodista que puede hablar con el maestro, Ryszard Kapuściński, de tú a tú, con el imaginario enriquecido después de haber leído sus entrevistas.
El libro es un manual o clase magistral sobre periodismo. Pero no una clase teórica o un manual de instrucciones dogmáticas. Kapuściński habla del periodismo desde las entrañas, desde su experiencia como profesional rendido a la ética y al deber de informar. Kapuściński es un periodista comprometido con la verdad, con la difusión de la injusticia social, con la oportunidad de dar voz a aquellos que no la tienen…También David Randall,  habla de esto en El periodista universal  y afirma que entre los objetivos  de un buen periodista  está el de “Confortar a los débiles y atacar a los poderosos, dando la oportunidad de expresarse en público a quienes normalmente no la tienen”
Los cínicos no sirven para este oficio se compone de tres entrevistas (o diálogos) entre Ryszard Kapuściński, los periodistas y escritores que le entrevistan (María Nadotti y Andrea Semplici y John Berger) y el público asistente a dos Congresos celebrados en Italia en los años 1994 y 1999. No tiene pues una estructura global y cada una de las tres entrevistas se centra en un ámbito (o tema) específico. El periodismo sería el leit motiv de todos ellos si se tratase de una obra de ficción.
Así pues, en la primera entrevista realizada por María Nadotti, se insiste en la cuestión de “periodismo vivido” o como cuestiona María “una actividad periodística marcada por una opción ética muy fuerte y por la necesidad del riesgo, de la experiencia directa y de la compenetración”.Responde Kapuściński que el trabajo del periodismo “ocupa toda nuestra vida”, y  que hay que estar totalmente dispuesto para convivir con la profesión las veinticuatro horas del día.

- Sr. Kapuściński, estoy totalmente de acuerdo con usted. Sé que no es ortodoxo utilizar la primera persona en un texto periodístico, pero es este un artículo de opinión, y me permito por ello hablar en primera persona. El periodismo no es una profesión, es una vocación. Implica, por lo tanto, un sacrificio voluntario de una parte de nosotros mismos, como usted dice, para entregarse de pleno a ella. Por otra parte, Sr. Kapuściński, también estoy totalmente de acuerdo en su afirmación de que hay que estar formándose continuamente. ¡Y más en los tiempos que corren, en que los avances tecnológicos nos obligan a estar alerta constantemente! Pero no sólo hay que seguir actualizando los conocimientos informáticos y los medios que se utilizan para manejar la información; creo que hay que enriquecerse de cultura, de arte, de filosofía, de historia… todo aquello que nos abre el conocimiento, nos ayuda a comprender mejor la realidad de la que debemos informar. Me repito constantemente: cuanto más sé, más me doy cuenta de lo que me queda por aprender, y más quiero saber. Creo firmemente que la inteligencia debe cultivarse mediante la reflexión y el pensamiento, pero para ello es primordial la lectura y el estudio constante, la curiosidad por saber. El mismo autor al que antes me he referido, David Randall, afirma que  a los buenos reporteros “la curiosidad compulsiva es lo que les hace grandes periodistas, les anima a descubrir constantemente nuevos conocimientos y experiencias de otros…quienes leen mucho y bueno tienden a absorber…el conocimiento y los horizontes mentales (el legado vital de esa lectura) se amplían constantemente”
Pero volviendo al tema de la actuación en el periodismo, afirma usted, Sr. Kapuściński, en el libro que nos ocupa,  que “para ejercer el periodismo hay que ser, ante todo, buen hombre o buena mujer”. Y añade que: “las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. Permítame advertir en usted cierta ingenuidad…en los tiempos que corren, ya no somos muchos los que creemos en la bondad de las personas. Y digo somos, porque me incluyo entre ellos, creo que para ser buen periodista hay que tener la ética y el humanismo (no como corriente filosófica sino como actitud vital integradora de los valores humanos, tal y como define el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua) por encima de cualquier actuación que se nos presente como profesionales. Aunque también hay buenos periodistas al mando de algunos periódicos que… ¿Quién decide si son o no buenas personas? ¿Dónde está el baremo, Sr. Kapuściński, que mide el límite de la bondad? Es ahí donde creo que es usted un poco ingenuo, como yo, al realizar tal afirmación. Lo bueno o lo malo suele ser subjetivo en función de la situación, del medio, de las características que rodean al momento, a la propia información. Ha de haber un mínimo de intencionalidad informativa donde el objetivo ha de ser ético, justo y humanitario, pero también es cierto que ese límite se mueve constantemente y la mayor parte de los periodistas están obligados por el medio en el que trabajan a realizar informaciones seccionadas…y no creo que por eso se puedan calificar como “malas personas”. Por otra parte, habla usted de cinismo. Cínico es, según la RAE, aquel que practica la "desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables". No puedeo imaginar un cínico ejerciendo el periodismo, en eso estamos de acuerdo. Aunque fue usted víctima de esta acusación, precisamente, cuando su compatriota Artur Domoslawski publicó su biografía... y sembró la sombra de la duda. 
Por otra parte, admiro la elección de vida que usted hizo, aunque quizás fueron las circunstancias, que como a todos nos llevan de aquí para allá…de introducirse, y nunca mejor dicho, en un modo de vida único y exclusivo para el periodismo. Vivir en los lugares y con los lugareños para interpretar su realidad… ¡eso es buen periodismo, eso es admirable, Sr. Kapuściński! Además, tratándose de lugares poco cómodos (por calificarlos de alguna manera), en el Tercer Mundo. El coraje para decidir estar al lado de los pobres, para dar voz a sus necesidades, para sembrar alguna esperanza donde no la hay…es el más grande de los periodismos posibles...el de las buenas personas. Dice usted que “esa gente no se rebelará nunca, así que necesitan que alguien hable por ellos”. Eso es generosidad y humanismo; tal como usted afirma “todos ellos son nuestros hermanos y hermanas pobres”. Hay muy pocos periodistas que tomen la decisión de ejercer ese tipo de periodismo pero hemos de reconocer que es necesario también el periodista que nos informa de cómo está la prima de riesgo o de la intervención del Banco Central Europeo en tal o cual país. Y éstos, también realizan una labor importante, menos sacrificada en cuanto al modo de vida cotidiano y comodidades diarias, pero es también periodismo.
Sr. Kapuściński, estaría hablando con usted horas y horas, me encantaría tener su réplica a lo que he comentado pero esto es sólo artículo a modo de juego literario. Quedan en el tintero cuestiones que he leído sobre usted y  me hubiese gustado comentar, como su experiencia en África o la Unión Soviética, la polémica creada por la publicación de su biografía, sus inicios como poeta; discutir conceptos como la independencia del periodista, la dicotomía entre historiador y periodista como relator de la historia, la subjetividad implícita por el conocimiento  adquirido, literatura y periodismo, la fitcion y la non fiction…pero como usted mismo dice “el periodista tiene que hacer una selección dramática…en una descripción breve y muy simplificada”.   
Y como usted afirma, señor Kapuściński,  “La vida y, por tanto, la realidad del mundo, están en el medio, no en los extremos”. 





lunes, 26 de enero de 2015

De portadas y titulares... Desgrecia

El periodista debe ser curioso, tener interés por saber que hay más allá de lo que a primera vista aparece, para indagar y profundizar. Kapuscinski añade también que el periodista debe moverse, viajar, conocer in situ los hechos para luego poder contarlos de primera mano. Estos dos axiomas son básicos en la profesión, pero no suficientes. Deben añadirse además la verificación y el contraste de las fuentes, que garantizan la veracidad de la información, así como una correcta interpretación de los hechos. El periodista conoce de primera mano, observa, contrasta, verifica y, antes de volcar la información, interpreta en base a sus conocimientos, su experiencia y, por qué no, su ideología. Algunos piensan que esto son pre-juicios que deben dejarse a un lado pero lo cierto es que en todas las publicaciones se entrevé una línea editorial que se acerca a una u otra tendencia, en base a la cual se interpretan los hechos.  

Hoy, 26 de enero de 2015, vemos en todas las cabeceras (digitales e impresas) españolas la noticia del resultado de las elecciones que ayer se celebraron en Grecia. Dejando a un lado las diferencias entre lo digital y lo impreso, que daría para otro debate, vemos que el tratamiento de los resultados de los comicios griegos es diferente según la línea editorial de los diarios. Así, mientras que para La Razón, supone una “Desgrecia” que es resultado de mensajes populistas  y que llevará al país poco  menos que a un desastre apocalíptico, para Eldiario.es  “Grecia se rebela” y es una “victoria histórica y apabullante” que demuestra que “es falso que no haya alternativas”. El País, titula: “Syriza gana las elecciones y promete acabar con la austeridad”, en su edición digital  pero en la edición en papel titula “anticipa un período de agitación en Europa”, y califica a Syriza de “izquierda radical”. ABC anticipa también un “periodo de incertidumbre en el conjunto de Europa” con “la victoria de los radicales Syriza”. Llama la atención, la confluencia entre El País y ABC, periódicos de línea editorial alejada, en la calificación y el avance. Para El Mundo “Grecia desafía a la Troika”. Y para el nuevo medio digital de Pedro J.Ramirez, El español,  “El triunfo de Syriza amenaza a la Europa de Merkel”.



 
Fotos_ http://kiosko.net/es/

Hay verdad en todas las informaciones, pero no es lo mismo decir “te quiero” que “te amo”,  o “déjame tranquilo” que “déjame en paz”. Todos amamos y seguimos a algún medio de comunicación porque se acerca más a nuestra ideología,  nuestra forma de pensar y  de decir las cosas. Pero debemos conocer también que dicen los otros, como lo cuentan y que aportan… para entender bien la situación y crear un criterio propio. 

jueves, 15 de enero de 2015

¡Enhorabuena Iñaki!

El periodista Iñaki Gabilondo ha sido reconocido con la Medalla de Oro de la Academia de la Radio, por su trayectoria profesional en la radio.

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Todos conocemos a Iñaki. Seguro que en alguna ocasión todos (los que tenemos más de cuarenta años) hemos sintonizado la SER para escucharle. En mi caso, era una asidua oyente  de su magazine matinal, Hoy por Hoy. El día que Iñaki anunció su retirada, sentí como si una parte importante de mi propia historia se fuese con él.
Iñaki ha sido la voz de acontecimientos trágicos en la reciente historia de España, desde gran parte de los atentados de ETA, entre los que recuerdo especialmente el de Francisco Tomás y Valiente en 1996, hasta la masacre del 11 M. Iñaki los narraba con estupor, pero con sensatez y veracidad, contrastando los datos y acudiendo a fuentes solventes. No hacia escarnio de la muerte, sino que mostraba el realismo de la tragedia, la inmediatez de los hechos, sin morbo y sin amarillismo. Iñaki es un firme defensor de la democracia y las libertades, y un maestro en la manera de hacerlo.

Pero Iñaki también fue la voz de otros hechos más amables, como por ejemplo los premios Goya del cine español, que todos los lunes después de la gala de entrega analizaba. Iñaki es el espejo de la cultura reciente, y ponía en su programa a disposición del oyente, las últimas publicaciones de libros, las exposiciones de pintura o los conciertos de música. Por su programa Hoy por hoy, pasaron escritores, pintores, actores, guionistas, cantantes de grupos musicales, directores de orquesta, sopranos, tenores, filósofos, profesores de universidad, médicos, químicos, investigadores, y todo tipo de personajes que tenían algo significativo en su currículum, un estreno, un descubrimiento, una actuación... 

Iñaki siempre tuvo presente al público que le escuchaba, y por su programa desfilaron también taxistas, amas de casa, conductores de camiones, barrenderos, dependientas o administrativos; personas a través de las cuales el periodista acercaba el lado humano, el problema, la alegría por un acontecimiento o simplemente la cotidianidad del día a día. 

Iñaki nunca faltó a la cortesía verbal, jamás olvidó una locución excelente y siempre tuvo presente la profesión periodística: transmitir con corrección la información. En radio hay que ser preciso, breve y conciso, pero también hay que repetir algunas locuciones para que el oyente distraído no pierda el dato. Iñaki fue un maestro. Además, la cadencia de su voz, el énfasis en el dato, el ritmo más pausado o acelerado según el tipo de información o tratamiento fueron siempre excelentes. 

Recuerdo especialmente sus entrevistas a políticos. Aznar nunca visitó su estudio, creo. Era incisivo pero respetuoso. Dicen que miraba siempre al entrevistado y nunca llevaba papeles. De este modo, Iñaki establecía una conversación con el entrevistado para conectar directamente y obtener una información fluida que llegase al oyente de la manera más cercana. Detrás de esa ausencia de papeles había muchas horas de preparación, de documentación. Iñaki comenzaba su programa temprano. Se levantaba todavía cuando el sol estaba dormido. 

Con este premio de la Academia de la Radio, se le reconoce todo eso y mucho más. Iñaki estuvo luego en la televisión, en informativos de la Cuatro. Para los que le admirábamos como periodista de radio fue un choque virtual. No era el medio donde mejor se movía a pesar de que había sido director de informativos en 1981 (fue el responsable de aparecer en los informativos de televisión el 23-F y las semanas siguientes) y otros programas en la década de los noventa (Iñaki los jueves Entrevista con) En su retorno a televisión en 2005, tras abandonar Hoy por Hoy,  Iñaki estuvo al principio (el  mismo lo confiesa)  algo incómodo y le costó adaptarse. Pero los informativos tenían un punto de análisis crítico que trajeron nuevos aires a la televisión encorsetada. En Canal+ realizó una serie de entrevistas a personajes como José Luis Sampedro, Jordi Évole o Javier Bardem, por ejemplo (algunas de ellas podemos encontrarlas en youtube) Así que hemos de reconocer que fue una buena elección.
Hoy Iñaki aparece en un videoblog (enlaces desde Cadena Ser y  El País) realizando interesantes análisis sobre temas de actualidad. No tienen desperdicio y en este mismo blog hay un hipervínculo directo a La Voz de Iñaki


Iñaki es ejemplo de periodismo radiofónico, un maestro de la comunicación oral y debería ser escuchado por  todos los estudiantes en las Universidades de Periodismo; esos jóvenes que anhelan dedicarse a la radio. El próximo 13 de febrero se le entregará el premio en Alcorcón- este premio es la máxima distinción que otorga la Academia de la Radio-, dentro de los actos de celebración del Día Mundial de la Radio. El lema de este año es La juventud y la radio. Animo a los jóvenes estudiantes de periodismo que busquen los podcast de programas de  Hoy por hoy en radiotecas. Que escuchen sus entrevistas, sus directos en días como el 11, 12 y 13 M, o cualquier día de cualquier año entre 1986 y 2005, en la cadena SER. Aprenderán más que con cualquier manual de radio y teorías (necesarias también) de ética periodística y locución.

Foto: http://ocio.lne.es/img_contenido/noticias/2014/01/260074/gabilondo.jpg

jueves, 8 de enero de 2015

Seguiremos publicando

El hecho de que varios periódicos de Europa saquen hoy un editorial conjunto no tiene precedentes. En España ocurrió en dos ocasiones durante la transición: la primera tras los atentados de Atocha el 29 de enero de 1977 (Por la unidad de todos) y la segunda tras la legalización del Partido Comunista y el malestar generalizado en las filas del ejército que ello provocó, el 6 de abril de 1977 (No frustrar la esperanza). Los editoriales conjuntos demuestran que  las diferentes opiniones son capaces de converger frente a la irracionalidad de hechos contra la libertad.  Hoy, los diarios Le Monde, The Guardian, Süddeutsche Zeitung, La Stampa, Gazeta Wyborcza y EL PAÍS  manifiestan bajo el título Seguiremos publicando, la defensa de la libertad de pensar e informar como valores que sustentan nuestra civilización occidental. 

Vivimos en un sistema democrático que no es perfecto pero que basa la convivencia en el respeto a la diversidad de ideas, la libertad para expresarlas y el derecho a publicarlas. Cualquier atentado contra esos principios, además de una barbarie si viene acompañada del crimen y asesinato de personas, supone un enfrentamiento abierto a todos nosotros. La respuesta en los hechos debe ser cauta y prudente, al mismo tiempo que enérgica en la aplicación de las leyes y los mecanismos legales para detener a los culpables, pero firme en la convicción de la defensa de las libertades, la democracia y el derecho de libre opinión

Los periodistas, dibujantes, visitantes y policías que fallecieron ayer en la revista Charlie Hebdo en París, somos todos nosotros y representan nuestro avance en la civilización desde que las pinturas rupestres adornaban las cuevas donde los primeros humanos comenzaron a expresar sus símbolos, representación plástica del desarrollo de la razón. 
Cueva El Castillo (Puente Viesgo, Cantabria). 
Foto: http://estaticos.elmundo.es/elmundo/imagenes/2012/06/13/ciencia/1339521293_0.jpg


El razonamiento ha avanzado desde entonces: el Renacimiento , la Ilustración, y el siglo XIX trajeron nuevos pensamientos, y perfeccionaron nuestro modo de vivir, desarrollando la capacidad humana para crecer. Y en ese crecimiento llegaron las democracias, las libertades para pensar, opinar y mostrar la opinión. La revista Charlie Hebdo se caracterizaba por sacarle punta a los pensamientos, a los fanatismos, a lo que nos asusta a todos cuando  vemos la amenaza que supone la intolerancia y la sinrazón. Que el miedo no nos agazape y seamos todos capaces de seguir firmes en la defensa de las libertades: de pensamiento,  de prensa, y de publicación. Así que suscribo el editorial que hoy publican. También en este blog, seguiremos publicando.



sábado, 3 de enero de 2015

Medios de comunicación y masas (Lazarsfeld y Merton II)

RETOMANDO EL TEMA TRATADO ANTERIORMENTE, Lazarsfeld y Merton, afirman que “los medios de comunicación sirven para reafirmar normas sociales denunciando a la vista del público las desviaciones respecto de dichas normas pero también opinan que habría que estudiar si el interés de fondo es para aumentar el “prestigio y poder” del propio medio, o para favorecer al gobierno, o para debilitar a la oposición…es decir, no como función social  normativa.

La tercera función la denominan disfunción narcotizante pues parten de la base de que a ninguna sociedad le interesaría tener  “grandes masas de población políticamente apáticas e inherentes”. Para ello, los autores creen que el ciudadano medio recibe tanta información y  profundiza tan poco en ella que le permite tener una visión global de lo que ocurre en el mundo, pero del mismo modo de una manera superficial.
Lipovetsky y Serroypiensan que vivimos en una red que a través de internet “transforma al individuo hipermoderno en Homo pantalicus”. El individuo accede a la información de manera hiperindividualista, a través de la pantalla, en cualquier momento y en cualquier lugar. Esa pantalla global se adapta a las necesidades de cada uno acrecentando la bipolaridad entre red global e individualismo. Afirman que no por ello el individuo está más aislado, sino por el contrario, está interconectado. Una red que permite grabar y colgar en internet videos íntimos o creaciones artísticas, o informaciones varias. Esto provoca que, además, exista una cantidad de información no contrastada y de veracidad dudosa que, lamentablemente, muchas veces se toma por certera. Y, como  afirma Castells, surge la paradoja social que vivimos, “nuestras sociedades se estructuran cada vez más en torno a una oposición bipolar entre la red y el yo”Ese bombardeo de información, según Lazarsfeld y Merton, impide la capacidad crítica del individuo. Por ello, en esa preocupación por la influencia de los medios en las masas, se destaca el descenso de la “facultad crítica” y la caída libre hacia un “irreflexivo inconformismo”.
Foto: http://www.conocimiento.gob.ec/ecuador-inauguro-television-digital-terrestre/

Además existe una línea vaga e indefinida entre REALIDAD Y FICCIÓNA ello contribuye no sólo los programas que confunden la vida real con la ficción que se muestra en televisión y que ofrecen vidas reales a través de la pantalla como si de una obra guionizada se tratase, y posicionando al espectador como un “voyeur” tras el ojo del Gran Hermano que todo lo ve, sino también la frecuencia con que el espectador se ha acostumbrado a ver en la pantalla acontecimientos reales, llegando a quedar inmunizado contra el dolor para visionar una y otra vez horrorosas imágenes de guerras, hambrunas o injusticias sociales.  Citando de nuevo al sociólogo M. Castells, con el que estoy totalmente de acuerdo: “las imágenes atroces de la guerra pueden ser absorbidas como parte de las películas de acción”, es decir, realidad y ficción funden y nivelan los contenidos dentro del marco de imágenes de cada persona. Esta sería también parte de esa función narcotizante de la que hablan Lazarsfeld Merton donde el espectador ve en televisión imágenes de bombardeos, de cadáveres, de éxodos masivos, de niños hambrientos… y no tiene la energía de “participación activa”, sino que se limita a un “saber pasivo”: todos sabemos lo que ocurre, pero pocos actúan en consecuencia para contribuir a que eso deje de ocurrir.

Otra cuestión importante a comentar es LA PRESIÓN SOBRE LOS MEDIOS. Es tan importante aquello que se dice como lo que no se dice. Enlazándolo con esa función narcotizante, pero estrechamente ligada  a la estructura empresarial, existen intereses para no publicar determinadas informaciones, tal como Lazasferld y Merton afirman: “los medios masivos de comunicación renuncian invariablemente a los objetivos sociales cuando chocan con los beneficios económicos”. Este silencio, disminuye la capacidad crítica del ciudadano y aumenta ese conformismo, unas veces consciente y otras veces inconsciente, de las masas.  Unas masas que, según los autores, tienen cada vez más fácil acceso a las artes y a la cultura, pero que no cultivan sus gustos estéticos, tal y como en épocas anteriores lo hacían los pocos privilegiados que tenían acceso. Es otra preocupación por la función social de los medios de comunicación que, según  Lazarsfeld y Merton, gira en torno a la influencia de éstos en los gustos estéticos que, se habrían vulgarizado como consecuencia de la mayor accesibilidad para más público.
En este sentido, difiero de los autores en varios aspectos. En primer lugar, no creo que la cultura esté al acceso de las masas sociales, sino que todavía forma parte de una “élite”, en este caso no aristocrática, sino bien posicionada económicamente. En una sociedad de consumo, donde todo cuesta dinero, también el arte se ha convertido en un objeto de transacciones económicas que se compra y se vende. Por ejemplo, ir al cine en España cuesta 7 euros de media la entrada. ¿Qué trabajador puede permitirse, por ejemplo, ir al cine un par de veces por semana, e incluso una? Y no digamos del teatro, que cuesta una media de 25 euros. Si además, quiere escuchar música en su casa, cada CD cuesta una media de 15 euros. Un concierto de música clásica no baja de los 60 euros y un abono de temporada supera los 350 euros. Los libros, el gran pilar de la cultura, cuestan una media de 15 euros si son edición bolsillo, y a partir de 25 si son de tapa dura. Para visitar los museos hay que pagar… Algunos contrarrestarán esta opinión personal alegando que existen las bibliotecas públicas, la radio que emite música… pero el gran inconveniente que además aleja  de la cultura a la clase trabajadora, además del imperativo económico, es el tiempo. Un obrero que trabaja ocho horas diarias y emplea otra hora en su desplazamiento, y no tiene servicio doméstico, por lo que debe además, comprar, limpiar y cocinar… y trabaja algunos fines de semana también…¿tiene mucho tiempo para acceder a la cultura?. Pero los intelectuales, la élite social cultural, que leen, escriben, piensan y disfrutan del arte,  todas las horas que gusten, los que pueden cultivar ese gusto estético del que hablan Lazarsfeld y Merton, son todavía hoy, en el siglo XXI, personas de clase alta (o media alta) con solidez económica y que no están sujetos a horarios rígidos y extenuantes de trabajo…Por tanto, no existe tanto una brecha entre instrucción y comprensión, sino una brecha cultural, social, económica sobre todo, que separa cada vez más la clase obrera, las clases bajas, de la élite acomodada económicamente, las clases altas. Mientras tanto,  la clase media surgida del estado de bienestar lucha por sobrevivir, quizás en un aletargamiento cultural impuesto por una economía globalizante de la sociedad de consumo. Por lo tanto, no es sólo una cuestión de refinamiento, o de que los medios hagan una vasta difusión popular de las artes y por eso se haya denostado el gusto estético, tal como afirman Lazarsfeld y Merton sino que hay una verdadera dificultad de acceso al arte y al refinamiento por parte de esa clase media-baja. Aunque también es cierto, que los grandes medios de comunicación, como la televisión, que está en todos los hogares, no contribuyen a  la difusión de las artes. En la  programación de las cadenas generalistas españolas rara vez se emite un concierto de música clásica, o un reportaje sobre pintura o escultura; no existen tampoco debates ni programas dedicados a la literatura; no se programan tampoco obras de teatro…que aunque no sea en directo, siempre sería mejor que cualquier reality show. En fin, se puede concluir que la televisión, como rey medio de comunicación de masas, no contribuye al gusto estético por las artes; más bien, diría yo, contribuye a cultivar el “mal gusto” y la idiotez generalizada.

Lazasferld y Merton distinguen tres condiciones para que la propaganda de un objetivo social resulte eficaz. La primera es la MONOPOLIZACIÓN que existe en la actualidad debido a la globalización de los medios. Este aspecto es más visible en países donde el sistema de gobierno es restrictivo o con falsas democracias, como China o Cuba, donde la información ofrecida es sesgada y filtrada por el gobierno. Pero, si examinamos nuestra prensa también podríamos afirmar que, con disimulo y alevosía, la información que se ofrece a las masas es la que “interesa” al poder dominante… pongamos por ejemplo las “marchas para la dignidad” que desde varios puntos de España se llevaron a cabo en el mes de febrero y marzo de 2014. Hasta que no confluyeron en Madrid, el día 22 de marzo, tan apenas habían  aparecido en prensa. E incluso ese día, en algunos medios, no aparecieron en portada…donde se daba cobertura a la “inminente muerte” de Adolfo Suarez: crónica de una muerte anunciada, que no es la novela de Gabriel García Márquez, sino la noticia de un hecho que todavía no había ocurrido…pero conseguía distraer la atención de las masas.

La segunda condición es la CANALIZACIÓN en la que los medios de comunicación cumplen una función canalizadora de costumbres, pero no  las cambian. Desde 1977 en que se escribió el texto hasta nuestros días, esto ha evolucionado. Creo que es tal la influencia de la televisión y la “pantalla global” de la que hablan Lipovetsky y Serroy, que en el siglo XXI, la publicidad es además de canalizadora, modificadora de actitudes básicas. El uso del teléfono móvil es un claro ejemplo de cómo en tan sólo quince años se ha convertido en un objeto necesario e indispensable. Esto es un cambio de actitud. 

La COMPLEMENTACIÓN es la tercera condiciónLos medios de comunicación masivos alcanzan mayor éxito de propaganda si existe un contacto directo organizado. Por ejemplo, un político que proyecte su discurso sobre una masa generalista no obtendrá el mismo resultado que si lo proyecta sobre un público afín a su ideología o que se encuentre en un momento de duda intermedia.

La conclusión de Lazarsfeld y Merton de que “la función social de los medios masivos se limita en gran medida a preocupaciones sociales periféricas y, por ende, no exhiben el grado de podría social que se les atribuye habitualmente”, creo que no puede ser aceptada en todos sus términos, tal y como he argumentado, pasados ya cuarenta años desde que se escribió el texto. En este tiempo, no sólo ha entrado un nuevo siglo en la historia, sino que los medios de comunicación se han estructurado en grandes lobbies de poder empresarial, afianzando su posición en una sociedad de consumo donde el principal interés es el beneficio económico. Como consecuencia, la influencia en las masas es directa, pues lo que se pretende es una influencia consumista.
Estamos inmersos en un mundo en el que la comunicación audiovisual ha invadido todos los ámbitos.  Una sociedad globalizada en la que historiadores asignan a  medios técnicos, como la fotografía o el cine, una importancia que marca el desarrollo de las comunicaciones acompasando la historia de la civilización a un único reloj (Fuentes, Juan Francisco; La Parra López,Emilio, 2001).  Todos a un tiempo sincronizamos la información que obtenemos a través de las imágenes.

Hay pantallas publicitarias por la calle, pantallas de todo tipo en los hogares (ordenadores, televisores, etc.),  pantallas en los trenes y autobuses, pantallas en los aeropuertos y estaciones, e incluso pantallas que llevamos encima los ciudadanos (teléfono móvil, tabletas), pantallas en los bares donde la música es imagen… pantalla global. Una pantalla que también nos vigila para obtener una seguridad ciudadana como si de un ejercicio casi orwelliano se tratase. Una pantalla que es cada vez más grande para llegar a ser Omnimax, superior al campo visual del ojo humano. Cualquier ser humano que viva en el primer mundo ve, utiliza y convive todos los días con multitud de pantallas que proyectan formatos audiovisuales. Existe además una paradoja entre una sociedad globalizada, interconectada y un individualismo narcisista que persigue una continua búsqueda de su identidad y cierto hedonismo en medio de la sociedad. La imagen proyectada en todos los formatos y pantallas es parte de esa búsqueda y es, al mismo tiempo, una paradoja global e individual.


Foto: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgRSduKZ_RbJnsEw4AJPmnMC-9YFAQFgeYxqxdGCNkBHbKn1LWopkjwIVT7LhguTyRfkW6_BMCUmnsv2P8epXGcsQF2ii8d9P7Rdpvq-ghtqyVofxbH6rnFmSMpluf2s_dCrXSmp2Lq6ZTz/s1600/ojo.jpg


No obstante, en cuanto a la información, existe esa disfunción narcotizante y esa carencia de espíritu crítico, no de la masa, sino del individuo. Un individuo que vive en una sociedad red, globalizada, cada vez más pendiente de la imagen y de una pantalla global. Una pantalla que nos traslada al imaginario de 1984 (Orwell, G. 1959), donde le individuo no es más que una marioneta del gran hermano. Aunque ahora, como consecuencia de los medios de comunicación y su influencia en la sociedad, si alguien habla de Gran Hermano en España, piensa en un programa de televisión… Por lo tanto ¿Qué función tiene el medio en la sociedad? ¿Es realmente un medio de equilibrio  para mantener el sistema? El sistema capitalista, la sociedad de consumo, las masas deben comprar, tirar, comprar… y pensar poco. Aunque parezca demagogia simple, por la observación de los medios y las consecuencias directas en las masas, eso es lo que se aprecia. Lamentablemente. La labor de los periodistas debe ser informar, con veracidad, independencia y criterio objetivo, sin ataduras empresariales… y eso es también una quimera, porqué ¿dónde está ese medio independiente, cuyo objetivo sea trasladar al individuo (no a la masa) una información inteligente y veraz, no comprometida con ninguna causa más que con el compromiso de informar? Seguiremos buscando.


jueves, 1 de enero de 2015

Lazarsfeld y Merton: Comunicación de masas, gusto popular y acción social organizada.

EXISTE UNA PREOCUPACIÓN SOCIAL por los medios de comunicación de masas que afirma que los medios tienen poder e influyen directamente en la sociedad y en el devenir de los acontecimientos. Parece que la información, o mejor aún, disponer de ella y dosificarla, proporciona poder. Y así es, pero tal y como afirman Paul F. Lazarsfeld y Robert K. Merton,  en Comunicación de masas, gusto popular y acción social organizada (C. E. Latina, Ed.) “indagar los efectos de los medios masivos de comunicación en la sociedad es abordar un problema mal definido” (Paul F. Lazarsfeld y Robert K. Merton, 1977). Es decir, ellos difieren de la afirmación categórica y  distinguen tres facetas del problema: hay que conocer los efectos de la existencia de los medios; hay que examinar la estructura de la propiedad de los medios; y hay que conocer los efectos de los “contenidos particulares diseminados a través de los medios masivos de comunicación”  para desmitificar esa preocupación social hacia los medios de comunicación, y desmenuzar cada una de las cuestiones de su función social.
Paul Lazarsfeld. 
Foto:http://teoriesdelacomunicacio.wikispaces.com/Paul+Felix+Lazarsfeld

En referencia a la función social de los medios, los autores opinan que ha sido sobrestimada. Para ellos, el hecho de que el público dedique mucho tiempo al consumo de contenidos ofrecidos por los medios de comunicación, no es garantía de que exista un efecto sobre el espectador, lector u oyente. Es decir, los estudios cuantitativos que hablan de audiencias en radio o televisión, o de tiradas en números impresos en prensa, no son garantía de que los receptores hayan prestado atención al mensaje: uno puede tener la televisión encendida todo el día y ello no es garantía de que haya causado un efecto directo en él, de que haya aprehendido el mensaje emitido. Por ello, ponen en duda los datos cuantitativos que se barajan (en la fecha que está escrito el artículo, 1977) sobre el consumo de medios y el impacto en la actitud en un efecto cualitativo en la sociedad.  En este sentido, y a pesar de que los autores reconocen el impacto de la propaganda que divulgan los medios, creo interesante hacer una reflexión: el impacto de las imágenes en los consumidores es realno siempre de forma consciente, y estas consiguen influir en los comportamientos y creencias del público objetivo. Por ejemplo,  al ser víctima del bombardeo de imágenes prenavideñas, ¿no sentís el impulso de comprar un regalo o incluso la “necesidad” emocional de recibir algún detalle? Esa gran cantidad de imágenes, que confluyen en todos los medios, causa un impacto directo en el subconsciente del ciudadano E influye, directa o indirectamente, en el dogma instituido de que es imperativamente necesario recibir o regalar un presente a los seres queridos. Sin embargo, alguien que viva fuera de esa “pantalla global” , por ejemplo en la selva ecuatoriana o en el desierto del Sahara ,y no tenga acceso a esas imágenes, no sentirá ese impulso, ni tendrá esa creencia arraigada ya en la sociedad de consumo,  muchas veces irracional. Por lo tanto, existe una  influencia en el individuo el siglo XXI que vive en la sociedad globalizada de consumo.
Robert Merton.
Foto: http://teoriesdelacomunicacio.wikispaces.com/Paul+Felix+Lazarsfeld

El término ya mencionado "pantalla global" da título a la obra de Gilles Lipovetsky Jean Serroy, donde se relacionan los conceptos de globalización y difusión de imágenes en las distintas pantallas que invaden nuestra sociedad (cine, televisión, ordenadores, teléfonos móviles). Es interesante destacar que en una sociedad red  donde se confunden las identidades, Lipovetsky y Serroy sostienen que el mundo se convierte en una sociedad homogénea donde las diferencias étnicas se convierten en minorías. No obstante, paradójica y paralelamente, impera en la sociedad actual un neo individualismo que según ambos autores alimenta el narcisismo hedonista así como la cultura psicologista e individualista que surge fruto de esa globalización red: “preocupación por uno mismo y exigencia de autenticidad y comunicación intimista” (Lipovetsky y Serroy, 2009). Y ello supone una búsqueda social.  Manuel Castells, coincide con ellos en esta concepción: “Un mundo de flujos globales de riqueza, poder e imágenes, donde la búsqueda de identidad, colectiva o individual, atribuida o construida, se convierte en la fuente fundamental de significado social” 
El concepto que Lipovetsky y Serroy describen como hiperindividualismo, el autor J. Luis Sánchez Noriega lo define como individualismo neonarcisista y opina que la televisión establece un “juego de espejos en que ensimismarse con imágenes que devuelven nuestra realidad” .Un público que mira la pantalla, la cual reclama su atención para mostrar al público que mira a la cámara porque se sabe observado por el público . 
Castells, en su libro La sociedad red, realiza un estudio de la influencia de la televisión en nuestra sociedad red, donde la televisión es una presencia más en casa, la audiencia es interactiva, y existe una normalización de los mensajes: “los medios de comunicación tienden a funcionar sobre la experiencia y la conducta, como la experiencia real obra sobre los sueños, proporcionando la materia prima con la que funciona nuestro cerebro” . 
  • Red, según Castells, es un conjunto de nodos interconectados. Un nodo es el punto en que una curva intersecta sobre sí misma (…) Lo que un nodo es concretamente depende del tipo de redes al que nos refiramos(…)Son los canales de televisión, los estudios de filmación, los entornos de diseño informático, los periodistas de los informativos y los aparatos móviles que generan, transmiten y reciben señales en la red global de los nuevos medios que constituyen la base de expresión cultural y la opinión pública en la era de la información(…) las redes son estructuras abiertas, capaces de expandirse sin límites, integrando nuevos nodos mientras puedan comunicarse entre sí(…). Una estructura social que se base en las redes es un sistema muy dinámico y abierto, susceptible de innovarse sin amenazar su equilibrio.

También Lipovetsky y Serroy  están en esa línea de opinión.  Estos estudios, posteriores a los de Lazarsfeld y Merton, actualizan los conceptos más acorde con los tiempos actuales, sobre todo en la cuestión de influencia de los medios y  destacan también esa “función conferidora de status”: los medios masivos “otorgan prestigio y realzan la autoridad de individuos y grupos legitimando su status”  

Al igual que los hechos se convierten en “realidades” cuando aparecen en las noticias, las personas y las instituciones cobran importancia en la medida en que aparecen o no en los medios. Esta función social, es la primera de las tres que distinguen Lazarsfeld y Merton. La segunda sería la imposición de normas sociales, es decir, el uso de los medios como mecanismo de denuncia pública, para distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. En otras palabras,   los medios ejercen un sistema de control sobre conductas no deseables en los personajes públicos. Este aspecto es, en mi opinión, una cuestión positiva. De hecho, una de las funciones de la prensa en los sistemas democráticos, es velar por la transparencia y los valores democráticos que deben regir a las personas que están en las instituciones.

No obstante, también se ha dado el caso de uso de  los medios como “arma” política para derribar al oponente. Aquí recordamos el caso GAL, donde  el periódico El Mundo comenzó a destapar una trama ilegal y poco ética que partía presuntamente del gobierno de España para la lucha contra el terrorismo de ETA. Más adelante, este diario atacó también al Partido Popular destapando la trama Bárcenas. Esto ha llevado a la afirmación, por parte del periódico, de que su único objetivo ha sido siempre  la transparencia  y que no ha habido intereses políticos, sino sólo informativos. Si bien es cierto  que sus reportajes de investigación han descubierto asuntos que influyen directamente en la gobernabilidad del estado español, otros le han calificado de oportunismo para aumentar las ventas. 

Habría que detenerse también, en este caso concreto en LA ESTRUCTURA EMPRESARIAL del periódico que , tal y como los autores Lazarsfeld y Merton afirman, es una de las características más relevantes a la hora de considerar la línea de los medios de comunicación de masas. En este sentido, en EEEU y España, según ellos, es el anunciante el que mantiene al medio de comunicación. Existe, por tanto, un interés empresarial claro, pero también un interés oculto (el del anunciante), que proporciona medios económicos para el sustento del medio de comunicación. Por cerrar el ejemplo anterior del diario El Mundo, su director y fundador, Pedro J. Ramírez, fue destituido de su cargo y, podríamos afirmar, que el motivo surgió a raíz de la información publicada sobre el caso Bárcenas, cuando las instituciones (ahora representadas por el Partido Popular) retiraron toda la publicidad del diario, disminuyendo así considerablemente los ingresos.
Continuará...