miércoles, 11 de noviembre de 2015

Manuel Arcón. Moldeando la vida

Se expone en el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza una retrospectiva de la obra de Manuel Arcón (Barasona (Huesca), 1928). Una escultura de inclinación humanista, con predilección por los aspectos esenciales del volumen, según la define Rafael Ordóñez Fernández. Se distribuyen en tres salas más de cuarenta piezas tanto figurativas como otras de tendencia constructivista, así como maquetas y representaciones de obras de carácter público y monumental. 



Hace dos años realicé una entrevista a Manuel Arcón con motivo de un trabajo académico. Aunque es un hombre de pocas palabras que se expresa mejor a través de sus obras, hablamos durante unas horas de lo terreno y lo divino, de sus obras y su trayectoria creativa, de su vida, en definitiva, con la sencillez que le caracteriza. Tengo un grato recuerdo de aquel día. Cuando llegué, Manuel me trataba de usted, con esa exquisita educación muestra de respeto del siglo pasado. Al finalizar la entrevista me regaló un catálogo de una de sus exposiciones con una dedicatoria que comenzaba: "A mi amiga....". A continuación publicaré parte de esa entrevista reeditada en la que se nombran muchas de las obras que forman parte de la exposición. Esta es la manera de reconocer públicamente mi agradecimiento por su generosidad y por su arte. No sin antes recomendar a los zaragozanos o aquellos que visiten la ciudad hasta el 24 de enero, que disfruten de la exposición “Las formas de la vida”. La entrada es gratuita.


Manuel Arcón nació en Barasona/Graus hace 87 años. Es uno de los escultores más prolíficos de Aragón. Sus manos han esculpido obras en madera, piedra, mármol y bronce. Imágenes figurativas, sensuales, elegantes y otras abstractas, ingeniosas y sugerentes que en diversas localidades, son testigo de su sensibilidad y destreza.  Pero él, con virtuosa sencillez, advierte al abrirme la puerta: “si yo no soy nadie importante”. Al entrar en el pequeño piso donde reside desde hace más de cincuenta años el aire pesa más que afuera. Vive sólo pues es viudo desde hace seis años. El techo de su salita está empapelado con hojas de revistas en las que aparecen obras de Picasso y otros artistas. Predomina el cubismo. Se sienta en un viejo sofá y se tapa con el faldón de una mesa camilla que tiene un brasero eléctrico encendido. Me invita también a taparme.

P: Dicen que los artistas tienen un genio “especial” o extraño, pero yo le veo muy normal…
R: Yo que sé. A lo mejor ni soy artista…
P: ¿No se considera usted un artista?
R: Yo me considero una persona normal, sin excentricidades.

Le pregunto sobre el lugar de su nacimiento, Barasona, de sí su familia era de allí. Explica que su padre era perito industrial y estaba trabajando en el pantano. En los años duros de la posguerra era difícil sobrevivir y más aún sería dedicarse al arte. Pero a Manuel le gustaba mucho dibujar y sus padres tuvieron que aceptar su ingreso en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza: “No veían con buenos ojos que me dedicara a esto pero yo era muy tozudo”.

P: Y ¿cómo surgió en usted la vocación artística por la escultura?
R: Estando en la Escuela de Artes me enteré de que uno de los profesores, el escultor Félix Burriel, necesitaba un ayudante. Se lo propuse y me dijo que sí. Estuve con él, en su taller, cinco años. También estuve luego un año en Barcelona, con Enric Monjó.

Pero en su afable sencillez, Manuel no explica que en 1950 obtuvo una mención honorífica en el VIII Salón de artistas aragoneses que organizaba el Ayuntamiento de Zaragoza  y que luego ganó por oposición una beca de escultura convocada también por el Ayuntamiento, de un año de duración, que le permitía solucionar la precariedad económica del momento. Confiesa también que después de un tiempo en Barcelona, cuando volvió a Zaragoza,  ésta le resultaba casi desconocida. 
-      Es que cambio mucho la ciudad-  le digo.
-      No, no es que cambiase… a lo mejor el que había cambiado era yo - Y sonríe.   

P: ¿Recuerda usted su primer sueldo o la primera vez que le remuneraron por una de sus obras?
R: (Se ríe) Yo nunca he buscado ganar dinero. Siempre he pretendido, lo digo con sinceridad, aprender, solamente.  Cuando me trasladé a Barcelona, no fue por ganar  dinero. Monjó era un escultor muy prolífico, trabajaba mucho y nunca le pedí jornal… me conformaba con lo que él me quiso dar.
P:   Pero  luego usted tuvo su propio taller…
R: Sí, en la calle Monzón. Ahora ya no lo tengo. 

Manuel cerró su taller en el año 2014, después de más de 50 años. Y aunque le sugiero que un artista no se jubila nunca, contesta, apenado, que ya no tiene fuerzas. Pero muestra orgulloso una gran llave de hierro enmarcada, que le dieron los vecinos  cuando dejó el taller, con la inscripción “Asociación Torrero-Delicias. A Manuel Arcón Pérez. Llave de la república. 2014”.  Otras placas y reconocimientos llenan también el salón. Las va mostrando tímidamente. 

Los ciudadanos somos bastante desagradecidos con las esculturas urbanas. Pasamos por delante de ellas cientos de veces, las vemos, las observamos, incluso las admiramos… y qué pocas veces sabemos o nos preguntamos quién es el autor. En bronce, mármol o piedra, varias de las esculturas que animan la ciudad de Zaragoza y otros puntos de Aragón son obra de Manuel Arcón. 

Monumento al cofrade, en la plaza del Justicia. Zaragoza.
P:  Casi al final de la Avenida San José de Zaragoza está La lavandera… ¿Quién fue la modelo?

R: Nadie. Yo no he tenido modelos, solo he observado mucho el natural. Mucho –insiste y afirma con un movimiento de cabeza-.  Me he fijado mucho en las personas, los miembros, la anatomía…y en la cuestión de paños… Pero nunca he tenido modelos. Cuando hice una escultura de Goya para la plaza de toros…
-    Sí, Goya en el tendido- apunto.
- Sí. Pues cuando se inauguró, los periodistas me preguntaban qué modelo había usado… pues ninguno, les decía yo; no he tenido modelo nunca. A lo mejor me hubiera ayudado, no lo sé. Pero ha sido todo a base de mucha preparación y observar mucho.
- Pues en esa escultura hizo usted un Goya muy serio, casi malhumorado… ¿se documentó usted sobre el carácter del pintor?
-      Sí. Tomé mucha documentación sobre todo de la iconografía que ya existía.

P: ¿Y para la escultura de Eduardo Jimeno, en la Plaza Ariño?
R: Fui a Madrid  y pude ver incluso una de sus cámaras.
P: Por cierto, ¿le gusta el cine?
R: Pues  por ejemplo, Lo que el viento se llevó, que tuvo tanto éxito, a mi me parece un “rollo macabeo”. En cambio, en aquella época, había otra película, Las zapatillas rojas, que era la antítesis: la mirada europea frente a la mirada norteamericana. Yo creo que los europeos han hecho cosas muy interesantes en cine.

Manuel no sonríe demasiado, pero tiene el gesto amable. Su voz es débil aunque saca el genio cuando habla de algo que le indigna, como las injusticias sociales o la corrupción política. Confiesa que lee poco. Ha votado siempre en todas las elecciones desde que llegó la democracia. Durante el franquismo no se sintió censurado pues dice que no se “metía en nada”.
Pudo, sobre todo gracias a los encargos de obra pública, mantenerse económicamente y seguir desarrollando su inquietud artística, investigando las formas y las materias, las técnicas y los estilos. En los años sesenta dedicó buena parte de su tiempo a la imageniería religiosa, en el taller de los Hermanos Albareda: “Arte sacro, figuras para altares”, dice.

P:¿Es usted religioso?... varias de sus obras están en Iglesias, como el Apóstol Santiago en Huesca… o en la fachada de la Basílica del Pilar, los medallones de los Papas…

R: No. No soy religioso. A misa no voy nunca. Pero hice esos trabajos muy a gusto, gracias a un canónigo que conocí. Aunque no me atreví a cultivar la amistad con él porque lo consideraba superior a mí. 

P: Es usted muy humilde, Manuel… ¿Mantiene relación con otros artistas?  ¿Qué opina de la creación de tendencias?
R: Siempre he estado en mi estudio. Hubo unos cuantos artistas que crearon una sociedad y se integraron en el Antiguo Matadero. Alberto Gómez Ascaso, entre ellos, que es amigo mío, y en su biografía me pone a mí como su maestro… 


Escultura de Gómez Ascaso. Exposición Plaza España. 2013
Y suspira como negando la última frase. 
P: Pero usted le enseñó a él y a otros...
R: Yo no he enseñado nada- dice como si hablase para el mismo, mirando hacia el suelo  mientras  ladea la cabeza y encoge los hombros. 
Le insisto con un interrogante en mi mirada y mi silencio. Y añade: "Solamente aporté mi trabajo y mi presencia. Venían a ver como trabajaba yo… se fijaban y aprendieron mirándome".

Algunas de sus obras y maquetas todavía duermen en su casa cortejadas por dibujos, cuadros de otros artistas, y también de su esposa: “Milagros Martínez, era muy habilidosa, más artista que yo. Una mujer extraordinaria”, subraya. De de sus tres hijos, solo uno vive en Zaragoza.  Los otros dos están lejos: uno en Múnich y el otro en Azerbaiyán. 
P: Aunque rodeado de sus obras… ¿Se siente solo?
R: En algún momento sí, porque el día es muy largo. Las tardes son eternas. Menos mal que con el aparato este, ese trasto (señala la televisión)
 P: ¿Y cómo se las apaña, Manuel?
R: Pues como puedo. Viene una asistente social los lunes, dos horas; pero es sólo un día. El resto de días me tengo que apañar yo. Me fallan mucho las piernas y me cuesta mucho salir a la calle.
P: Cuando vivía su esposa ¿cocinaba usted?
R: No. He tenido que aprender (risas)

Manuel se resiste a perder su independencia. Aunque reconoce que ver a sus nietos le alegra y su hijo le visita semanalmente, no le seduce la idea de irse a vivir con ellos. Prefiere seguir en su casa donde hace lo que quiere, dice: “aunque a lo mejor algunos piensan que lo tengo todo como una merienda de negros, yo estoy a gusto”.
P: ¿Cómo aceptaría que le ingresasen en una residencia?
R: Yo mal, muy mal. No me gustan las residencias. Llevamos a mi madre a una residencia y es lo que más me duele… que no me porté bien con ella; estaba alejada del cariño de los hijos. Y cuando iba a verla me caían  las lágrimas.

P: ¿Piensa usted alguna vez en la muerte?
R: De vez en cuando uno piensa… ¿Qué hay detrás de esto? ¿Y si no hay nada? Eso que dicen del paraíso… ¡que paraíso ni leches! A lo mejor no hay nada, y aquí se ha acabado todo.

Manuel añade que la vida la considera ya un poco pesada y no le gustaría vivir muchos años. Nos quedamos en silencio. Me fijo en sus manos. Pienso en cuántas esculturas habrán moldeado. Le pregunto si las tiene contabilizadas: “Muchas, muchas”. Pero no sabe la cifra.

P: Volvamos a la escultura ¿con que se siente más cómodo: barro, yeso, bronce, piedra?
R: Cada materia tiene su encanto. El barro da libertad de creación, se puede hacer y deshacer pero no se mantiene, es una materia blanda y hay que conservarlo tierno a base de agua; como empiece a abrirse un poco y entre agua por la grieta, lo corta y lo deshace. La madera tiene su encanto pero también sus intríngulis. Hay que trabajar con materiales nobles, maderas buenas. La piedra hay que trabajarla de otra forma…

P: Algunas de sus obras son abstractas, pero otras siguen una estructura cubista, como la fuente de la Plaza Sas o El Esfuerzo, en la calle Duquesa Villahermosa.
R: El esfuerzo representa un hombre musculoso y yo quería llamarle El esclavo, pero vino un político que estaba entonces en la alcaldía y dijo: “aquí, hoy en día, no hay esclavos”… “¡el esfuerzo!”, dijo. Y El esfuerzo se llamó.  La fuente de la Plaza Sas es una obra que gustó mucho y estoy muy orgulloso de ella. Tengo una réplica en el pasillo.

Señala con el dedo índice  hacia la puerta y me invita a acompañarle. Recorremos un pasillo repleto de obras, réplicas, cuadros, muebles… un museo exquisito de   piedra, madera, yeso...

También ha realizado algunos muebles, dice. Muestra orgulloso una escultura en piedra que confiesa que es una de sus obras favoritas: La familia. En la pared, llama la atención un crucifijo, con el Cristo tallado en madera. Cuando le pregunto por las obras que tiene fuera de Zaragoza va nombrando Huesca (Santiago Apóstol), Sabiñánigo (Baño de sol), Villanueva de Sigena (Miguel Servet), La Almunia de Doña Godina (San Cristóbal)... 

Señala también una réplica pequeña en madera de Canto a la vida, cuyo original está en Alcañiz . Es una obra de una enorme sensibilidad, donde el hombre eleva a la mujer, con  un toque casi divino, mirando al cielo…


P: ¿Qué opina de la emancipación de la mujer en el tiempo que usted ha vivido?
R: La mujer estaba desconsiderada pero vale tanto o más que el hombre. La mujer hay que tenerla en cuenta. Es muy inteligente.

P: ¿Cual de todas esas obras no vendería jamás?
R: Penélope…
P: ¿Cruz?
R: (Ríe). Ahora voy un poco apurado con el dinero, porque tengo una pensión miserable…y vender alguna pieza me aliviaría… pero el dinero no dura nada… y te quedas sin perras[1]  y sin obra, así que hay que ver bien las condiciones... según quien se lleva la obra puedes disponer luego de ella para una exposición…

Nos detenemos. Señala una cabeza femenina, en mármol blanco, que preside la entrada de la casa. Es Penélope, un retrato inspirado en su esposa cuando eran novios. 

P: ¿Por qué se llama Penélope?
R: Penélope fue la mujer de Ulises en la mitología griega. Él estuvo ausente durante muchos años… primero fue a la guerra de Troya y luego se perdió por el Mediterráneo…  Cuando hice esta escultura yo estaba en Barcelona y Milagros, mi mujer, aquí en Zaragoza. Por eso me inspiró...Era una mujer extraordinaria (se emociona).


P: Manuel, ¿le queda alguna asignatura pendiente que con el tiempo se esfumó?
R: ¡Uy!, tantas cosas… siempre se queda uno a medias.

En sus ojos brilla la generosidad y una extrema sencillez. Es tan modesto que le cuesta mirar a la cámara cuando le hago fotos. Posa su mano con ternura sobre Penélope y acaricia la ausencia como si estuviese moldeando el tiempo en forma de escultura invisible. Moldeando la vida.
Portada del catálogo de la exposición. 



[1] dinero en lenguaje coloquial aragonés

jueves, 8 de octubre de 2015

El baile del espectáculo

El modelo de las televisiones privadas que operan en nuestro país basa sus rendimientos mayoritariamente en los ingresos publicitarios que sostienen una programación cada vez más encaminada al espectáculo y menos a la información. Cuanto más espectáculo más espectadores y más ingresos por publicidad. Incluso en los programas informativos como los noticiarios o debates, se busca también una estructura que ofrezca al espectador espectáculo. Y es que la televisión, que se concibió como un medio de comunicación  dirigido a las masas, se ha convertido en el principal actor de una sociedad del espectáculo, donde se confunde información y entretenimiento cada vez más a menudo.

Mario Vargas Llosa, define a la civilización del espectáculo como aquella donde “el primer lugar en la tabla de valores lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal” (La civilización del espectáculo, 2012). Y añade que las consecuencias, además de la “banalización de la cultura y la generalización de la frivolidad”, provocan en el campo de la información que “prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”.
Si por otra parte, consideramos que la política es aburrida (excepto para aquellos, cada vez menos,  que vocacionalmente la viven como una profesión al servicio de los ciudadanos) y que, como afirma Vargas Llosa ha sufrido también una “banalización supeditada al gesto y la forma en que los políticos adoptan para transmitir sus mensajes”, podemos entender porqué cada vez más los políticos utilizan sus apariciones en televisión para contactar con los ciudadanos de a pie. Y el discurso, revestido de espectáculo,  se convierte en diversión o entretenimiento para el espectador.

Las apariciones televisivas fueron al principio debates pre-electorales donde se constató el poder del  medio (recordemos que Nixon perdió su campaña frente a J.F. Kennedy en 1960 por un debate televisivo), pero que en nuestro país se han convertido en un rito aburrido y soporífero,  donde el bipartidismo utiliza el discurso del “y tú más” para echarse trapos sucios y demostrar que conocen muy bien los datos y las estadísticas del paro o la economía mientras proclaman promesas que nunca llegan.  Así, lo que en principio fue una ventana  para acercar el político al ciudadano medio, se ha convertido en un arma que provoca el efecto contrario y hace mella en la credibilidad de ese señor que siempre dice lo mismo sea del partido que sea.  En este punto,  habría que detenerse un instante (o una eternidad), para considerar que el desprestigio de la clase política no se ha instalado solamente por esa falta de credibilidad argumentada en promesas incumplidas y palabras carentes de signo, sino por una corrupción generalizada en casi todos los partidos que ha provocado un alejamiento radical entre los ciudadanos y los políticos y una desconfianza total  que verticalmente aumenta cuanto mayor es el grado del político y menor es el del ciudadano. Pero este sería objeto de otro post, que podríamos titular el espectáculo de la corrupción, y que lamentablemente es un espectáculo demasiado repugnante y siniestro.
Las clases sociales mayoritarias, las denominadas clases medias (mientras el estado de bienestar todavía se mantiene), adoptaron la televisión como medio de comunicación principal para obtener información. Y los políticos cuidan de manera especial el gesto y la forma (es sabido que en sus mítines preelectorales ofrecen frases resumen para que aparezcan en los informativos de televisión, y controlan en todo momento el instante en que se conecta en directo para decir aquello que conviene al espectador). Pero todo esto  ha fallado. Y lo saben.
Los nuevos partidos, conocedores y buenos estrategas de la comunicación, irrumpieron en el escenario político propulsados por sus apariciones en televisión. Así, los debates matinales  fueron el escaparate donde Pablo Iglesias llegó a los hogares de los españoles, con su coleta y su discurso esperanzador. No quiere decir esto que el televisor fuese su único mérito, pero sí el medio que utilizó para darse a conocer.
Los políticos ofrecen ahora entrevistas, apariciones en los programas de debates televisivos y  últimamente también, en programas de entretenimiento. El espectáculo está al servicio de la política también.  Esos señores y señoras que visten de traje en el Congreso de los Diputados  y se enfrentan verbalmente entre ellos, nombrando artículos y leyes incumplidas, datos económicos vertiginosos y proyectos de mejora imposibles, aparecen ahora sin corbata o con vaqueros y sandalias, respondiendo a las preguntas más comprometidas, e incluso bailando o afeitando globos si fuese necesario.
Así, tal como el periodismo se preocupa por entretener mientras informa, el político se sirve del entretenimiento y el espectáculo para acercarse al ciudadano y recuperar el espacio perdido y  la credibilidad. Bajo un formato de entrevista que se combina con información, lo que se ofrece es un espectáculo que llegue a la opinión pública mostrando a la clase política como personas “normales”, que hablan coloquialmente de manera cercana e incluso bailan… 

El pasado martes pudimos ver a Soraya Sáenz de Santamaría bailando en El Hormiguero (A3) rodeada del glamour más propio de una aspirante de estrella en un programa de cazatalentos musicales que de una Vicepresidenta del Gobierno. La misma señora que todos los viernes aparece en la pequeña pantalla en rueda de prensa como portavoz del gobierno que dirige nuestra nación. También Miquel  Iceta bailó en un acto de campaña en las elecciones catalanas. Y fue criticado (ridiculizado casi) por ello.  Igual que Pedro Sánchez cuando habló en un programa de entretenimiento de tarde en Telecinco. Parece que ahora ya no se critican entre ellos por eso y lo aceptan como algo habitual ¿Por qué? Quizás porque el espectáculo sea el único medio que les queda.



Entonces, me pregunto, ¿Cómo hemos evolucionado desde aquellos griegos y aquellos romanos que en la polis debatían inteligentemente sobre cómo mejorar nuestra sociedad? Política viene etimológicamente del latín politicus y del griego polis, relacionando lo relativo al orden de las ciudades y la participación ciudadana.  Ahora, en una sociedad del espectáculo que busca superficialmente el entretenimiento, ¿puede influir el uso de ese entretenimiento con fines políticos en nuestro sentido más crítico? Finalizo como he comenzado, con una cita de M. Vargas Llosa: “La necedad ha pasado a ser la reina y señora de la vida posmoderna y la política es una de sus principales víctimas”. No es el apocalipsis porque todavía somos capaces de ponerle solución; todavía mientras seamos capaces de discernir la información del espectáculo, la manipulación frente a la crítica racional e independiente.  Si la televisión banaliza la cultura y la política para convertirlos en espectáculo, y  la información escrita (en papel o en internet) de algunos medios de comunicación también, deberemos cultivar la capacidad crítica para dejar de ser espectadores y lectores pasivos y discernir QUÉ ES LO QUE NOS QUIEREN CONTAR y no ver sólo lo que nos cuentan.

Si ya Burke denominó en el siglo XVIII a la prensa como el cuarto poder, el espectáculo se podría convertir en el siglo XXI en el quinto poder.  Porque ya falta poco para la campaña de las próximas elecciones generales del 20 de diciembre y seguro que los políticos siguen bailando o incluso aparecen en televisión en delantal elaborando  turrones y dulces navideños y ofreciendo recetas caseras a cambio de votos. 

martes, 15 de septiembre de 2015

ma ma



El título de la película ya identifica lo que el espectador se va a encontrar: ma-ma, con minúscula. Julio Medem (San Sebastián, 1958) juega con las sílabas y los significados, con el pecho como órgano que amamanta la maternidad y como elemento que forma parte de una enfermedad temida: el cáncer. Esa bipolaridad, felicidad-amargura, amor-desamor, vida-muerte, es lo que argumenta un guion salpicado también de demasiados casualismos. Bien es cierto que para contar una cuestión trascendente como la muerte se han utilizado ya en el cine muchas técnicas, no sólo visuales, sino también narrativas. En este caso, Medem utiliza un cuento: una historia de amor, llena de casualidades, que unen a dos seres abandonados por la vida y que se encuentran en un camino desesperado y solitario. Pero lo utiliza en exceso; tanto que provoca escasa verosimilitud y excesivo sentimentalismo.

Los personajes:
Magda es una maestra madre de Dani, un niño apasionado por el fútbol. Recibe la noticia de que padece un cáncer de mama mientras su pareja, profesor de universidad, le engaña con una de sus alumnas.
Adolfo es un ojeador de fútbol que, esa misma tarde, mientras propone a Magda que Dani pase a formar parte del equipo del Real Madrid, recibe la noticia de un accidente de su esposa y su hija.  Ésta fallece en el acto, mientras su esposa se debate entre la vida y la muerte.
Este cúmulo de situaciones forzadas en el guion sitúan al espectador en un cuento suprarrealista que entreteje una historia donde los personajes comparten momentos de máxima amargura, de acompañamiento en la vida y en la muerte. El ginecólogo de Magda es una utopía, pero también un toque de atención hacia la sanidad pública: sería el médico ideal, un amigo sanador, que acompaña a la mujer a la que le cortan un pecho, que se preocupa no sólo por la evolución de la enfermedad, sino también por su estado de ánimo, en definitiva por su Vida, con mayúscula. Quizás tan excesivo el planteamiento que casi resulta parodia: no existe ese profesional que le canta a la paciente en el quirófano poco antes de la operación, o que le acompañe a la playa para realizarle una exploración en el mar.

La metáfora está presente como un personaje más,  también explícita y fácil, en ese mar líquido; o a través del hielo, de la fría nieve y de una niña, Natasha, que luego se convierte también en vida, en esperanza, en símbolo de lucha; o de un corazón que late (vida);  o de la tierra donde se plantan semillas (esperanza). Yo, para el cine de reflexión me quedo con Michael Haneke y su realismo metafórico.

Los intérpretes:
No voy a dar más pistas para no ser un spoiler para quien no haya visto la película. Simplemente diré que el espectador se emocionará, aunque se resista, sobre todo si ha vivido de cerca algún caso de cáncer de mama. Maravillosa Penélope Cruz (Alcobendas, 1974). Magistral interpretación. Pe  está soberbia en el drama, sus ojos transmiten tanto el dolor como el cansancio del tratamiento con quimioterapia. Pero también es capaz de alumbrar, con esos mismos ojos y una radiante sonrisa, el brillo  de la esperanza, la fuerza de la lucha, el amor inmenso de una madre, la generosidad desgarradora hacia Adolfo. Y ese toque almodovariano que sabe plasmar en sus personajes, un tono real irónico que acompaña de espontaneidad para bajar al personaje a la calle y hacerlo más cercano para el espectador.
Luis Tosar (Lugo, 1971) es también el rigor en la interpretación, la sonrisa amable, el llanto amargo, la soledad inmensa: lo dicen sus gestos, sus manos, el movimiento de su cuerpo, el tono de su voz. Grande también.
Asier Etxeandia (Bilbao, 1975) es el ginecólogo. Un personaje de cuento, perfectamente interpretado para hacerlo descender a la realidad. Y que, por cierto, canta maravillosamente. Si me dicen en que clínica visita, pido cita ahora mismo.
Pero incluso las canciones que maravillosamente interpreta Asier, son tan des-veladas, que resultan sentimentaloides:  Amor amar, de Camilo Sesto o Vivir, escrita por Nino Bravo y que se conoció póstumamente tras su muerte.  Es un canto a la vida.  Como la película.
La dirección, la fotografía y el montaje están supeditados a la historia. Quizás en la planificación alguna  posición de cámara es demasiado explícita y  poco clásica. Pero ya sabemos que a Medem le gusta ese tipo de ejercicios. Y no resulta estridente.

Los dos últimos planos de la película me sobran. Me hubiese gustado más el final con la metáfora del corazón. Impactante y cerrando la historia. Pero mejor será que vayan a verla.Y si la madre de ustedes, o su mejor amiga, o la prima de su esposo, o usted misma han sido víctimas de  un cáncer, y sobre todo, todas las madres, lleven pañuelos de papel en abundancia. Ma-ma

jueves, 4 de junio de 2015

Escucho en los informativos de radio y televisión, y leo en algunos diarios digitales, la expresión “partidos emergentes”, refiriéndose a los nuevos partidos Podemos o Ciudadanos. Y me río. Y me disgusto, claro. Pues de nuevo, el lenguaje está en manos de los medios de comunicación para calificar y designar… erróneamente. Emerger, es un verbo intransitivo que en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua  se define como “Brotar, salir a la superficie del agua u otro líquido”. ¿Podemos emerge de algún río o mar? ¿Ciudadanos brota a la superficie desde el fondo de algún pantano?


Ambos partidos, cada uno en su línea de pensamiento y política, provienen de movimientos que representan a hombres y mujeres, aunque en cierto modo estaban sumergidos en la desesperanza y la indignación. Pero no son cuerpos líquidos. Esperemos que no sean tampoco las sociedades líquidas que  Baumann nos define, sino que sirvan de cimiento para efectuar un cambio sólido y duradero. Los líquidos cambian de forma indefinidamente, no tienen forma, de hecho.  La modernidad líquida convertiría a estos nuevos partidos en demasiado inmediatos, incluso escurridizos y diluyentes. En una sociedad globalizada y, en cierto modo líquida por sus cambios constantes, tal como afirma Baumann, el poder es global aunque la política sea local. El reto de los nuevos partidos, que no son emergentes, sino natos, es convertir esa política local en un reto al poder global. Difícil tarea.

Como nuevos, están todavía estableciendo sus bases, que no pueden ser líquidas, aunque sí flexibles, para poder moldear los cambios sin traumatismos y como parte de una evolución necesaria. Surgen, provienen, pero no emergen. Esperamos, eso sí, que discurran y fluyan como una masa que arrastre toda la podredumbre anterior. Y renueven. Políticas y maneras. 




viernes, 1 de mayo de 2015

Retórica, periodismo y política.

Conocer los principios básicos de la retórica aristotélica puede ayudarnos como lectores y como periodistas pues, es indiscutible, que el hecho de comunicar, informar utiliza directamente la retórica, tal y como la define Aristóteles: “la facultad de teorizar lo que es adecuado en cada caso para convencer” (Retórica Aristóteles)

Existe todavía la concepción del término retórica, como un método de manipulación en el discurso, o engaño en la comunicación, o a través de la propia argumentación tergiversada. También se denomina retórica al uso de metáforas y recursos lingüísticos que adornan el discurso, dando lugar a veces también, a una doble interpretación o confusión en el contenido principal.
Pero la retórica es, principalmente, el conjunto de mecanismos utilizados en el acto de comunicación que permiten transmitir el discurso de la mejor forma para que el oyente comprenda el contenido. La retórica aristotélica es, además, desde el punto de vista pragmático, un método de persuasión, para que el discurso llegue de la mejor manera al oyente o lector, entendiendo la comunicación como una interacción entre el emisor y el receptor.

Según Aristóteles, la retórica basa “sobre toda cosa dada (tema de discurso) aquello que en cada caso es más apto para la persuasión”. No obstante, la demostración en el discurso se hace por procedimientos lógicos, no pragmáticos: el ejemplo y el entimema (deducción mediante silogismo que parte siempre de al menos una premisa). Las premisas se basan en la certeza de las afirmaciones y en la verosimilitud de los contenidos desarrollados en la argumentación, para que no quepa ninguna duda en el receptor, pero debe tener éste un conocimiento previo de estas premisas.

La retórica, hoy en día, está presente en cualquier nivel de comunicación, en la micro comunicación de las relaciones personales, en la meso comunicación de las instituciones y en la macro comunicación de los medios.  En cualquiera de los actos de comunicación el discurso se organiza. En política, por ejemplo, es una herramienta básica, para el debate público.

Para Aristóteles, la clave para gobernar estriba en la deliberación entre ciudadanos. Pero no entre cualquier ciudadano, sino que distingue el interlocutor el varón, de solvencia económica, con padre y madre en la ciudad…excluye de esta manera a mujeres y esclavos en el debate  y supone un conocimiento previo de los interlocutores.  Trasladando esto a nuestros días, tenemos un claro ejemplo en los debates y tertulias radiofónicas y televisivas, en las que políticos, comunicadores y personajes de la cultura, tratan diariamente temas de actualidad política, social y cultural; casi nunca intervienen en esas tertulias o debates personas de la masa ciudadana, obreros, administrativos o simples ciudadanos de a pie. En este caso, no es tanto por desconocimiento, sino más por la representatividad de la opinión que muestran los intervinientes y, porque no decirlo, por su capacidad retórica para el discurso.  Esta capacidad retórica es un elemento básico en los medios de comunicación. Así, aunque un erudito en ciencias políticas conozca a la perfección el tema que se trate, antes se dará la palabra en esos debates a un periodista conocedor del tema y adiestrado en el arte de la retórica, que al experto.  Interviene en esta selección, además,  la cultura del espectáculo a la que están sometidos los medios, tal como Mario Vargas Llosa afirma en La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012). Muchas veces, la selección viene dada por el talante del que ya Aristóteles nos habla en su retórica: “se persuade por el talante, cuando el discurso es dicho de tal forma que hace al orador digno de crédito (…) es el talante personal quien constituye el más firme medio de persuasión”. Entraríamos ahora en otro aspecto que no es objeto de este artículo, pero que por interesante, no debemos pasar por alto: cuando la comunicación y la información se convierten en espectáculo, prevalece más la imagen y la forma que el contenido en sí mismo…

Aristóteles, que creía en la retórica como un ejercicio de comunicación política, sigue vigente después de más de dos mil años. Cualquier discurso de nuestros representantes políticos es un ejercicio de retórica, una argumentación persuasiva para convencer, para que parezca verdadero, sea cual sea el concepto que muestra.  No es una dialéctica que basa su argumentación en la lógica y busca la verdad.  Aunque para Aristóteles, la retórica es una antistrofa de la dialéctica, es decir, se da entre ambas, a la vez, identidad y oposición.  Coinciden ambas en “descubrir y sostener un argumento e, igualmente, en defenderse y acusar”. Ahora bien, la  tarea de la retórica, según Aristóteles, “no consiste en persuadir, sino en reconocer los medios de convicción más pertinentes para cada caso, tal como ocurre  en todas las otras artes”. De esta forma, identifica la dialéctica y la retórica como argumentaciones persuasivas, pero distingue la retórica como un arte, una disciplina que requiere facultades y conocimientos para poder aplicarla.  En ese aspecto, hay que reconocer el mérito de algunos de nuestros políticos actuales.

Aunque los ciudadanos deben esforzarse en cultivar su capacidad crítica para distinguir el arte de la retórica del contenido del mensaje. Con el tiempo, la retórica se preocupó también por la audiencia y surgió entonces la hermenéutica como una disciplina de interpretación del verdadero sentido de un texto.


En relación con el periodismo, la retórica está presente como un elemento nuclear. Lo cual no resta al acto de comunicación periodística, en ningún momento, de la objetividad y veracidad que deben prevalecer en la información. Si bien, los medios, y sobre todo los digitales, reclaman brevedad en el discurso, esto tampoco es un signo de ausencia de retórica, que está presente en todo acto comunicativo. El hecho de informar se nutre del empleo de la retórica para dar forma a esa información de manera que la elaboración del contenido llegue al lector u oyente  de la mejor manera objetiva, veraz y con estructura convincente.


Aristóteles afirma que  la retórica es útil porque por naturaleza la verdad y la justicia son más fuertes que sus contrarios. Y afirma también que es un arte, una disciplina teoríca-práctica que precisa de unas facultades y conocimientos previos. Para los periodistas es interesante cultivar este arte para comunicar con veracidad, pero también con cierta persuasión; para que el lector sea capaz de aprehender no sólo los hechos narrados, sino también el sentido profundo de la noticia o el hecho comunicado.

miércoles, 22 de abril de 2015

Juego conversacional

He estado dos tardes con Ryszard Kapuściński. Me ha contado algunos de los secretos del periodismo. Me ha hablado en silencio, a través de las palabras que recoge  el libro  Los cínicos no sirven para este oficio.
Yo, ahora, voy a responderle, cuestionarle y comentar sus afirmaciones. Sé que él no va a poder escucharme, pero es parte del juego literario.
La realidad corteja a  la fiction (de la que habla John Berger en  Los cínicos no sirven para este oficio) y convierte este texto en un juego del periodista que puede hablar con el maestro, Ryszard Kapuściński, de tú a tú, con el imaginario enriquecido después de haber leído sus entrevistas.
El libro es un manual o clase magistral sobre periodismo. Pero no una clase teórica o un manual de instrucciones dogmáticas. Kapuściński habla del periodismo desde las entrañas, desde su experiencia como profesional rendido a la ética y al deber de informar. Kapuściński es un periodista comprometido con la verdad, con la difusión de la injusticia social, con la oportunidad de dar voz a aquellos que no la tienen…También David Randall,  habla de esto en El periodista universal  y afirma que entre los objetivos  de un buen periodista  está el de “Confortar a los débiles y atacar a los poderosos, dando la oportunidad de expresarse en público a quienes normalmente no la tienen”
Los cínicos no sirven para este oficio se compone de tres entrevistas (o diálogos) entre Ryszard Kapuściński, los periodistas y escritores que le entrevistan (María Nadotti y Andrea Semplici y John Berger) y el público asistente a dos Congresos celebrados en Italia en los años 1994 y 1999. No tiene pues una estructura global y cada una de las tres entrevistas se centra en un ámbito (o tema) específico. El periodismo sería el leit motiv de todos ellos si se tratase de una obra de ficción.
Así pues, en la primera entrevista realizada por María Nadotti, se insiste en la cuestión de “periodismo vivido” o como cuestiona María “una actividad periodística marcada por una opción ética muy fuerte y por la necesidad del riesgo, de la experiencia directa y de la compenetración”.Responde Kapuściński que el trabajo del periodismo “ocupa toda nuestra vida”, y  que hay que estar totalmente dispuesto para convivir con la profesión las veinticuatro horas del día.

- Sr. Kapuściński, estoy totalmente de acuerdo con usted. Sé que no es ortodoxo utilizar la primera persona en un texto periodístico, pero es este un artículo de opinión, y me permito por ello hablar en primera persona. El periodismo no es una profesión, es una vocación. Implica, por lo tanto, un sacrificio voluntario de una parte de nosotros mismos, como usted dice, para entregarse de pleno a ella. Por otra parte, Sr. Kapuściński, también estoy totalmente de acuerdo en su afirmación de que hay que estar formándose continuamente. ¡Y más en los tiempos que corren, en que los avances tecnológicos nos obligan a estar alerta constantemente! Pero no sólo hay que seguir actualizando los conocimientos informáticos y los medios que se utilizan para manejar la información; creo que hay que enriquecerse de cultura, de arte, de filosofía, de historia… todo aquello que nos abre el conocimiento, nos ayuda a comprender mejor la realidad de la que debemos informar. Me repito constantemente: cuanto más sé, más me doy cuenta de lo que me queda por aprender, y más quiero saber. Creo firmemente que la inteligencia debe cultivarse mediante la reflexión y el pensamiento, pero para ello es primordial la lectura y el estudio constante, la curiosidad por saber. El mismo autor al que antes me he referido, David Randall, afirma que  a los buenos reporteros “la curiosidad compulsiva es lo que les hace grandes periodistas, les anima a descubrir constantemente nuevos conocimientos y experiencias de otros…quienes leen mucho y bueno tienden a absorber…el conocimiento y los horizontes mentales (el legado vital de esa lectura) se amplían constantemente”
Pero volviendo al tema de la actuación en el periodismo, afirma usted, Sr. Kapuściński, en el libro que nos ocupa,  que “para ejercer el periodismo hay que ser, ante todo, buen hombre o buena mujer”. Y añade que: “las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. Permítame advertir en usted cierta ingenuidad…en los tiempos que corren, ya no somos muchos los que creemos en la bondad de las personas. Y digo somos, porque me incluyo entre ellos, creo que para ser buen periodista hay que tener la ética y el humanismo (no como corriente filosófica sino como actitud vital integradora de los valores humanos, tal y como define el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua) por encima de cualquier actuación que se nos presente como profesionales. Aunque también hay buenos periodistas al mando de algunos periódicos que… ¿Quién decide si son o no buenas personas? ¿Dónde está el baremo, Sr. Kapuściński, que mide el límite de la bondad? Es ahí donde creo que es usted un poco ingenuo, como yo, al realizar tal afirmación. Lo bueno o lo malo suele ser subjetivo en función de la situación, del medio, de las características que rodean al momento, a la propia información. Ha de haber un mínimo de intencionalidad informativa donde el objetivo ha de ser ético, justo y humanitario, pero también es cierto que ese límite se mueve constantemente y la mayor parte de los periodistas están obligados por el medio en el que trabajan a realizar informaciones seccionadas…y no creo que por eso se puedan calificar como “malas personas”. Por otra parte, habla usted de cinismo. Cínico es, según la RAE, aquel que practica la "desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables". No puedeo imaginar un cínico ejerciendo el periodismo, en eso estamos de acuerdo. Aunque fue usted víctima de esta acusación, precisamente, cuando su compatriota Artur Domoslawski publicó su biografía... y sembró la sombra de la duda. 
Por otra parte, admiro la elección de vida que usted hizo, aunque quizás fueron las circunstancias, que como a todos nos llevan de aquí para allá…de introducirse, y nunca mejor dicho, en un modo de vida único y exclusivo para el periodismo. Vivir en los lugares y con los lugareños para interpretar su realidad… ¡eso es buen periodismo, eso es admirable, Sr. Kapuściński! Además, tratándose de lugares poco cómodos (por calificarlos de alguna manera), en el Tercer Mundo. El coraje para decidir estar al lado de los pobres, para dar voz a sus necesidades, para sembrar alguna esperanza donde no la hay…es el más grande de los periodismos posibles...el de las buenas personas. Dice usted que “esa gente no se rebelará nunca, así que necesitan que alguien hable por ellos”. Eso es generosidad y humanismo; tal como usted afirma “todos ellos son nuestros hermanos y hermanas pobres”. Hay muy pocos periodistas que tomen la decisión de ejercer ese tipo de periodismo pero hemos de reconocer que es necesario también el periodista que nos informa de cómo está la prima de riesgo o de la intervención del Banco Central Europeo en tal o cual país. Y éstos, también realizan una labor importante, menos sacrificada en cuanto al modo de vida cotidiano y comodidades diarias, pero es también periodismo.
Sr. Kapuściński, estaría hablando con usted horas y horas, me encantaría tener su réplica a lo que he comentado pero esto es sólo artículo a modo de juego literario. Quedan en el tintero cuestiones que he leído sobre usted y  me hubiese gustado comentar, como su experiencia en África o la Unión Soviética, la polémica creada por la publicación de su biografía, sus inicios como poeta; discutir conceptos como la independencia del periodista, la dicotomía entre historiador y periodista como relator de la historia, la subjetividad implícita por el conocimiento  adquirido, literatura y periodismo, la fitcion y la non fiction…pero como usted mismo dice “el periodista tiene que hacer una selección dramática…en una descripción breve y muy simplificada”.   
Y como usted afirma, señor Kapuściński,  “La vida y, por tanto, la realidad del mundo, están en el medio, no en los extremos”. 





miércoles, 4 de febrero de 2015

Ucrania, tierra de frontera.

Reproduzco a continuación un texto que escribí hace casi un año... No ha cambiado mucho la situación, pues Ucrania sigue en un estado pre-bélico. Rusia manifiesta ya abiertamente sus intereses en la zona y provisiona de armamento a los "separatistas pro-rusos" (es así como se les denomina en los informativos de televisión). Lo único que parece haber tomado otro sentido es la actuación internacional en el conflicto. La diplomacia ha fallado.  Existe, además,  una apatía fría, encabezada por EE.UU que insiste en la no intervención y no proporciona recursos armamentísticos ni tropas de apoyo al gobierno de Kiev. Lo demás, parece seguir igual que hace un año, pero con cientos de desplazados, heridos y fallecidos en estos doce meses. Nosotros, desde aquí, escuchamos los informativos... y nos parece que Ucrania queda todavía muy lejos. Como si no existiera...Por eso he creído oportuno publicar en el blog aquel texto de hace un año. Las últimas noticias, apuntan a que finalmente el conflicto estalla.

"A finales de los setenta, cuando yo estudiaba BUP, Ucrania no existía en los libros de texto. Ni Moldavia, Letonia o Lituania. Aunque sí Rusia, como parte de la URSS. Incluso, de manera coloquial, se identificaba a la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) como Rusia, denominando al todo por la parte. Tengo una compañera de trabajo que es rusa. El otro día le pregunté por el conflicto de Ucrania. Me contestó que Kiev, la capital, es el núcleo primigenio de Rusia, y me habló del Rus de Kiev, el estado ruso antiguo de los eslavos orientales en el siglo XI. “Rusia nació en Kiev”, aseveró Natalia. Y luego añadió: “Ucrania no existe, es una creación posterior. Sólo existe la Rusia”. Le puso a su país el artículo femenino determinado, como si el subconsciente le dictase delimitar la Rusia, la que ella conoció, la Rusia de la URSS, la de la guerra fría, la que denominaba al todo por la parte. Luego continuó diciendo que ahora “todo el mundo mete las narices por sus propios intereses”, refiriéndose a EE. UU y la UE.

Imagen:http://go.hrw.com/atlas/span_htm/ukraine.htm

Lo cierto es que los enfrentamientos que comenzaron como algo local y de índole interna, que parecía étnica, se han convertido en una batalla internacional, diplomática y política que algunos califican ya como los preliminares de la III Guerra Mundial. Lejos de conceptualizaciones apocalípticas, la realidad mediática que nos llega es de imágenes pre-bélicas, hombres armados en la calle y decenas de víctimas civiles.
Ucrania fue, junto a Bielorrusia y Transcaucasia, uno de los primeros territorios que en 1922 constituyeron la URSS. Esas nacionalidades tenían derecho de autodeterminación, tal como Lenin proclamó, y se constituían en una federación de repúblicas autónomas. Hasta 1991 formó parte de la URSS.
Según Natalia K., mi compañera de trabajo rusa, muchos ucranianos hablan el ruso y se consideran rusos. Durante siglos Ucrania ha estado vinculada a Rusia, desde que en 1478 Iván III comenzó la expansión del ducado de Moscú al asumir el título de Zar de Rusia.

Los habitantes de Crimea, donde el conflicto se hizo patente en marzo, no se consideran ucranianos, sino rusos. La península fue anexionada a Ucrania en 1954 cuando Kruschev conmemoró el 300 aniversario de unión entre rusos y ucranianos. En los noventa, tras la caída del muro de Berlín, ya supuso un foco de tensión étnica y en 1992 se declaró ilegal la anexión de 1954. Paradójicamente, lo que Kruschev ejecutó como un signo de unión es todavía hoy motivo de enfrentamiento.
Pero en este conflicto actual se adivinan otros intereses. Crimea, tiene una ubicación estratégica: el estrecho de Kerch es la única salida marítima de Rusia por el sur. Ucrania es además el país por donde discurren las tuberías que abastecen a Europa del gas ruso. En “la crisis del gas”(2009) el suministro se paralizó durante 15 días y Europa estuvo a punto de congelarse. En el Donbass, el otro punto de tensión, se encuentran los principales yacimientos de carbón de Europa, además de hierro, mercurio y uranio. Esa parte oriental del país, cuyos habitantes hablan ruso y mira hacia Rusia. Mientras, en la parte occidental, donde está la capital Kiev, se lucha por la integración total en Europa. Ucrania, en el idioma eslavo, significa “tierra de frontera”, aunque en ucraniano moderno se traduce como “país”. Lo viejo y lo nuevo, anacrónico en el lenguaje pero de máxima actualidad en ambos significados.

Otro detalle a tener en cuenta en este conflicto es que muchos ucranianos todavía tienen en su memoria la gran hambruna y los millones de muertos de los años treinta, como consecuencia de las políticas de Stalin, que abandonó al campesinado a una escasez de suministros. El odio hacia la Rusia germinó desde entonces en la población rural, en la actualidad de mayoría ucranio-parlante.
El hecho es que, tras la disolución de la URSS en 1991 los habitantes de Ucrania votaron su independencia y se constituyó lo que hoy es un país independiente, con parlamento democrático. ¿Por qué ahora surge el conflicto? Además de los anteriores precedentes históricos, hay que considerar otros aspectos más recientes. Cuando Yanukóvich, primer ministro ucraniano, ganó las elecciones en 2004 con el apoyo de la Rusia de Putin, el candidato de la oposición, Yúshchenko, fue envenado con dioxinas (posteriormente se atribuyó el hecho a los servicios secretos que querían dejar el paso libre a Yanukóvich). Hubo una protesta pública enfrentando al pueblo ucraniano; entonces los ruso-parlantes del este amenazaron con seccionarse imponiendo un estado autónomo.
A finales de 2013 miles de ucranianos se manifestaron en la plaza Independencia de Kiev para rechazar las políticas rusas del presidente Yanukóvich. Tras una fuerte represión policial, la destrucción del monumento a Lenin por parte de los europeístas y 98 muertos, el Euromaidán (es así como se denominó a las protestas) finalizó con la destitución de Yanukóvich que se exilió a Rusia. Se formó un gobierno provisional claramente europeísta y en las regiones pro-rusas, como Crimea o Donetsk comenzaron las protestas ciudadanas.
En marzo(2014), el Consejo Superior de la República de Crimea (un estado no reconocido pero amparado en la declaración unilateral de independencia) votó a favor de, anexarse a Rusia, la que mi compañera Natalia K. denomina la Rusia, y un referéndum popular lo avaló por el 95,7%. La comunidad internacional no reconoce el referéndum y acusa a Rusia de “aprovecharse de la situación”. En Donetsk, también se ha celebrado esta semana un referéndum (no reconocido tampoco internacionalmente y con escasas garantías de transparencia democrática) para creación de una república independiente. El resultado mayoritario ha sido a favor del retorno a la antigua Novarrusia zarista. Putin, presidente Ruso, partidario de la “reunificación rusa”, juega con sus declaraciones afirmando y contradiciendo, mientras Obama, presidente norteamericano, desconfía, como en los años sesenta hiciese Kennedy o en los setenta Nixon, de todo lo que viene de Rusia. Cuando ya creíamos que la Guerra Fría estaba totalmente congelada, se están calentando los motores de los tanques y los aviones, y la mecha de la bomba está casi encendida. Evitar que explote es lo que la diplomacia y la política intentan. Pero los intereses geopolíticos y económicos amenazan ubicando estratégicamente más bombas. Vuelvo al inicio de esta reflexión. Durante la Guerra Fría Ucrania no existía, pero sí Rusia. Ahora parece que Ucrania puede dejar de existir. Pero no Rusia. Ucrania es terreno fronterizo. Su propio nombre lo indica. Las fronteras se mueven delimitando territorios y cercando libertades. Lo que puede ocurrir en el proceso es que se lleve por delante cientos, miles o millones de muertos, militares y civiles. En una guerra que no debería estallar" . Abril 2014.

Foto.Roman Pilipey. EFE. Extraída de http://www.elmundo.es/internacional/2015/02/03/54cfd403268e3ec2138b456f.html