sábado, 12 de marzo de 2016

Al Oeste de Barcelona

Son poco más de las seis de una gélida tarde de principios de marzo y al salir a la calle sólo escucho el eco de mis pasos  y el silbido del viento verspertino. Al llegar a la Plaza Mayor encuentro la primera señal de que algo extraordinario va a acontecer hoy en esta pequeña localidad de la provincia de Huesca. Un joven apostado en el objetivo de una cámara de vídeo apunta hacia la calle San Isidro mientras regula la altura del trípode. No se ve a nadie más en ninguna de las cuatro perpendiculares calles que cruzan la plaza. No suele haber mucho tránsito de personas, ni de coches, ni de bicicletas... ya no llegan a trescientas las almas que duermen en el pueblo. A principios de siglo fueron casi mil pero la escasez de recursos en una tierra árida, como la del Oeste americano, provocó un éxodo rural, principalmente hacia Barcelona, en la mitad del siglo XX. 
Fotografías: Aurora Pinto
Luego, los cambios hacia la vida urbana...otros marcharon a estudiar y no regresaron. Los menos, los que aún perviven y sobreviven, se quedaron para cuidar de esas tierras que ahora se mojan y enriquecen no sólo con el agua de la lluvia, sino con los riegos regulados y regulares que trajo la modernización de las infraestructuras hidráulicas y permiten a pequeños, medianos, grandes, jóvenes y no tan jóvenes agricultores una gestión empresarial de sus propiedades. Y luego están los ancianos, los que no se fueron, o los que volvieron tras su jubilación. Pocos niños. Muchos solteros. Y bastantes viudas.
Esta población, invisible en las calles de un sábado ventoso, es la que va a disfrutar de una tarde especial. Y esta cronista inesperada que llegó desde Barcelona en el último tercio del siglo XX. 
Saludo al joven de la cámara y enfilo la calle hacia el cine, sabedora que me está grabando mientras me alejo. A pesar de los pocos habitantes el cine se mantiene, no sólo como salón de actos, sino con una programación semanal todos los fines de semana. Todavía está la puerta cerrada cuando llego y un joven me saluda a la entrada. Me invita a entrar y abre la puerta. Ni el cámara que he saludado en la plaza ni este chico son del pueblo. Dos jóvenes más,  uno grabando con otra cámara y el otro sosteniendo una pértiga con un enorme micrófono al final me saludan en el pasillo de acceso, en una penumbra inquietante. Tampoco son del pueblo.
La taquilla está cerrada. Hoy la sesión de cine es gratis.  


Las butacas rojas, de terciopelo, todavía vacías y el diseño de las paredes como en los cines de los años 60, invitan a quedarse. En las primeras filas unos carteles con nombres de personas del pueblo indican que tienen reservado el asiento. Otro joven, forastero también, se ocupa de ir acomodando a los que llegan, poco a poco.
Tímidamente en el cine se va ambientando la tarde. Las mujeres ya han salido de misa y vienen casi todas, llenando los espacios vacíos con sus voces, risas y algarabía.

La expectación se hace murmullo y poco a poco se convierte en silencio. De pronto, un pistolero jubilado ataviado con un vistoso poncho irrumpe por una de las cortinas laterales (lo que es la puerta de salida de emergencia), también de terciopelo rojo, como el telón que cubre la pantalla. Saluda al público, que le aplaude. Se presenta. Es Alberto Gadea, un actor especialista que intervino en la película que vamos a ver. Desde una fila detrás a la que me encuentro, una voz atrevida le pregunta ¿No estará cargada?. 

Alberto Gadea



Aberto Gadea cuenta que esa pistola se la regaló el actor de El bueno, el feo y el maloEli Wallach, en uno de los rodajes en los que coincidieron. Narra también como se lastimó la muñeca durante el rodaje de una de las escenas en estas tierras. Recuerda como le llevaron al dispensario de Fraga... y confiesa que su hijo pequeño, que tiene ahora más de cuarenta años, podría decirse que es de este pueblo: ¡tengo buenos recuerdos de aquel rodaje!, añade en tono guasón.  El público se ríe y escucha atento, pero está impaciente, y especialmente emocionado, por ver la película  que hace 50 años se rodó en CandasnosPistoleros de Arizona o El rancho de los implacables, que era el título provisional cuando se rodó y como la recuerdan por aquí.  Pues varios de los presentes intervinieron de una manera u otra en la película; unos vigilando el set, otros como extras, otros preparando los bocadillos del catering, otros prestando sus almacenes como departamentos de producción y vestuario... 


Cartel a la entrada del cine

Y todos ellos intervendrán también en el documental que esos jóvenes, forasteros que llegaron a Candasnos desde Barcelona hace poco más de un año, están desarrollando: “Espulgas City, al Oeste de Barcelona” será el título. 

Explica Pere  Marzo, el director (el joven que nos ha recibido a la entrada tímidamente), que todo comenzó cuando descubrió en internet que un actor llamado George Martín, era en realidad Francisco Martínez, un gallego emigrado a Barcelona que se había convertido en un héroe del spaghetti western, y que sus películas se habían rodado en los estudios (hoy desaparecidos) de  Espulgas de Llobregat donde se había construido un set de rodaje simulando un pueblo del Oeste Americano. Comenzó a investigar y averiguó que entre 1964 y 1974, se rodaron casi cien películas coproducciones hispano-ítalo-germanas, casi todas de la mano de Balcazar Producciones Cinematográficas. Muchas de ellas rodaban los exteriores en el desierto de Los Monegros (en Candasnos se construyó incluso un rancho como set de rodaje),  así como en el río Cinca en Fraga, las Ripas de Alcolea o la ermita de Chalamera. El Oeste Americano estaba al Oeste de Barcelona. Las persecuciones con caballos y diligencias, las peleas o los disparos se reviven ahora en la pantalla. Pistoleros de Arizona fue la primera de todas ellas, en 1964.

Estos jóvenes cineastas llenos de ilusión y de energía, han estado grabando toda la semana en estas tierras monegrinas, antes secas y áridas, buscando en el lugar el recuerdo o el dato, la imagen y el sonido para su documental. Como si los emigrantes que la abandonaron en los años 50 y 60 del siglo pasado viajando hacia el este, les hubiesen inspirado a mirar hacia el Oeste de Barcelona.

Se apaga la luz y comienza la película. Un suave foco ilumina tenuemente las butacas: hay una cámara grabando las reacciones del público. 
Se reconocen los lugares. La tierra seca, como la del desierto de Arizona. Casi se percibe el aroma del polvo entre las butacas del cine. 

Imágenes tomadas durante la proyección.

Poco importa si la película es más o menos buena, hoy no cabe la crítica cinematográfica. Todos están atentos a la pantalla. Siguen el argumento, pero además están muy pendientes de los detalles. Algunos se reconocen en una escena en la que aparecen varios extras apagando un incendio. María y Josefa recuerdan que fueron por la noche a ver como se rodaba esa escena. Pero todo eso, lo dejo para el documental, donde imagino que se cuentan esa y otras muchas anécdotas. Aún no han finalizado el rodaje; todavía tienen que ir a Italia,  dice Raúl Martínez el joven cámara que me he encontrado en la Plaza (aunque me confiesa que su labor es más de producción). 

Pere Marzo conversa con algunas de las personas entrevistadas en el documental. 
El proyecto cuenta con el apoyo de TV3 y Aragón Televisión, según indica otro de los productores, el aragonés Victor Forniés.

Cuando se estrene, dice Pere, vendrán a presentarlo también en el cine de Candasnos. El de los años 60. Les esperamos. Aquí, en Kandas-City, que fue Arizona. Al Oeste de Barcelona.

Fotograma película rodada en tierras de Candasnos.


jueves, 14 de enero de 2016

La huelga que no cesa

Hace frío en esta mañana de enero y no es agradable estar en la parada. La huelga que los conductores de autobús están llevando a cabo desde hace más de un mes, regada hoy por una lluvia pertinente y abundante, provoca que los usuarios del transporte público se muestren irascibles algunos y poco pacientes otros. 
La ira contenida se desata cuando los viajeros comienzan a subir al autobús que llega, repleto ya.

- ¿Hasta cuando esta huelga?, pregunta una señora en tono malhumorado mientras es apretujada por otros pasajeros para poder entrar en el abarrotado bus después de mas de veinte minutos de espera.
- Hasta que Dios quiera!, responde el conductor en tono de guasa.
- No es lo mismo decirle al jefe un día o dos que tienes problemas con el bus que un mes- dice una joven con acento extranjero.
- Claro, te juegas el puesto de trabajo- asiente una señora mayor.
- Pero qué piden estos! Si viven como quieren!- apunta otra. 
- Llevo desde las ocho de bus en bus porque aunque la huelga comienza a las nueve, los vehículos empiezan ya a retirarse a las ocho y media, te dejan en una parada y ¡apáñatelas! Vas de bus en bus, mojándote, pasando frío... ¡pobres niños que se quedan helados en la calle!- dice otra indignada.
O quizás lo que una usuaria ha sugerido:
Que en las horas de huelga el billete sea gratuito... 

Y ahí ha empezado una cadena de manifiestos, opiniones, improperios y silencios incómodos entre la una, el otro y los más de ciento cincuenta pasajeros que mojados y apretujados sufríamos también las molestias que ocasiona una huelga indefinida. Desde los que llegan tarde a trabajar...

- Y encima nos llevan como borregos!- grita la anterior.
- Que sabra usted seeñoooora!- responde burlesco el conductor desde su asiento.
Quizás una mejor información y comunicación a los usuarios sobre los motivos de la huelga sería una medida necesaria en estos casos. En carteles pegados en los autobuses donde los zaragozanos puedan leer las reivindicaciones de los trabajadores del transporte público. ¿Cuanto cobra un conductor de autobús? ¿Qué reivindican

- Yo no pienso pagar el billete en las horas de huelga-  dice.
¿Que lo asuma el ayuntamiento?, pregunto yo.

Por que la lluvia no podemos pararla.
Foto Aurora Pinto

domingo, 3 de enero de 2016

La becaria

Aquella horrible caja con la que os felicité el Nuevo Año contenía... ¡una hermosa bicicleta! 


Ser becaria me ha dado más de una alegría. La última ésta, obsequio de Warner Bros Company (la de Bugs Bunny, sí), a través de Zarafilms S.A, por un texto que escribí en referencia a la película El Becario y que se basaba en propia experiencia personal. 

Extraigo este párrafo: "Nunca es tarde... Lo curioso es que, como al becario que interpreta Robert de Niro, me costaba convencer a la gente con la que tuve que interferir durante mis prácticas de que no era una profesional contratada, sino una becaria; las sonrisas que obtenía cuando les daba la explicación bailaban entre la guasa y la admiración. ¿Estás de broma?, dudaban algunos. ¡Qué valor tienes!, se sorprendían otros".

De nuevo cine y periodismo, ficción y realidad, se unen para brindarme nuevas energías.

Y aquí estoy, ¡lista para pedalear durante todo el 2016 en busca de nuevos sueños!



jueves, 31 de diciembre de 2015

La caja de los sueños

31/12/215. 
Hoy es el día del año en que la web se llena de listas de éxitos musicales del año, listas de mejores y peores películas, listas de mejores y peores acontecimientos políticos, listas de mejores y peores sucesos, listas, listas, listas. También nuestros móviles y tabletas reciben multitud de presentaciones y montajes, memes u otros modernos formatos para desearnos un feliz año nuevo. 

Yo no suelo hacerlo, pero en esta ocasión voy a sumarme a la tradición. Este no es un post que contenga preciosas fotos, ni sesudas reflexiones, ni palabras ingeniosas, ni actualidad informativa. Tampoco es una lista ni un resumen al uso, pero lleva implícitos, eso sí, felicidad y gratitud. Y es que este año que se despide ha sido tan especial que no puedo dejar que se vaya sin transmitir a todos los que me rodean, amigos y familia (sobre todo familia, ¡que maravillosa es esta familia que tengo!), mi agradecimiento por tanto apoyo. 

Si repaso el 2015, recuerdo que comenzó con una tarde de invierno en el ordenador, preparando los exámenes del primer cuatrimestre del que iba a ser mi último curso de la carrera. Superé con éxito las pruebas y el invierno transcurrió feliz, pero el último día de Febrero Tánatos se presentó con la peor noticia. El fallecimiento de mi padre cercenó el año, la vida se paralizó y coartó por completo el mes de marzo. Desde el vacío se precipitaron los sentimientos, las reflexiones, las diligencias y se manifestó mi ciudad, Barcelona, como espacio que brotaba en una primavera incipiente y extraña. Teresa, como siempre, y su amistad incondicional, estuvieron a mi lado. Son dos conceptos en uno. No puedo imaginar mi vida sin ella. Como tampoco hay palabras que en este mini-resumen o post improvisado puedan apuntar ese paréntesis del mes de marzo en el año 2015; sería un resumen demasiado largo, recapitulando recuerdos, espacios y emociones de más de medio siglo, alegrías y amarguras, felicidades y pesadumbres, imágenes, olores, texturas… recuperar los espacios perdidos para aprehenderlos y soltarlos definitivamente, dolor y armonía inapelables.


Regresé a mi vida en abril, descolocada y asustada por lo que me esperaba en la universidad: debía afrontar el último cuatrimestre seccionado, recuperar tiempo perdido, regresar también a mi trabajo habitual de las tardes para seguir con el horario frenético y además hacer las prácticas y el Trabajo de Fin de Grado. Pues todo ello fue posible. Mi esposo, un hombre paciente y prudente, fue el anillo de oro que engarzó mi alma perdida con la realidad. Llegó junio casi sin darme cuenta (no tenía tiempo para ello) y ya había finalizado las clases y los exámenes. Se había cumplido uno de mis sueños. Por eso este año 2015 es tan especial, cierra un ciclo de cuatro años en los que la felicidad ha venido de la mano del deseo cumplido. El norte que mueve nuestras vidas. Disfruté tanto con la investigación de mi TFG que el tribunal consideró valorarlo con la nota máxima y acabar así el ciclo fue como un culmen de felicidad. Mi hijo, que escribe mucho mejor que yo, se encargó de hacerlo público y romper mi pudor.
Pero todavía hay más. Durante el verano la vorágine de actividades se disparó: por las mañanas en televisión, como becaria en los informativos y por las tardes en mi trabajo habitual. No hubo vacaciones, no hubo relax excepto algún fin de semana en la playa, no hubo tiempo para descansar…pero el esfuerzo valía la pena. Pude experimentar la sensación del periodismo de calle, la gestión de inmediatez de los tiempos en un informativo de televisión, redactar noticias, hacer entrevistas, editar las piezas… ¡feliz, era feliz!

Y entonces, se rompió la falange de mi tercer dedo en el pie izquierdo… ¿qué más podía ocurrir en el 2015? Era como un aviso, para que cuando despertase del sueño y volviese a la realidad en septiembre, abriera los ojos poco a poco. Los sueños siempre tienen un despertar. A veces intentamos seguir durmiendo para que continúen, prolongando así un estado de éxtasis irreal pero agradable. En mi caso, ya estoy despertando del todo. El otoño ha sido duro, y el invierno ha llegado con una espesa niebla que me impide ver más allá de mi despertar.

Estudiante, hija, esposa, periodista, lectora, espectadora, teleoperadora, mujer, madre… Noviembre llegó con una apendicitis de mi hija, a la que adoro. Los pies sobre la tierra, para no perderme. Pero… tengo una enorme caja que guarda la última sorpresa agradable del año. Y seguir diseñando  mi próximo sueño, quizás a pedales o quizás entre las nubes. Creo que ese también lo compartiré en la web.

Hasta entonces os deseo a todos ¡Feliz 2016!



lunes, 14 de diciembre de 2015

A García Lorca le ha encantado La Novia, de Paula Ortiz.

En relación al cine, la noticia es hoy, sin duda, las doce nominaciones de la película La Novia (Paula Ortiz, 2015) para los premios Goya: parte como favorita.




Una en su blog, tiene la libertad de escribir lo que quiera, pues es un espacio atemporal, y utilizar la primera o segunda persona a su libre albedrío. Sin cánones ni directrices establecidas. Sin limitaciones editoriales.
Incluso enviar cartas a aquellos a quien conoce o admira, o a sus amigos. Hoy quiero felicitar a Paula Ortiz (Zaragoza, 1979)  por su película La Novia.


Y a Luisa Gavasa (Zaragoza, 1951) por su interpretación tan maravillosa, que desde luego se merece el Goya, sin duda alguna. Y a García Lorca por Bodas de Sangre. Y a Leonard Cohen por The last walz. ¿Qué no entendéis la mixtura? Pues leed el post. Pero sobre todo, id al cine a ver la película. Cine con mayúscula. Lo digan o no las nominaciones.

13 de diciembre de 2015 /Aurora Pinto

“Salí anoche del cine con la poesía brillando en mis retinas y cientos de cristales clavados en mi garganta, tantos que no tenía voz. Estuve un rato callada, tragando saliva. Mi pensamiento no podía articular palabras porque se habían transformado en imágenes. Pura poesía visual. Y Lorca estaba allí, a mi lado, diciéndome “por lo bajini” que le había encantado la película. Que esta versión de Bodas de Sangre (Lorca, 1933) adquiere toda la esencia de su poema. 

Allí estaba la Luna, anunciando que: “El aire va llegando duro, con doble filo”; La novia lamentando “¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!”; el novio amándola: “Te voy a abrazar cuarenta años seguidos”; Leonardo deseándola: “Que yo no tengo la culpa, que la culpa es de la tierra y de ese olor que te sale de los pechos y las trenzas”, y la madre del novio que dice que llorará cuando esté sola porque sus lágrimas no salen de los ojos sino “de las plantas de los pies, de mis raíces, y serán más ardientes que la sangre”.

Las palabras que Federico García Lorca (Fuentevaqueros, 1898- Víznar, 1936)  escribió en verso y prosa están en los diálogos de los personajes, magníficamente interpretados por Inma Cuesta (Valencia, 1980), Alex García (San Cristobal de la Laguna, 1981) y Asier Etxeandia (Bilbao, 1975) en ese trío de amor, pasión y muerte; o Luisa Gavasa, como madre del novio, toda vestida de negro, toda contención y a la vez exhalación de dolor y rabia, o Carlos Álvarez-Novoa (La Felguera, 1945- Sevilla, 2015), que lamentablemente no llegó a ver la película finalizada, o Leticia Dolera , María Alfonsa Rosso, Manuela Vellés o Ana Fernández como secundarios de la tragedia lorquiana.  

Pero también las imágenes proyectan la esencia del quiebro, del dolor o de la pasión irracional que surgen del alma. ¿Cómo puede ser eso, si se trata de conceptos etéreos, sin materia física que les sostenga? Porque la poesía es además una experiencia sensorial, la de Lorca en palabras, la de La Novia de Paula Ortiz en imágenes.

Hay que ser valiente y arriesgada para tomar un texto de Lorca y adaptarlo a un guion cinematográfico. Esta directora zaragozana lo hizo.  Conozco además a muchos de los que han participado en el proyecto y sé que ha sido un proceso de producción largo y duro, incluido un rodaje en condiciones poco agradables. Pero el resultado final ha valido la pena, Paula, puedes estar segura de ello.

Desde mi ventana, que no es la tuya, quiero publicar estas palabras, para que como un hilo de agradecimiento te lleguen entre cientos de ovillos de colores. Pues mucho se ha escrito (y se escribirá) sobre La Novia. En su presentación en la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastian, en las candidaturas a los Goya, o en su estreno el pasado viernes 11 de diciembre, decenas de críticas, reseñas, reflexiones, opiniones en facebook…  Cuando te entrevisté hace tres años  me dijiste que las críticas no te afectaban, ni siquiera las buenas. Yo te interpelé diciéndote que no me lo creía.

-    Lo que verdaderamente importa es cuando vas al cine y ves que hay gente a la que le llega la película, sobre todo cuando ves que el público sale emocionado… eso es muy bonito.

Pues en este caso, lo has vuelto a conseguir, Paula.

También le pregunté por los premios, por lo que significaban. Le pregunté si soñaba con un Oscar y me dijo que no. Entonces acababa de llegar de la gala de los Goya, en la que estuvo nominada a mejor dirección novel por De tu ventana a la mía.

-   Pues los premios, de verdad, de verdad... Lo pasé muy mal en los Goya, por la exposición, me da pudor. Pero por otro lado es un empujón muy grande para la película y para todos los que la han hecho.

En este caso, creo que ya puedes ir preparándote, Paula, porque vas a tener que ir de nuevo, y casi seguro que subirás al escenario a recoger algún premio.
En esa entrevista que tan generosamente me concediste, aún sabiendo que no se iba a publicar en ningún medio, te pregunté porqué había tan pocas mujeres directoras de cine y reconociste que "hay muchas mujeres muy bien preparadas pero sigue siendo un mundo masculino". Hablando de géneros, también me confesaste lo del reloj biológico que las mujeres tienen en marcha cuando pasan de los 33 años y todavía no tienen hijos. “Tic-tac, tic-tac”, me dijiste sonriendo.

Paula vivió en Nueva York, donde me reconoció que fue “muy estimulada intelectualmente”.

-    En Nueva York no aprendí ninguna técnica de realización que no hubiera podido aprender aquí, pero los profesores cambiaron  mi actitud a la hora de trabajar en el cine. Allí ni sobrevaloran ni infravaloran, se lo toman como un trabajo  y son muy constructivos.

Veamos otras congruencias constructivas. De Poeta en Nueva York, escrita por Lorca cuando estuvo allí  nueve meses entre 1929 y 1930, uno de sus poemas, Pequeño Walz Vienés, fue versionado por Leonard Cohen (Westmount, Canadá, 1934) (que también confesó haber quedado impregnado de poesía al leer a Lorca cuando tenía quince años), y a él se refiere en los márgenes que marcan  la dignidad y la belleza. Take this walz sería Lorca musical, como La Novia es Lorca en cine.


En esa entrevista comenzamos hablando de cine y, sin casi darnos cuenta, también hablamos de poesía, le pregunté como una filóloga sentía esa pasión por el cine…

-    La filología y el cine están muy cerca. Yo estudié filología porque me gustaba mucho la literatura, me gusta mucho leer y la parte narrativa de como se cuentan las historias. Me interesa el cine desde el lado narrativo pues la base primera es contar historias, con otro lenguaje, con otros códigos y en otro arte, pero es lo mismo.  Porque en el cine hay una gramática y una lingüística, para sacar toda la expresión narrativa posible a una escena.

En La Novia esos códigos y ese lenguaje a los que hacía referencia exprimen toda esa expresión narrativa.  Por añadir alguna crítica a la película, apelaría al tempo lento, quizás en algunos momentos excesivo, tal vez en los primeros planos, o en el abuso de la reiteración en la metáfora. Pero, igual que en este blog, el autor de una obra puede tomarse aquellas licencias que considere.

Luego le pregunté si escribía poesía y me dijo que no, pero que leer poemas le devuelve tranquilidad y paz.  

Parafraseando, con atrevimiento, a Lorca, te diría Paula: Que yo no tengo la culpa de que me gusten tus películas. La culpa es de la poesía y de tu empeño por esa belleza visual que traspasa la pantalla del cine y llega al alma del espectador. Y aportan también tranquilidad y paz".


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Un documental imprescindible

Si hablamos de los vínculos que Aragón tiene con el cine, desde sus inicios a principios del siglo XX, nos vienen nombres a la cabeza, como Segundo de Chomón, Florián Rey, Luis Buñuel, CarlosSaura, J.Luis Borau o, en estos últimos años, Miguel A. Lamata, Ignacio Estaregui o Paula Ortiz. Es probable también que muchos sepan que Zaragoza fue el lugar donde se rodó la primera película española, Salida de misa de doce del Pilar (E.Gimeno, 1896) y algunos conocerán lugares de esta tierra aragonesa donde se rodaron spaghetti western en los años 60 o películas españolas como Jamón,Jamón (Bigas Luna, 1992).  Pero más allá de todo ello, existen otros nombres  que han contribuido con su trabajo y su pasión por el cine al desarrollo del séptimo arte, no sólo en Aragón sino también en la cinematografía española y que son menos conocidos. Entre ellos, destaca Eduardo Ducay (Zaragoza, 1926), productor de películas como Tristana (L.Buñuel, 1970) o  El bosque animado (J. Luis Cuerda, 1987)  y otros trabajos de publicidad para cine,  guionista y escritor así como crítico de cine. 
La zaragozana Vicky Calavia ha realizado un documental  sobre su figura y su trayectoria, Eduardo Ducay, el cine que siempre estuvo ahí, que se estrenó ayer miércoles en los cines Aragonia de Zaragoza y que contó con la presencia del propio Ducay. Vicky  ha pretendido con este trabajo reconocer y difundir la figura de este productor creativo, en cierto modo “olvidado”, tal como observa  la propia directora. En el acto de presentación del documental Vicky estuvo acompañada por Nacho Escuín, Director General de cultura del Gobierno de Aragón;  Saul Esclarín, Director General de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza y Pepe Quílez, Director de Aragón Televisión, tres entidades que han colaborado en la producción del proyecto.

Un trabajo riguroso, exquisitamente documentado y que, durante 55 minutos, narra el recorrido profesional a través de la voz del propio Ducay en primera persona, pero también con las voces de  directores y profesionales del cine que trabajaron con él, como Carlos Saura, Jean-Claude Carrière o Fernando Méndez- Leite  y otras voces como la historiadora (y su biógrafa) Alicia Salvador, Javier Espada o Luis Alegre. Precisamente,  tal como reconoció la directora Vicky Calavia en la presentación, Luis fue el artífice del título del documental porque “Eduardo siempre estuvo ahí”, haciendo referencia a las facetas de Ducay no solo como productor sino como activista e impulsor del cine español. 
El documental recorre cronológicamente desde su nacimiento en el Coso de Zaragoza y sin ahondar en aspectos de su vida personal,  una trayectoria que comenzó en una España de posguerra, donde la actividad cultural estaba fuertemente controlada por el régimen franquista. En ese contexto,  Ducay fue uno de los creadores del cine club Zaragoza, con tan sólo 19 años en el cine Eliseos de Zaragoza, desde donde nos relata también otros episodios de su trayectoria. 

El espectador disfruta de fragmentos de muchos trabajos de Ducay, entre los que quisiera destacar Cartas a Sanabria (1955)”, único trabajo dirigido por él  que inicialmente debía ser un documental industrial pero que, tal como explica él mismo, pretendía mostrar la realidad de una zona de la España de los 50. Lamentablemente, la mayor parte de los negativos rodados se velaron.  El zaragozano no volvió a dirigir y se dedicó desde entonces a la labor de productor, esa figura que no por menos conocida es el eje de todos los proyectos cinematográficos. Este productor tuvo además la iniciativa de partida en muchos de sus trabajos, iniciando la búsqueda del director, el elenco de actores y participando en la creación de la película. Impulsor de Movierecord, la publicidad cinematográfica y productor de películas musicales para Los Bravos o Rocío Durcal, Ducay nos describe con su sentido del humor y su discreción, como desarrolló la profesión. Finaliza su narración también discreto y tajante: ¡Y esto es todo!. Pero Vicky Calavia nos deleita con un agradable plano final, que hace caer en la cuenta al espectador de  lo sugerente que hubiese acontecido el estreno de este documental en el Cine Eliseos de Zaragoza. Pero como todos sabrán, está cerrado.
Imagen: Cine Elíseos. Archivo Gobierno de Aragón

Eduardo Ducay el cine que siempre estuvo ahí es un documental necesario que se convierte en un documento imprescindible, testigo de la la presencia aragonesa en la historia del cine español. Por ello, debemos estar agradecidos a Vicky Calavia por el trabajo realizado y por toda su labor investigadora y divulgadora de la vinculación aragonesa al cine español. 


La producción, que se presentó en la 60 Semana Internacional de Cine de Valladolid, SEMINCI, el pasado 29 de octubre,  se exhibirá en los cines Aragonia del 23 al 26 de noviembre, a las 18,30. No hay que dejar pasar la oportunidad y hay que ir a verlo

martes, 17 de noviembre de 2015

Que veinte años no es nada. FCZ


Este jueves 19 de noviembre  a las 20 horas se celebrará en los cines Aragonia el acto de inauguración del Festival de Cine de Zaragoza  y se proyectará, fuera de concurso, la película Nadie quiere la noche, de Isabel Coixet. En la planta superior del centro comercial podemos visitar, también dentro del marco del festival, la exposición Visiones del cine español, un conjunto de 35 obras (pintura, escultura y fotografía) de varios autores que interpretan con su estilo y técnica propios diversas películas españolas.

Este es uno de los diversos eventos que se llevarán a cabo en la conmemoración del vigésimo aniversario del Festival de Cine de Zaragoza. Desde 1996, lo que comenzó llamándose "Festival Nacional de Cine de Jóvenes Realizadores Ciudad de Zaragoza", ha ido creciendo y evolucionando, adaptándose a los nuevos tiempos y a las nuevas necesidades, siempre respaldado por el Ayuntamiento de Zaragoza. En aquella primera convocatoria se recibieron 85 trabajos para dos únicas categorías: cortometraje video y cortometraje cine. El cine todavía se rodaba en formato negativo con película fotográfica de 35 mm.
Cartel de la primera edición del Festival. 1996

En esta 20ª edición, donde ya sólo existe el cine digital, se han recibido 716 trabajos: cortometrajes de ficción, cortometrajes de animación, videoclips, largometrajes ópera prima, documentales, microcortometrajes. De todos ellos, 174 han sido seleccionados para optar al Premio Augusto en cada una de las categorías, que cuentan además con premio para los trabajos aragoneses en cortometraje de ficción, videoclip, documental y microcortometraje. Además, 34 obras se mostrarán fuera de concurso en la sección informativa.
Hasta el próximo 28 de Noviembre, una cuidada programación en diferentes sedes, distribuirá por la ciudad de Zaragoza proyecciones de esas 208 obras.


El Festival distinguirá con el Premio Augusto Ciudad de Zaragoza al actor Federico Luppi (Ramallo, Argentina, 1936) - además el país invitado es Argentina - y a la actriz Mercedes Sampietro (Barcelona, 1947), y entregará al actor y director Daniel Guzmán (Madrid, 1973) el Premio Augusto del corto al largo.

Los premios Augusto a los oficios de cine reconocen el trabajo del maquillador Pedro Rodríguez, bilbaíno que creció y se formó en Zaragoza y que obtuvo el premio Goya en 2011 por Balada Triste de Trompeta y 2014 por Las brujas de Zugarramurdi, ambas de Alex de la Iglesia, y al del director artístico Julio Luzán, creador de escenografías para cine, teatro y televisión, así como para los parques temáticos Dinópolis o Port Aventura.

Otros reconocimientos serán el Premio Augusto a la Entidad, para la Biblioteca Nacional por el apoyo al audiovisual, y el Premio Augusto de apoyo al cortometraje para la Universidad San Jorge y CPA Salduie.  Entre las novedades de esta edición hay que destacar el interés del festival por contar con la participación de los más jóvenes, para lo que se han creado las secciones Formación Audiovisual y Encuentros escolares, con los premios al Mejor Corto Valores Educativos para primaria y secundaria y al Mejor Corto de Alumnos de Formación Audiovisual. 

La película Ocho apellidos vascos, por su éxito en salas el pasado año, recibirá el Premio Cine Palafox, que entregará Zaragoza Urbana S.A y que es también otra de las novedades de esta edición.
También, y fuera de concurso, el jueves 26 se presentará la película Refugios, debut en el largometraje de Alejandro Cortés (Zaragoza, 1983), que es una coproducción hispano-argentina y cuyo rodaje se llevó a cabo en varias localizaciones de Aragón y en Argentina.

Otra exposición se muestra también en el Centro de Historias: La máquina del tiempo del cine aragonés, dentro de la programación de la sección informativa que incluye multitud de actividades paralelas al Festival.

Que veinte años no es nada. Y es que hace veinte años no sólo el Festival de Zaragoza comenzó su andadura, sino también los festivales de Fuentes de Ebro y La Almunia de Doña Godina. Por ese motivo, se realizará una gala conmemorativa que revela el hermanamiento de los tres festivales. El viernes 27, la Sala Luis Galve del Auditorio de Zaragoza será el escenario del espectáculo 20 años no es nada, producido por los tres festivales.



Todo un abanico de actividades de cine que en las dos próximas semanas de noviembre mitigarán los primeros fríos en la ciudad de Zaragoza. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Manuel Arcón. Moldeando la vida

Se expone en el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza una retrospectiva de la obra de Manuel Arcón (Barasona (Huesca), 1928). Una escultura de inclinación humanista, con predilección por los aspectos esenciales del volumen, según la define Rafael Ordóñez Fernández. Se distribuyen en tres salas más de cuarenta piezas tanto figurativas como otras de tendencia constructivista, así como maquetas y representaciones de obras de carácter público y monumental. 



Hace dos años realicé una entrevista a Manuel Arcón con motivo de un trabajo académico. Aunque es un hombre de pocas palabras que se expresa mejor a través de sus obras, hablamos durante unas horas de lo terreno y lo divino, de sus obras y su trayectoria creativa, de su vida, en definitiva, con la sencillez que le caracteriza. Tengo un grato recuerdo de aquel día. Cuando llegué, Manuel me trataba de usted, con esa exquisita educación muestra de respeto del siglo pasado. Al finalizar la entrevista me regaló un catálogo de una de sus exposiciones con una dedicatoria que comenzaba: "A mi amiga....". A continuación publicaré parte de esa entrevista reeditada en la que se nombran muchas de las obras que forman parte de la exposición. Esta es la manera de reconocer públicamente mi agradecimiento por su generosidad y por su arte. No sin antes recomendar a los zaragozanos o aquellos que visiten la ciudad hasta el 24 de enero, que disfruten de la exposición “Las formas de la vida”. La entrada es gratuita.


Manuel Arcón nació en Barasona/Graus hace 87 años. Es uno de los escultores más prolíficos de Aragón. Sus manos han esculpido obras en madera, piedra, mármol y bronce. Imágenes figurativas, sensuales, elegantes y otras abstractas, ingeniosas y sugerentes que en diversas localidades, son testigo de su sensibilidad y destreza.  Pero él, con virtuosa sencillez, advierte al abrirme la puerta: “si yo no soy nadie importante”. Al entrar en el pequeño piso donde reside desde hace más de cincuenta años el aire pesa más que afuera. Vive sólo pues es viudo desde hace seis años. El techo de su salita está empapelado con hojas de revistas en las que aparecen obras de Picasso y otros artistas. Predomina el cubismo. Se sienta en un viejo sofá y se tapa con el faldón de una mesa camilla que tiene un brasero eléctrico encendido. Me invita también a taparme.

P: Dicen que los artistas tienen un genio “especial” o extraño, pero yo le veo muy normal…
R: Yo que sé. A lo mejor ni soy artista…
P: ¿No se considera usted un artista?
R: Yo me considero una persona normal, sin excentricidades.

Le pregunto sobre el lugar de su nacimiento, Barasona, de sí su familia era de allí. Explica que su padre era perito industrial y estaba trabajando en el pantano. En los años duros de la posguerra era difícil sobrevivir y más aún sería dedicarse al arte. Pero a Manuel le gustaba mucho dibujar y sus padres tuvieron que aceptar su ingreso en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza: “No veían con buenos ojos que me dedicara a esto pero yo era muy tozudo”.

P: Y ¿cómo surgió en usted la vocación artística por la escultura?
R: Estando en la Escuela de Artes me enteré de que uno de los profesores, el escultor Félix Burriel, necesitaba un ayudante. Se lo propuse y me dijo que sí. Estuve con él, en su taller, cinco años. También estuve luego un año en Barcelona, con Enric Monjó.

Pero en su afable sencillez, Manuel no explica que en 1950 obtuvo una mención honorífica en el VIII Salón de artistas aragoneses que organizaba el Ayuntamiento de Zaragoza  y que luego ganó por oposición una beca de escultura convocada también por el Ayuntamiento, de un año de duración, que le permitía solucionar la precariedad económica del momento. Confiesa también que después de un tiempo en Barcelona, cuando volvió a Zaragoza,  ésta le resultaba casi desconocida. 
-      Es que cambio mucho la ciudad-  le digo.
-      No, no es que cambiase… a lo mejor el que había cambiado era yo - Y sonríe.   

P: ¿Recuerda usted su primer sueldo o la primera vez que le remuneraron por una de sus obras?
R: (Se ríe) Yo nunca he buscado ganar dinero. Siempre he pretendido, lo digo con sinceridad, aprender, solamente.  Cuando me trasladé a Barcelona, no fue por ganar  dinero. Monjó era un escultor muy prolífico, trabajaba mucho y nunca le pedí jornal… me conformaba con lo que él me quiso dar.
P:   Pero  luego usted tuvo su propio taller
R: Sí, en la calle Monzón. Ahora ya no lo tengo. 

Manuel cerró su taller en el año 2014, después de más de 50 años. Y aunque le sugiero que un artista no se jubila nunca, contesta, apenado, que ya no tiene fuerzas. Pero muestra orgulloso una gran llave de hierro enmarcada, que le dieron los vecinos  cuando dejó el taller, con la inscripción “Asociación Torrero-Delicias. A Manuel Arcón Pérez. Llave de la república. 2014”.  Otras placas y reconocimientos llenan también el salón. Las va mostrando tímidamente. 

Los ciudadanos somos bastante desagradecidos con las esculturas urbanas. Pasamos por delante de ellas cientos de veces, las vemos, las observamos, incluso las admiramos… y qué pocas veces sabemos o nos preguntamos quién es el autor. En bronce, mármol o piedra, varias de las esculturas que animan la ciudad de Zaragoza y otros puntos de Aragón son obra de Manuel Arcón. 

Monumento al cofrade, en la plaza del Justicia. Zaragoza.
P:  Casi al final de la Avenida San José de Zaragoza está La lavandera¿Quién fue la modelo?

R: Nadie. Yo no he tenido modelos, solo he observado mucho el naturalMucho –insiste y afirma con un movimiento de cabeza-.  Me he fijado mucho en las personas, los miembros, la anatomía…y en la cuestión de paños… Pero nunca he tenido modelos. Cuando hice una escultura de Goya para la plaza de toros…
-    Sí, Goya en el tendido- apunto.
- Sí. Pues cuando se inauguró, los periodistas me preguntaban qué modelo había usado… pues ninguno, les decía yo; no he tenido modelo nunca. A lo mejor me hubiera ayudado, no lo sé. Pero ha sido todo a base de mucha preparación y observar mucho.
Pues en esa escultura hizo usted un Goya muy serio, casi malhumorado… ¿se documentó usted sobre el carácter del pintor?
-      Sí. Tomé mucha documentación sobre todo de la iconografía que ya existía.

P: ¿Y para la escultura de Eduardo Jimeno, en la Plaza Ariño?
R: Fui a Madrid  y pude ver incluso una de sus cámaras.
P: Por cierto, ¿le gusta el cine?
R: Pues  por ejemplo, Lo que el viento se llevó, que tuvo tanto éxito, a mi me parece un “rollo macabeo”. En cambio, en aquella época, había otra película, Las zapatillas rojas, que era la antítesis: la mirada europea frente a la mirada norteamericana. Yo creo que los europeos han hecho cosas muy interesantes en cine.

Manuel no sonríe demasiado, pero tiene el gesto amable. Su voz es débil aunque saca el genio cuando habla de algo que le indigna, como las injusticias sociales o la corrupción política. Confiesa que lee poco. Ha votado siempre en todas las elecciones desde que llegó la democracia. Durante el franquismo no se sintió censurado pues dice que no se “metía en nada”.
Pudo, sobre todo gracias a los encargos de obra pública, mantenerse económicamente y seguir desarrollando su inquietud artística, investigando las formas y las materias, las técnicas y los estilos. En los años sesenta dedicó buena parte de su tiempo a la imageniería religiosa, en el taller de los Hermanos Albareda: “Arte sacro, figuras para altares”, dice.

P:¿Es usted religioso?... varias de sus obras están en Iglesias, como el Apóstol Santiago en Huesca… o en la fachada de la Basílica del Pilar, los medallones de los Papas…

R: No. No soy religioso. A misa no voy nunca. Pero hice esos trabajos muy a gusto, gracias a un canónigo que conocí. Aunque no me atreví a cultivar la amistad con él porque lo consideraba superior a mí. 

P: Es usted muy humilde, Manuel… ¿Mantiene relación con otros artistas?  ¿Qué opina de la creación de tendencias?
R: Siempre he estado en mi estudio. Hubo unos cuantos artistas que crearon una sociedad y se integraron en el Antiguo Matadero. Alberto Gómez Ascaso, entre ellos, que es amigo mío, y en su biografía me pone a mí como su maestro… 


Escultura de Gómez Ascaso. Exposición Plaza España. 2013
Y suspira como negando la última frase. 
P: Pero usted le enseñó a él y a otros...
R: Yo no he enseñado nada- dice como si hablase para el mismo, mirando hacia el suelo  mientras  ladea la cabeza y encoge los hombros. 
Le insisto con un interrogante en mi mirada y mi silencio. Y añade: "Solamente aporté mi trabajo y mi presencia. Venían a ver como trabajaba yo… se fijaban y aprendieron mirándome".

Algunas de sus obras y maquetas todavía duermen en su casa cortejadas por dibujos, cuadros de otros artistas, y también de su esposa: “Milagros Martínez, era muy habilidosa, más artista que yo. Una mujer extraordinaria”, subraya. De de sus tres hijos, solo uno vive en Zaragoza.  Los otros dos están lejos: uno en Múnich y el otro en Azerbaiyán. 
P: Aunque rodeado de sus obras… ¿Se siente solo?
R: En algún momento sí, porque el día es muy largo. Las tardes son eternas. Menos mal que con el aparato este, ese trasto (señala la televisión)
 P: ¿Y cómo se las apaña, Manuel?
R: Pues como puedo. Viene una asistente social los lunes, dos horas; pero es sólo un día. El resto de días me tengo que apañar yo. Me fallan mucho las piernas y me cuesta mucho salir a la calle.
P: Cuando vivía su esposa ¿cocinaba usted?
R: No. He tenido que aprender (risas)

Manuel se resiste a perder su independencia. Aunque reconoce que ver a sus nietos le alegra y su hijo le visita semanalmente, no le seduce la idea de irse a vivir con ellos. Prefiere seguir en su casa donde hace lo que quiere, dice: “aunque a lo mejor algunos piensan que lo tengo todo como una merienda de negros, yo estoy a gusto”.
P: ¿Cómo aceptaría que le ingresasen en una residencia?
R: Yo mal, muy mal. No me gustan las residencias. Llevamos a mi madre a una residencia y es lo que más me duele… que no me porté bien con ella; estaba alejada del cariño de los hijos. Y cuando iba a verla me caían  las lágrimas.

P: ¿Piensa usted alguna vez en la muerte?
R: De vez en cuando uno piensa… ¿Qué hay detrás de esto? ¿Y si no hay nada? Eso que dicen del paraíso… ¡que paraíso ni leches! A lo mejor no hay nada, y aquí se ha acabado todo.

Manuel añade que la vida la considera ya un poco pesada y no le gustaría vivir muchos años. Nos quedamos en silencio. Me fijo en sus manos. Pienso en cuántas esculturas habrán moldeado. Le pregunto si las tiene contabilizadas: “Muchas, muchas”. Pero no sabe la cifra.

P: Volvamos a la escultura ¿con que se siente más cómodo: barro, yeso, bronce, piedra?
R: Cada materia tiene su encanto. El barro da libertad de creación, se puede hacer y deshacer pero no se mantiene, es una materia blanda y hay que conservarlo tierno a base de agua; como empiece a abrirse un poco y entre agua por la grieta, lo corta y lo deshace. La madera tiene su encanto pero también sus intríngulis. Hay que trabajar con materiales nobles, maderas buenas. La piedra hay que trabajarla de otra forma…

P: Algunas de sus obras son abstractas, pero otras siguen una estructura cubista, como la fuente de la Plaza Sas o El Esfuerzo, en la calle Duquesa Villahermosa.
R: El esfuerzo representa un hombre musculoso y yo quería llamarle El esclavo, pero vino un político que estaba entonces en la alcaldía y dijo: “aquí, hoy en día, no hay esclavos”… “¡el esfuerzo!”, dijo. Y El esfuerzo se llamó.  La fuente de la Plaza Sas es una obra que gustó mucho y estoy muy orgulloso de ella. Tengo una réplica en el pasillo.

Señala con el dedo índice  hacia la puerta y me invita a acompañarle. Recorremos un pasillo repleto de obras, réplicas, cuadros, muebles… un museo exquisito de   piedra, madera, yeso...

También ha realizado algunos muebles, dice. Muestra orgulloso una escultura en piedra que confiesa que es una de sus obras favoritas: La familia. En la pared, llama la atención un crucifijo, con el Cristo tallado en madera. Cuando le pregunto por las obras que tiene fuera de Zaragoza va nombrando Huesca (Santiago Apóstol), Sabiñánigo (Baño de sol), Villanueva de Sigena (Miguel Servet), La Almunia de Doña Godina (San Cristóbal)... 

Señala también una réplica pequeña en madera de Canto a la vida, cuyo original está en Alcañiz . Es una obra de una enorme sensibilidad, donde el hombre eleva a la mujer, con  un toque casi divino, mirando al cielo…


P: ¿Qué opina de la emancipación de la mujer en el tiempo que usted ha vivido?
R: La mujer estaba desconsiderada pero vale tanto o más que el hombre. La mujer hay que tenerla en cuenta. Es muy inteligente.

P: ¿Cual de todas esas obras no vendería jamás?
R: Penélope…
P: ¿Cruz?
R: (Ríe). Ahora voy un poco apurado con el dinero, porque tengo una pensión miserable…y vender alguna pieza me aliviaría… pero el dinero no dura nada… y te quedas sin perras[1]  y sin obra, así que hay que ver bien las condiciones... según quien se lleva la obra puedes disponer luego de ella para una exposición…

Nos detenemos. Señala una cabeza femenina, en mármol blanco, que preside la entrada de la casa. Es Penélope, un retrato inspirado en su esposa cuando eran novios. 

P: ¿Por qué se llama Penélope?
R: Penélope fue la mujer de Ulises en la mitología griega. Él estuvo ausente durante muchos años… primero fue a la guerra de Troya y luego se perdió por el Mediterráneo…  Cuando hice esta escultura yo estaba en Barcelona y Milagros, mi mujer, aquí en Zaragoza. Por eso me inspiró...Era una mujer extraordinaria (se emociona).


P: Manuel, ¿le queda alguna asignatura pendiente que con el tiempo se esfumó?
R: ¡Uy!, tantas cosas… siempre se queda uno a medias.

En sus ojos brilla la generosidad y una extrema sencillez. Es tan modesto que le cuesta mirar a la cámara cuando le hago fotos. Posa su mano con ternura sobre Penélope y acaricia la ausencia como si estuviese moldeando el tiempo en forma de escultura invisible. Moldeando la vida.
Portada del catálogo de la exposición. 



[1] dinero en lenguaje coloquial aragonés