Mi última lectura, devorada en tres días.
He disfrutado 'Sense en Jofre' (L'Albí, 2025). Sí, no solo lo he leído, lo he saboreado y me ha quedado un regusto muy bueno en el paladar literario. Enhorabuena, Elisabet Capilla. Me atrae como escribes y repetiré con tu segunda novela. Y con la tercera y las que sigan. Este debut merece continuidad.
Me parece muy interesante el tema de fondo: desestigmatizar las victimas de la droga de los ochenta desde un punto de vista objetivo, sin juicios, solo con la realidad que ocurrió en tantos casos. Como en Nela 79, de Juan Trejo, la persona es lo que importa; la droga es la consecuencia, no la causa.
Nací y crecí en Barcelona, pero mi lengua materna siempre fue el castellano y, a pesar de que me gusta, he leido muy poco en catalán (las tres Mercedes: M.Rodoreda, M.M.Marçal, M.Ibarz; también Montserrat Roig, Pla y poco más), conozco la sintaxis y sigo con fluidez la lectura aunque tenga que tirar de diccionario pues a veces me falla el vocabulario. Por eso no puedo profundizar en esta reseña, pero sí reconocer la elegancia del texto de 'Sense en Jofre'.
Un recorte de periódico al principio que engancha al lector y una carta al final que acelera la respuesta a los interrogantes planteados, una intriga sutil y discreta, de la que se conoce el resultado, la muerte del padre, Jofre, y una hija, Arán desvelando pistas que obligan a seguir leyendo. Nada es aburrido ni sobra.
Con una prosa ágil las transiciones del pasado al presente son tan naturales como los propios acontecimientos que las guian.
Los personajes, bien perfilados, se describen por sus propias acciones y dialogos excelentes, que aportan información a la historia.
Localizaciones con descripciones dosificadas y funcionales que no entorpecen la narracion, enriquecidas con una oportuna ambientación de la época y los lugares (hay una secuencia en una cabina de teléfono que sitúa al lector in situ, esos detalles que parecen insignificantes pero que aportan realismo y veracidad), las músicas citadas que suenan en algunas secuencias...se percibe en toda la obra una elección muy cuidada.
Los narradores que se intercalan con naturalidad, cambio entre la primera persona y un omnisciente que no juzga, dejando el criterio a los propios personajes y llega donde no alcanza el recuerdo de la niña, esa primera persona que traslada la narración desde la ingenuidad de la niñez, exponiendo los hechos también sin juzgar y luego, ya adulta, en diálogo con esa segunda persona ausente pero presente, Jofre, Paiofre. Soledad, vida, muerte, amor y dolor.
Y una ausencia que es presencia imprescindible.

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