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lunes, 1 de junio de 2020

Calendario. Tiempo, números y vida.


Calendario en mi cocina, con números muy grandes y el santo del día.

Comienza el mes de junio. En lunes, así que también comienza una nueva semana. Atrás queda mayo. Y abril, y marzo. Contar los días. Las semanas. Los meses. Setenta y nueve días llevamos hoy en estado de alarma. Poco más de tres meses desde que comenzaron a conocerse los primeros casos de coronavirus en España. Cuatro semanas desde que pasé por el quirófano en pleno confinamiento. Siete meses y medio desde que pasé por el quirófano antes de la pandemia. Contar los días que faltan para volver a revisión médica. A una y a otra. El calendario se ha convertido en una sucesión de recordatorios de visitas médicas, renovación o cambios de tratamientos, confirmación del parte de baja… También para contar los 68 días hasta que pisé la calle. O los diez días oscuros y boca abajo. O por el contrario para contar los paseos, luminosos y coloridos, que ya son ocho. Vida de nuevo.

Los calendarios sirven para recordarnos en que día vivimos. Tenía una tía que lo miraba todas las mañanas para  saber cuál es el santo del día. Ahora ya hay pocos calendarios con el santo, a casi nadie le importa. Yo conozco las fechas de los santos de mi familia, aunque no lo celebramos. Calendarios y santos siempre han estado presente en mi vida, de una manera u otra. Por tradición y por costumbre los segundos. Por devoción a la vida los primeros.

Quiero asociar el calendario de hoy a la vida. Como si de un nuevo inicio se tratase. No solo del mes o de la semana. Quiero dejar de contar los días de confinamiento, de estado de alarma, de reposo absoluto, de rehabilitaciones, de días oscuros y con el mundo al revés. Y además, como si de una atracción positiva se tratase, conozco a estas horas de la tarde un dato esperanzador. Hoy es el primer día en que los datos no muestran ningún fallecido en nuestro país con/por la COVID-19. Después de tres meses de cifras necrológicas que arrojaban decenas, cientos y miles de muertos hoy lunes 1 de junio, primer día de la semana y primer día del mes, no hay ninguna persona en ese registro fúnebre.

Los actuales calendarios julianos (se llaman así porque fue Julio Cesar quien lo estableció), que representan un giro de la tierra completo alrededor del sol (365 días) se componen de números. Y algunos todavía incluyen los santos. Los números sirven para contar, para descontar, para acumular, para restar. El número 0 no existe en el calendario porque representa la nada y ningún día no puede no existir. Pero hoy, el número 0 está presente en nuestro calendario porque abre la hoja de la esperanza, de que vamos a salir de ésta. Y como mi tía, miro hoy en el calendario  que cuelga en mi cocina para ver que santo es. Vaya, no hay ningún santo hoy. Es lunes de Pentecostés. Busco el significado en Google pues mi catecismo está ya muy olvidado. Para los cristianos conmemora, cincuenta días después de la Pascua, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Sin Fe, resulta difícil de creer y de entender. Los que tienen Fe, tienen esperanza, dicen. Mi fe consiste en tener esperanza para quizás algún día poder creer.

Pero más allá del Pentecostés, del calendario, de los números, de contar y descontar hoy es especial por el cero. Ese número que hoy lunes 1 de junio no significa la nada, sino la vida. Y por eso he aumentado los caracteres del ordenador y me he puesto a escribir este pensamiento. Un recuerdo para todos los fallecidos (las cifras superan los 27.700 en España y los 300.000 en todo el mundo) que se han ido en soledad y silencio. Un hálito de esperanza porqué a partir de ahora todo va a ir mejor, seguro. Junio no comienza con el 1. Comienza con el 0. Y no sé si es el Espíritu Santo o la propia vida, pero de esta salimos seguro. Y un grito de alegría personal por la vida y por el tiempo, por los calendarios y por seguir contando los días que vendrán.

“Hay un hombre que mira el tiempo
mientras otro la eternidad.
Uno la vida, otro la muerte,
uno la guerra, otro la paz.
Miramos, sentimos y somos
algo que en nosotros no está:
El soplo mágico y ajeno
que los otros seres nos dan.
Cuando uno muere falta el otro
su hermosura y oscura mitad”.

Fragmento de La pérdida, poema de José Hierro (Alegría,

miércoles, 13 de enero de 2010

Teoría (sabia)

Un instante vacío
de acción puede poblarse solamente
de nostalgia o de vino.
Hay quien lo llena de palabras vivas,
de poesía (acción
de espectros, vino con remordimiento).

Cuando la vida se detiene,
se escribe lo pasado o lo imposible
para que los demás vivan aquello
que ya vivión (o que no vivió) el poeta.
Él no puede dar vino,
nostalgia a los demás: sólo palabras.
Si les pudiese dar acción...

La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar.
Hace vibrar árboles, ropas,
abrasa espigas, hojas secas,
acuna en su oleaje los objetos
que duermen en la playa.
La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar:
da apariencia de vida
a lo inmóvil, a lo paralizado.
Y el leño que arde,
las conchas que las olas traen o llevan,
el papel que arrebata el viento,
destellan una vida momentánea
entre dos inmovilidades.

Pero los que están vivos,
los henchidos de acción,
los palpitantes de nostalgia o vino,
ésos...felices, bienaventurados,
porqué no necesitan las palabras,
como el caballo corre, aunque no sople el viento,
y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar,
y el el hombre llora, y canta,
proyecta y edifica, aun sin el fuego.
Teoría y alucinación de Dublín.
José Hierro (Del libro de las alucinaciones)

lunes, 12 de mayo de 2008

Razón

"Tal vez porque cantamos embriagados la vida
crees que fue con nosotros lo que tú llamas buena.
Puedes aproximarte, puedes tocar la herida
de amargura y de sangre hasta los bordes llena.

Ganamos la alegría bajo un cielo sombrío,
mientras el desaliento nos prendía en sus redes.
Hemos tenido sueño, hemos tenido frío,
hemos estado solos entre cuatro paredes.

Vivimos...Llena el alma la hermosura más plena.
En paises de nieblas también nacen las flores.
Después de la amargura y después de la pena
es cuando da la vida sus más bellos colores"

José Hierro. Alegría