viernes 27 de noviembre de 2009

VINAGRE Y ROSAS

Ver y escuchar a Sabina en directo es una adicción. Ya es la tercera o la cuarta vez que lo veo en Zaragoza y si viniera otras tantas repetiría a buen seguro.
Las adicciones son el tema principal de la película “Días de vino y rosas” que Blake Edwards dirigió y por la cual consiguió el Oscar a la mejor canción en 1963. No sé si Joaquín Sabina ha “tergiversado” el título y ha dado un guiño al film al titular su nuevo album Vinagre y rosas. Lo que si es cierto es que las adicciones de este tipo me encantan y Vinagre y rosas es una especie de coctail donde la amargura y el dolor se combinan con la poesía más dulce y aromática; ácido, amargo, fuerte, picante, socarrón, como el vinagre; perfumado, colorista, tierno, bello como las rosas. Eso es Sabina, una adicción de la cual no voy a huir mientras el bolsillo me lo permita (eso sí las entradas un poco caritas, si no fuese porqué me ha invitado quien sabe que no estoy en situación económica de permitirme estos lujos… por cierto, millones de gracias). Pues eso, poesía pura en vinagre, como los pepinillos para el aperitivo, pero con un toque de perfume musical de rosas.
El concierto de ayer estuvo marcado por la entrega de un público que coreaba todas las canciones “inmortales” de Joaquín y regaló en dos ocasiones al “poetacantante” un colectivo abrazo materializado en una larga ovación de aplausos y espectadores en pie. Con un impecable equipo de músicos y corista que le acompañaron y se marcaron sus propios solos, Joaquín estuvo dominando el escenario en todo momento. A Sabina se le ve bien, físicamente. La voz no ha perdido sus quijotescas caracterísicas pero hay algo que noté y que quiero apuntar aquí. Joaquín se está haciendo mayor, no porqué se le note en sus andares o en el pulso, o pierda vitalidad en la socarronería de sus gestos divertidos cuando mueve las manos cual bailarín de claqué, sino porqué ha ganado en elegancia. Una elegancia que se traduce no sólo en su porte, sino también en las letras de sus canciones, en la puesta en escena. Es como si con los años ganare esa clase de corte aristocrático que a buen seguro le disgustaba tanto en sus años de juventud. Y eso le hace todavía más atractivo, más contradictorio, como cuando en sus sonetos une a la prostituta con la más tierna de las melodías.
En la película “Días de vino y rosas”, Joe (Jack Lemon), reflexiona sobre la importancia de la voluntad propia a la hora de dejar las adicciones, el alcoholismo en ese caso. Seguramente la asociación de ideas de los dos títulos que a mi me ha venido a la mente ni siquera exista pero Vinagre y rosas anula por completo mi voluntad para dejar la adicción a Sabina, así que seguiré siendo Joaquinsabinista, de momento, y comparé en cuanto pueda el CD con las nuevas canciones.
Y para darme ánimos a mi misma, termino con uno de sus sonetos. Gracias maestro.

“Usa mi llave cuando tengas frío,
cuando te deje el cierzo en la estacada,
hazle un corte de mangas al hastío,
ven a verme si estás desencontrada.

No tengo para darte más que huesos
Por un tubo y un salmo estilo Apeles
Y páginas anémicas de besos
Y un cubo de basura con papeles.

Ni me siento culpable de tu lejos,
Ni dejo de fruncir los entrecejos
Que usurpan de tus ojos la alegría,

Si quieres enemigos ya los tienes,
Pero si socios buscas, ¿Cuándo vienes
A repartir conmigo la poesía?

miércoles 25 de noviembre de 2009

Neveras y cadáveres

Terry Gilliam es un director de cine que se empeña en rodar películas “difíciles”. La palabra difícil, en relación con el cine, se refiere a “poco comercial”, “con presupuestos elevados”, “rodaje complicado”, etc, etc. Su última película, El imaginario del Doctor Parnasus, es un maravilloso ejercicio de la imaginación y un deleite para el espectador que se sienta en la butaca y disfruta frente a la pantalla durante casi dos horas; un cuento donde la realidad y la imaginación se entremezclan, como sucede también en El Quijote de Cervantes.
Hace casi diez años, Terry Gilliam inició el rodaje de The man who killed Don Quixote de la Mancha. Cuando llegó a España para la preproducción ya había invertido antes otros diez años en la preparación de la película y Don Quijote de la Mancha se había convertido para él en un personaje que le abducía.
Lamentablemente, como me dijo hace poco un amigo, “todos tenemos cadáveres en la nevera” (por cadáver entendemos una producción que no se ha finalizado), y Terry Gilliam tiene a su Don Quixote en su nevera. El rodaje tuvo todos los problemas imaginables que puedan ocurrir en seis días (desde una tormenta que rememora el diluvio universal hasta la enfermedad de Jean Rochefort, actor que daba vida a Don Quijote) pero además arrastraba una preproducción caótica en muchos sentidos, sobre todo en la parte contractual y de financiación. Así pues, se suspendió el rodaje y el proyecto se metió en la nevera.
En el año 2002, se realizó el documental Lost in la Mancha, cuyo trailer podéis ver en el siguiente enlace (http://www.youtube.com/watch?v=pe_zLCC5EFo) con los materiales del “unmaking of” de la película y algunos materiales rodados (pocos) en el que podemos llegar a comprender todo esto que estoy explicando y el sentimiento de dolor de un director/productor cuando se abandona un proyecto en el que has invertido parte de tu propia vida. Recuerdo ahora lo que otro amigo me dijo este verano cuando abandonamos nuestro proyecto de cortometraje: ¡Qué no se acaba el mundo!. Y yo le contesté: El mundo no, pero un pedacito de vida sí.
Pero afortunadamente y a pesar de muchos agnósticos, ateos e incrédulos en general (entre los cuales me incluyo un día si y otro no), la resurrección existe.
Y Terry Gilliam abre la nevera, saca su cadáver y vuelve a darle vida a The man who killed Don Quixote de la Mancha. El rodaje está previsto para el próximo 2010. No sé mucho mas. Sé que Jonny Deep seguirá siendo el protagonista “falso Sancho Panza”. No sé si Jean Rochefort, el actor que interpretaba a Don Quijote en el año 2000 será el cervantino caballero. Lo que sí es cierto es que Terry Gilliam vuelve a España (no a las Bárdenas Reales después del desastre que vivió allí), y como Don Quijote vuelve a intentarlo. Vuelve a luchar por un sueño, contra los gigantes, contra los molinos, abre su nevera y resucita un cadáver. Tal ser divino fuera su mano, así sea la dirección de su película.
Y como le dijo Sancho a Don Quijote cuando volvió de la cueva de Montesinos:
“Sea vuesa merced muy bien vuelto, señor mío; que ya pensábamos que se quedaba allá para casta”.

viernes 20 de noviembre de 2009

Món St Benet


Un lugar donde descansar, sin spa ni "mariconadas". Tan sólo una silla frente a la montaña. La luz, las sombras, al aire, el sol.
Me encanta esta foto que hice en San Fruitos del Bages, concretamente en la visita al Monasterio de San Benet, que recomiendo (cerquita de Manresa y a los pies de la montaña de Montserrat). En él, se entremezclan el románico con el modernismo, la arquitectura y la pintura, el arte y la naturaleza... un placer, la verdad.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Tiempo y surrealismo

Salvador Dalí. 1931
"¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?"
Grouxo Marx (1890-1977) Actor estadounidense.


(Es un buen pensamiento para no desesperarse cuando uno no sabe muy bien que hará mañana)

jueves 15 de octubre de 2009

La biblioteca de Alejandría y Alejandro Amenábar: Ágora

El viernes estuve en el estreno de la última película de Alejandro Amenábar, Ágora. La sala de cine no estaba llena, pero tampoco me extrañó ya que era el primer día de las fiestas del Pilar, la entrada para Interpeñas era gratuita (con la actuación de Boney M.) y la crítica no había dado buenas expectativas que animasen a ir a verla.
No estoy de acuerdo muchas veces con las críticas que se publican en los medios, pues la mayoría de ellas obedecen a intereses comerciales o estrategias empresariales, pero en este caso he de reconocer que tenían razón.
En mi modesta opinión, Amenábar no ha sabido transmitir la emoción que nos llegó con sus anteriores películas: Los Otros, Mar adentro, Tesis.
Ágora es una película correcta, con unos decorados y una puesta en escena espectacular, una dirección artística impecable, una magnífica interpretación de los actores, pero…
La historia no avanza y van pasando los minutos de proyección sin que “pase nada nuevo”, pues todo el tiempo tuve la sensación de que “era lo mismo”. Y eso que, como mujer, me motivaba mucho el personaje de Hipatia, una “feminista” encubierta en el siglo IV, entregada en cuerpo y alma a la cultura, la ciencia, la investigación y la enseñanza. De vez en cuando, una escena de mucha acción despierta al espectador adormecido, pero también le aleja de la posible emoción que pueda comenzar a sentir por el fondo de la historia. Hay una historia de amor, hay una lucha entre cristianos y no cristianos, hay una lucha por salvar la independencia y la tolerancia, hay una historia de filosofía y ciencia… y entre todas ninguna consiguió emocionarme excepto la escena previa al asalto a la biblioteca (no desvelo nada que no esté en la sinópsis) y el intento de salvar unos pergaminos que encerraban la historia de la humanidad hasta aquel momento y los avances que el ser humano había conseguido en su evolución y en su estudio.

Quizás porqué hay una excesiva utilización de los planos cenitales, y ese abuso resta valor a los que pudieran tenerlo narrativamente. También hay demasiados planos “universales” como si el director fuese un ser divino y omnipotente, un narrador omnisciente que nos acerca como la herramienta de Google Earth al escenario de la acción. Me gustaría saber que pensaría Terenci Moix, un enamorado de Alejandría (y del cine) si viese la película. Seguro que “fliparía en colores” al poder ver esos maravillosos decorados y el ingente faro erguido junto a la costa. Bien es cierto que hay algunos planos donde la “genialidad” de Amenábar se luce, pero salvar a una película de dos horas por esos planos no me parece justo. Creo que se ha cegado por la grandilocuencia. Está bien hecha, claro, y es un orgullo para todos los españoles poder mostrar una superproducción al más puro estilo americano, pero a mi me gusta más el Amenábar español-español, con historias que me hagan llorar, reír, me asusten o me intriguen. Ver una película muy bonita y muy bien hecha que no me emocione, me deja fría y no me aporta nada más que un espectáculo para el sentido de la vista. Y yo siempre he creído que el cine es algo más.
De todas formas, id a verla porqué esto es sólo una opinión, claro, y ya me contaréis. Por cierto, vi dos guiños a Buñuel (que no voy a nombrar para no desvelar) que me gustaría que me confirmarais si alguno de vosotros también cree que es así o es una pura casualidad.

martes 13 de octubre de 2009

OTOÑO




El viento despierta,
barre los pensamientos de mi frente
y me suspende
en la luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!
Otoño: entre tus manos frías
el mundo llamea.


Octavio Paz. 1933
"Libertad bajo palabra"

miércoles 7 de octubre de 2009

¿Volver o no volver?

Regreso a Zaragoza después de cuatro meses en Madrid , cuatro meses en el pueblo y quince días caminando por ahí… ¡No reconozco la ciudad!. Llego en coche y aunque nunca voy al centro con él, hoy como tengo que hacer algunas gestiones y veo que no me da tiempo a ir a casa a aparcarlo… ¡Qué locura!. Sabía que habían comenzado las obras del tranvía, sabía que el Paseo de las Damas estaba todavía en obras pero… cuesta situarse por las calles cortadas, una vuelta, otra vuelta, busca aparcamiento, un atasco porqué todos los coches van por las mismas calles ya que las vías principales están en obras, otra vuelta, pasa el tiempo, más atasco… ¡me parece que estoy en Madrid! No es hora punta por la mañana, no coincide con la salida de los colegios por la tarde pero ir desde Sainz de Varanda hasta Paseo Sagasta me cuesta tres cuartos de hora (antes quince minutos escasos con semáforos incluidos) y… ¿cómo narices se puede llegar a la entrada del parking de El Corte Inglés de Plaza Paraíso?.
Llego cansada a casa, aparco el coche cabreada después de haber pagado más de 7 euros de parking en el centro. Por la mañana me vuelvo a ir de la ciudad. Conduciendo por la carretera recuerdo una Zaragoza en la que podías ir de una punta a otra en menos de veinte minutos en coche y llegar al centro si necesitabas hacer alguna gestión rápida. Ni siquiera con todas la mejoras que la Expo 2008 trajo a la ciudad tuve que dar un rodeo tan grande como el de ayer.
En el informativo del mediodía veo la noticia de que por fin han abierto al tráfico el Paseo de las Damas. La Gran Vía creo que tardará todavía mucho tiempo... Me planteo si volver o no volver.

De todas formas,espero que durante las fiestas del Pilar a nadie se le ocurra llegar en coche y si lo hace ¡déjalo en el Actur!.