viernes, 1 de mayo de 2015

Retórica, periodismo y política.

Conocer los principios básicos de la retórica aristotélica puede ayudarnos como lectores y como periodistas pues, es indiscutible, que el hecho de comunicar, informar utiliza directamente la retórica, tal y como la define Aristóteles: “la facultad de teorizar lo que es adecuado en cada caso para convencer” (Retórica Aristóteles)

Existe todavía la concepción del término retórica, como un método de manipulación en el discurso, o engaño en la comunicación, o a través de la propia argumentación tergiversada. También se denomina retórica al uso de metáforas y recursos lingüísticos que adornan el discurso, dando lugar a veces también, a una doble interpretación o confusión en el contenido principal.
Pero la retórica es, principalmente, el conjunto de mecanismos utilizados en el acto de comunicación que permiten transmitir el discurso de la mejor forma para que el oyente comprenda el contenido. La retórica aristotélica es, además, desde el punto de vista pragmático, un método de persuasión, para que el discurso llegue de la mejor manera al oyente o lector, entendiendo la comunicación como una interacción entre el emisor y el receptor.

Según Aristóteles, la retórica basa “sobre toda cosa dada (tema de discurso) aquello que en cada caso es más apto para la persuasión”. No obstante, la demostración en el discurso se hace por procedimientos lógicos, no pragmáticos: el ejemplo y el entimema (deducción mediante silogismo que parte siempre de al menos una premisa). Las premisas se basan en la certeza de las afirmaciones y en la verosimilitud de los contenidos desarrollados en la argumentación, para que no quepa ninguna duda en el receptor, pero debe tener éste un conocimiento previo de estas premisas.

La retórica, hoy en día, está presente en cualquier nivel de comunicación, en la micro comunicación de las relaciones personales, en la meso comunicación de las instituciones y en la macro comunicación de los medios.  En cualquiera de los actos de comunicación el discurso se organiza. En política, por ejemplo, es una herramienta básica, para el debate público.

Para Aristóteles, la clave para gobernar estriba en la deliberación entre ciudadanos. Pero no entre cualquier ciudadano, sino que distingue el interlocutor el varón, de solvencia económica, con padre y madre en la ciudad…excluye de esta manera a mujeres y esclavos en el debate  y supone un conocimiento previo de los interlocutores.  Trasladando esto a nuestros días, tenemos un claro ejemplo en los debates y tertulias radiofónicas y televisivas, en las que políticos, comunicadores y personajes de la cultura, tratan diariamente temas de actualidad política, social y cultural; casi nunca intervienen en esas tertulias o debates personas de la masa ciudadana, obreros, administrativos o simples ciudadanos de a pie. En este caso, no es tanto por desconocimiento, sino más por la representatividad de la opinión que muestran los intervinientes y, porque no decirlo, por su capacidad retórica para el discurso.  Esta capacidad retórica es un elemento básico en los medios de comunicación. Así, aunque un erudito en ciencias políticas conozca a la perfección el tema que se trate, antes se dará la palabra en esos debates a un periodista conocedor del tema y adiestrado en el arte de la retórica, que al experto.  Interviene en esta selección, además,  la cultura del espectáculo a la que están sometidos los medios, tal como Mario Vargas Llosa afirma en La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012). Muchas veces, la selección viene dada por el talante del que ya Aristóteles nos habla en su retórica: “se persuade por el talante, cuando el discurso es dicho de tal forma que hace al orador digno de crédito (…) es el talante personal quien constituye el más firme medio de persuasión”. Entraríamos ahora en otro aspecto que no es objeto de este artículo, pero que por interesante, no debemos pasar por alto: cuando la comunicación y la información se convierten en espectáculo, prevalece más la imagen y la forma que el contenido en sí mismo…

Aristóteles, que creía en la retórica como un ejercicio de comunicación política, sigue vigente después de más de dos mil años. Cualquier discurso de nuestros representantes políticos es un ejercicio de retórica, una argumentación persuasiva para convencer, para que parezca verdadero, sea cual sea el concepto que muestra.  No es una dialéctica que basa su argumentación en la lógica y busca la verdad.  Aunque para Aristóteles, la retórica es una antistrofa de la dialéctica, es decir, se da entre ambas, a la vez, identidad y oposición.  Coinciden ambas en “descubrir y sostener un argumento e, igualmente, en defenderse y acusar”. Ahora bien, la  tarea de la retórica, según Aristóteles, “no consiste en persuadir, sino en reconocer los medios de convicción más pertinentes para cada caso, tal como ocurre  en todas las otras artes”. De esta forma, identifica la dialéctica y la retórica como argumentaciones persuasivas, pero distingue la retórica como un arte, una disciplina que requiere facultades y conocimientos para poder aplicarla.  En ese aspecto, hay que reconocer el mérito de algunos de nuestros políticos actuales.

Aunque los ciudadanos deben esforzarse en cultivar su capacidad crítica para distinguir el arte de la retórica del contenido del mensaje. Con el tiempo, la retórica se preocupó también por la audiencia y surgió entonces la hermenéutica como una disciplina de interpretación del verdadero sentido de un texto.


En relación con el periodismo, la retórica está presente como un elemento nuclear. Lo cual no resta al acto de comunicación periodística, en ningún momento, de la objetividad y veracidad que deben prevalecer en la información. Si bien, los medios, y sobre todo los digitales, reclaman brevedad en el discurso, esto tampoco es un signo de ausencia de retórica, que está presente en todo acto comunicativo. El hecho de informar se nutre del empleo de la retórica para dar forma a esa información de manera que la elaboración del contenido llegue al lector u oyente  de la mejor manera objetiva, veraz y con estructura convincente.


Aristóteles afirma que  la retórica es útil porque por naturaleza la verdad y la justicia son más fuertes que sus contrarios. Y afirma también que es un arte, una disciplina teoríca-práctica que precisa de unas facultades y conocimientos previos. Para los periodistas es interesante cultivar este arte para comunicar con veracidad, pero también con cierta persuasión; para que el lector sea capaz de aprehender no sólo los hechos narrados, sino también el sentido profundo de la noticia o el hecho comunicado.

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