lunes, 22 de marzo de 2010

LUMIÈRE Salida de los obreros de la fábrica


Poco imaginaban Auguste y Louis Lumière que aquel artilugio que habían creado sería el inicio de una nueva era. Hoy hace 115 años, el 22 de marzo de 1895, los hermanos Lumière proyectaron en público la primera película La sortie des ouvriers des usines Lumière à Lion Monplaisir que habían rodado tres días antes con el cinematógrafo, un aparato concebido tanto para grabar como para proyectar imágenes. Hoy, la tecnología ha avanzado vertiginosamente, hasta conseguir cámaras de fotos que graban en Full HD (Alta definición de máxima resolución) o cámaras de vídeo que consiguen imágenes en tres dimensiones (3D) y proyectores que permiten miles de configuraciones y posibilidades. El lenguaje cinematográfico también ha cambiado desde entonces, pasando de aquel plano fijo y general a múltiples encuadres y movimientos de cámara, convirtiendo la narrativa audiovisual en un arte (el séptimo le han bautizado). A partir de ahí se ha desarrollado una encrucijada empresarial y comercial que mueve cientos de millones de miles de dólares, euros, libras, rupias y yens.

No sabemos a dónde nos llevará el futuro, pero lo que si sabemos a ciencia cierta que sin aquellos aventurados inicios de un tomavistas y proyector que, según los hermanos Lumière, tenía sólo aplicación en la intimidad (estaban convencidos de que el cine era una invención sin ningún futuro y pronto menospreciaron las posibilidades económicas de su invento) hoy no podríamos disfrutar del séptimo arte.

¿Habrá un octavo en el futuro?

domingo, 14 de marzo de 2010

Pintar y jugar bajo la sombra de un ciprés


Ayer la prensa, la televisión y la radio, escribían, mostraban imágenes y hablaban de Miguel Delibes, ese gran escritor español eterno candidato al Premio Nóbel que falleció el viernes. Conocidos periodistas, críticos, escritores, cineastas... todos coinciden en afirmar que Miguel Delibes ha sido un escritor prolífico y sabio en la creación de personajes y en el correctísimo uso de un lenguaje que sin embargo no se proveía de palabras arcaicas o gongorianas, no era pedante ni generaba dificultad en su lectura. Yo también lo creo.
Sin embargo, el primer recuerdo que yo tengo de Miguel Delibes, sin duda alguna equivocado y posteriormente contrarrestado, es el de un “pesado y triste” La sombra del ciprés es alargada. Era 1975 y yo andaba todavía más cercana a la infancia que a la juventud, en esa pubertad precoz que la prisa por crecer empuja entre los trece y los catorce años. Mi profesora de literatura, Carmina (“la loro” creo que la llamábamos también), gracias a la cual amo y respeto la palabra escrita en todas sus versiones (novela, poesía, ensayo) y las artes escénicas, nos encomendó para el trabajo de aquel mes la lectura y posterior “comentario de texto” (estudio formal, conceptual y crítico) de La sombra del ciprés es alargada. Supongo que me encontraba yo entonces más pendiente de otros asuntos, quizás todavía de pintar y jugar, y no tenía la madurez suficiente para dedicar al libro el tiempo y la atención precisa. Por eso el recuerdo, más de treinta años después, es el de un texto gris, triste y largo, como el título. Y no he vuelto a leerlo, aunque sí otros como Cinco horas con Mario (que también en ese año o en el posterior, Carmina nos mandó como trabajo mensual) o El príncipe destronado que adquirí ya en mi edad adulta y voluntariamente. Otras obras de Delibes las conozco a través del cine, ese maravilloso espejo de grandes obras literarias como Los santos inocentes, El disputado voto del Señor Cayo,  o la televisión, como la serie  El camino. Y fui a Madrid un fin de semana hace cinco años, más o menos, sólo para ver en teatro Cinco horas con Mario, con una magnífica interpretación de Lola Herrera sobre el escenario.
Esta mañana he cogido de mi biblioteca La sombra del ciprés es alargada, un ejemplar editado en 1971 por Destino, de tapa dura, y que tiene en su primera hoja en blanco marcado a lápiz el precio, 225 (pesetas se entiende). Reconozco esos números escritos por mi madre, no porqué ella se dedicase a poner el precio a mis libros, sino porqué el libro estaba adquirido en mi propia librería, la que mis padres tenían cuando yo nací y hasta que tuve más o menos quince años.  El hecho de haber crecido entre libros, más allá de facilitarme la adquisición de los materiales que en el cole me pedían para los trabajos mensuales (por cierto, esto daría para otro post: ¿porqué los niños no leen y trabajan ahora la literatura como entonces? o “el gran vacío del sistema educativo actual: la falta de lectura y escritura” o “es imposible que adquieran conocimientos si su materia gris no se engrana con la abstracción de conceptos a través de las palabras/ lectura”.)...más allá de facilitarme la proximidad y el amor a los libros, creo que marcó mucho mi respeto hacia los escritores. Desde ese respeto, vuelvo hoy a mi biblioteca y abro La sombra del ciprés es alargada. Muchos recuerdos se unen a la tristeza de la muerte del autor; en la página 145 hay un calendario publicitando Kit-Pelikán Juegos de pintar y jugar de 1975. Imagino que es en esa página donde abandoné la lectura y probablemente pasaría al final para saber como acababa el libro y poder hacer el trabajo, o haría un trabajo hablando de “generalidades” o basándome en las apreciaciones vistas hasta la página 145. El caso es que yo en literatura siempre sacaba notas altas, así que supongo que Carmina no “notaría” que yo no había leído el libro completo. El libro tiene 278 páginas y no me veo capaz de seguir leyéndolo después de más de treinta años, así que me he propuesto comenzarlo de nuevo. Llevando como punto-libro el mismo calendario, el que me lleva a esa librería donde crecí, donde ahora en el recuerdo también La sombra del ciprés es alargada porqué la mano que escribió a lápiz el precio del libro hace ya demasiado tiempo que se fue dejándome huérfana de amor y cariño. Y como un Juego de pintar y jugar volveré a recomponer en colores los fragmentos de un Premio Nadal que no supe entender quizás porqué no era el tiempo ni la edad para hacerlo cuando todo era en blanco y negro para mí, o quizás porqué estaba pre-Destinado que ese libro tendría que leerlo cuando su autor, Miguel Delibes, falleciese también, para recomponer el recuerdo con el Kit-Pelikán.
Por el autor, por Carmina y por mi madre, para que la sombra del ciprés no sea tan alargada y los juegos de pintar y jugar llenen de colores el recuerdo.

La sombra del ciprés es alargada
Editorial Destino.
Barcelona.

viernes, 5 de marzo de 2010

Lo que parecía imposible es ahora un hecho


Maravilloso ejemplo de lo que se puede hacer con una cámara de fotos (Canon 7D). Se rodó en dos días y el Director de Fotografía es Fran Fernández (que lo fue también en Salomón y lo será en La Granja). ¡Buen Trabajo!

Por cierto, el videoclip es del grupo LAIMPOSIBLE y la canción se llama Fuera de control.