domingo, 6 de noviembre de 2016

La noche del cine aragonés

Un año mas, y ya van veintiuno, se celebró en Fuentes de Ebro la noche del cine aragonés. Y un año más, el buen gusto y la elegancia se combinaron con sencillez en la gala de clausura de esta nueva edición que, como siempre, resultó entrañable, acogedora y amena. 



El Festival de Fuentes de Ebro entregó anoche los premios a diez cortometrajes aragoneses que habían sido seleccionados en las distintas categorías y también al mejor documental. Estar en el jurado ha sido una experiencia nueva, apasionante y, por qué no confesarlo, difícil. Valorar el trabajo de los nuevos cortometrajistas y de otros a los que ya se conoce, e incluso trabajado con ellos, se presentó como un reto delicado y comprometido. Pero la responsabilidad y el conocimiento interno de procesos de producción en proyectos audiovisuales fue el primer punto a la hora de aplicar la objetividad en la estimación. Así, se puntuaron uno por uno los trabajos para la selección y posteriormente, cada una de las categorías. A la hora de decidir los premios hubo que consensuar criterios, adoptando en algunos casos acuerdo por unanimidad y, en otros, aceptando la mayoría democraticamente.  El Festival de Fuentes valora categorías técnicas como pocos festivales de cortometrajes lo hacen; así los nominados en Guión, Dirección, Maquillaje-Peluquería, Fotografía, Arte, Producción,  Música, Edición o Actores ven premiado su trabajo. El cine es una labor de equipo y una película no sale adelante si falla alguna de las secciones, por eso es justo reconocer el trabajo de cada uno de ellos. En este caso, el jurado (Juanan Moreno, actor, Pimpi López, cámara de TVE y cortometrajista, Jesús Bosqued, director de arte, Gloria Sendino y la que escribe este post, productoras) también trabajo en equipo y, democraticamente, otorgó el siguiente palmarés:


Mejor cortometraje aragonés, premio Los olvidados: Rewind (Rubén Pérez Barrena)
Mejor documental aragonés del año: Mujeres de luz (Fernando Vera)
Mejor dirección: Javier Macipe, por Un minutito
Mejor actriz protagonista: María Jaimez, por Un minutito
Mejor actor protagonista: Luis Rabanaque, por Operación fair play
Mejor ópera prima: Operación fair play (Alberto Vallejo)
Mejor dirección de producción: Malena Carreras de Elpájarocosmico, por Rewind.
Mejor música original: Juanjo Javierre, por Rewind.
Mejor guión original: Alberto Vallejo, por Operación fair play.
Mejor fotografía: André Gil Mata, por La noche de todas las cosas (Pilar Palomero)
Mejor dirección de arte: Luis Sorando López, por Rewind.
Mejor actor de reparto: Unax Ugalde, por El trastero (Gaizka Urresti)
Mejor actriz de reparto: Conjunto de actrices de Ixtab (María Salgado)
Mejor edición o montaje: Fran Muñoz, por Le monteur, el montador (Guillermo Chapa)
Mejores efectos especiales o visuales: Lalivingston (Angel Ajenjo, Marcos Luis Hernández y Jesús Díez Velázquez) por Rewind.
Mejor maquillaje: Perucha, por Ixtab.
Javier Fesser (director) y Teresa Perales (campeona paralímpica) recogieron el premio Valores Humanos José Couso – Julio A. Parrado de este año, por el cortometraje Servicio técnico en el que la nadadora debuta como actriz: "Nunca pensé que recibiría un premio por ser actriz", dijo tan sonriente como siempre y con la fuerza que le caracteriza.

Se rindió homenaje al director Agustí Villaronga, que subió al escenario acompañado de la productora IsonaPassola y la actrices Luisa Gavasa y Bruna Cusí, que aparecen en la última película del director, Incierta gloria, parte de la cual se ha rodado en tierras aragonesas.


La gala estuvo conducida por los periodistas Jesús Nadador y Javier Vázquez y contó con la actuación de la cantante Silvia Solans que interpretó, con su magnífica voz, melodías relacionadas con el leitmotiv de la gala, el agente 007, James Bond y sus películas.


Vuelvo al inicio. Un año más, la noche del cine aragonés fue un éxito en Fuentes de Ebro. Gracias, José Antonio Aguilar, director del festival,  y el equipo que le acompaña (reducido, sólo siete personas sacan adelante, con ilusión y esfuerzo, el festival). 
Lo más difícil para mí fue conocer los premios y no poder publicarlos (vicio de cualquier periodista) antes de la gala. Ahora sí. Enhorabuena a todos. ¡Nos vemos en el cine!

Aurora Pinto, Juanan Moreno, Pimpi López, Gloria Sendino, Jesús Bosqued
Jurado de la 21 edición del Festival Fuentes de Ebro.



martes, 4 de octubre de 2016

Doblemente feliz


Dice el tópico que ser madre te aporta muchas satisfacciones. También que con los amigos se comparten los buenos momentos

Suena mi Smartphone (bueno, no es una llamada, sino un whatsapp de voz). El teléfono reproduce el mensaje. Es Luisa Gavasa, gran actriz y amiga, a la que, por cierto, hace ya demasiado tiempo que no abrazo en persona. Con su voz cercana, de acento aragonés, me anuncia que mi hijo ha ganado un premio en el Alejandría Meditrraneam Countries Film Festival. Al principio me sorprendo. ¿Luisa? Se cuela su sonrisa en el mensaje mientras, orgullosa, confiesa que fue para ella un placer recoger el premio como representante española (y aragonesa) en nombre de Ignacio Lasierra. Sigo escuchando. Me cuenta que estaba allí invitada por el festival que le brindaba homenaje a toda su carrera. Pero que  al final subió al escenario tres o cuatro veces; Se ríe narrando que cada vez que escuchaba su nombre, aunque no entendía muy bien el motivo(pues la gala se celebraba en árabe y poco podía entender), subía de nuevo al escenario para recoger uno u otro premio.


Vuelvo a escuchar el mensaje. Necesito confirmar lo que oigo. Sí, sí. Es ella (verifico la foto de contacto en whatsapp) y su inconfundible voz se cuela de nuevo avanzando desde mis oídos hasta esa parte invisible que algunos llaman alma; yo emoción, sentimiento, corazón.
Recibir la noticia de su voz es un lujo.  De madre a madre. Ella también sabe de los éxitos de su hijo, Pablo Tobías, y se siente orgullosa cuando así ocurre. Por eso entiende mi satisfacción de madre en ese momento. Compartimos.

La admiro como actriz. Se merece el momento que está viviendo. Muchos años de trabajo, teatro, televisión, cine. Ahora llegan los reconocimientos. Luisa va a leer este año el pregón de las fiestas, desde el balcón del Ayuntamiento de Zaragoza. Su voz grave llenará todos los rincones de la Plaza del Pilar y miles de ciudadanos se empaparán de su emoción, su sinceridad, su cercanía.
Esa voz maravillosa que me anunció el premio. Mejor cortometraje documental por Mi tío Ramón 

Doblemente feliz. Enhorabuena Nacho. Gracias Luisa.




sábado, 17 de septiembre de 2016

Café Society

Woody Allen y Nueva York son una pareja de enamorados que no han firmado un contrato conyugal pero que jamás se separarán. Evolucionan juntos con el paso de los años, la ciudad sigue creciendo, imparable, y el cineasta, como cualquier humano, se va haciendo mayor. Aunque sigue haciendo películas a sus 80 años, casi una por año. Varias de  que ha rodado en el último tercio de su carrera cinematográfica se han llevado el varapalo de la crítica y de los espectadores; es como si el joven que sorprendió en los años 70 del siglo pasado con su narrativa atrevida e innovadora se hubiese desvanecido; como si se hubiera convertido en una máquina para sacar película tras película.


Con Café Society, Woody Allen (New York, 1935) demuestra que todavía está en plena forma y que es capaz de usar el lenguaje audiovisual con una maestría singular, con ese estilo autoral que le distingue, convirtiendo el humor ácido en sarcasmo dulce y explorando los sentimientos y las reacciones humanas, sobre todo en lo relacionado al mundo de la pareja, tema de la mayoría de sus películas: las relaciones de pareja, el amor. En Café Society hay un nuevo enamoramiento de Woody Allen, igual que en la trama de la película de amor a tres bandas y, sin ser infiel a la ciudad de Nueva York, aparece el Hollywood de los años 30 con todo su glamour (y una crítica ácida a la falsedad y la hipocresía de las relaciones sociales interesadas). No obstante, Nueva York aparece preciosa y delicadamente retratada, como es habitual; es un personaje más de la historia si bien esta vez el director diversifica las localizaciones con otras que representan Hollywood en sus primeros años de esplendor.


No hay tanta dedicación al psicoanálisis o la reflexión existencial  de aquel Woody Allen que buscaba la madurez a través de sus películas, ni tampoco a su preocupación por el sexo  en Café Society . La película es reflejo de que Woody Allen se ha hecho mayor, que no viejo. El ritmo sigue ágil en casi toda la película, más también que en sus primeras cintas, si bien el diálogo es parte imprescindible. Unos diálogos chispeantes como sólo él sabe construir, que no resultan empalagosos aunque el actor le confiese a su amada que la quiere, explícitamente. Si de algún empalago peca Café Society es quizás de una iluminación excesivamente romántica, atardeceres y tonos anaranjados que alejan del aspecto más realista de la historia, situándola en un plano de ensoñación, ficción recreada del Hollywood de los años 30 o del club lugar de reunión nocturna del Hampa y la alta sociedad neoyorkina. Tal vez esa fuese la intención del director de fotografía Vittorio Storao siguiendo las indicaciones de Allen, claro está.

Hay que destacar por su interpretación a  Jesse Eisenberg  que recuerda al Woody Allen joven, sin gafas, eso sí, en sus reacciones y actuación. Empalaga quizás la de Kirsten Stewart, demasiado dulce, demasiado caprichosa, pero es su papel. Y admirable la de los actores que encarnan a la familia del protagonista, el padre, la madre, el cuñado y la hermana… buena representación de las costumbres y la vida de los neoyorkinos judíos no ortodoxos, no fanáticos, pero seguidores de su religión aún sin practicarla a rajatabla, como la mayoría, quizás. 




Aunque el aspecto que diferencia esta última película de las otras es lo que trasluce del propio autor a través de los diálogos y la historia. Creo que Woody Allen ya ha madurado, se está haciendo mayor, por fin, y plantea cuestiones más existenciales como el más allá o la vida. También trasluce ese posicionamiento adulto hacia el conservadurismo, no atrevimiento ni ruptura, no escándalo ni experimentación; el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, la renuncia que dignifica o la entrega que acomoda.   Los personajes no se arriesgan, siguen la línea de la tradición, no sorprenden por sus reacciones y la presión social está presente.  El mal se paga con la muerte y el bien es recompensado con la vida.

La otra pasión de Woody Allen, el jazz, se convierte en el otro personaje de la película, que acompaña, y protagoniza en algunas secuencias, la propia historia.  Eso sí, por favor, si todavía no la han visto (y por eso no aporto más datos sobre la historia y el maravilloso punto final) véanla en versión original; el doblaje al español es un enorme fracaso, anulando totalmente la actuación del actor Steve Carell al que le han adjudicado una entonación casi ridícula que no se corresponde con su actuación original. 
Quisiera también  dar también un voto favorable al fino trabajo realizado por la dirección de arte, vestuario, maquillaje y peluquería. Todo nos traslada a los años 30, los decorados, los coches, la ambientación...en el Café Society. 

 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Quince años después del 2001


Quince años han pasado desde la caída de las Torres Gemelas. En su espacio hay ahora unas fuentes conmemorativas… del dolor. Unos agujeros engullen el agua que se desliza por sus paredes, como si con ello se llenase el vacío hacia un fondo oscuro, como si fuesen una fuente inagotable de lágrimas. 




En las ocho paredes que no existen y que bordean invisiblemente esas dos torres, los nombres de los muertos grabados en piedra, y algunas rosas que les acompañan en silencio. Y miles de visitantes todos los días, la mayoría turistas,  otros neoyorkinos.



Y es que la vida sigue en Wall Street. Quince años después el trasiego por sus calles es acelerado. Los neoyorkinos caminan deprisa por esa zona,  más que  los londinenses en la City por ejemplo, o los barceloneses por la Diagonal. Llevan, eso sí, igual que éstos, sus bolsas y maletines negros en la mano o colgados al hombro, llenos de negocios, propuestas e ideas,  en portátiles o tablets, en sus miradas que jamás miran hacia arriba para ver el final del rascacielos que les protege del sol. 





Por esas calles que hace quince años estaban cubiertas de ceniza y polvo, desastre y desesperación, con rostros ensangrentados y pies descalzos, los neoyorkinos caminan hoy  hablando con sus smartphones, aunque no llevan sus terminales pegados a la oreja sino que conversan a través de los auriculares y el cable, de manera que parece que  vayan hablando solos.  Hace quince años también hablaban solos mirando a ninguna parte, ausentes, huyendo del terror y el desastre… gritaban, lloraban. Imágenes que en directo nos ofrecía la televisión y que han quedado impregnadas en nuestra memoria. 




Por eso el visitante compara cuando llega ahí. Y busca respuestas. Y no las encuentra todavía. América se sintió vulnerable. Los americanos también. Hoy se advierte mucha protección en las calles, vigilancia incluso a los que demostramos abiertamente que somos turistas, visitantes curiosos simplemente. También observa el visitante que todavía hay obras en las cercanías quince años después y que se ha construido una enorme torre nueva, el edificio más alto de Nueva York, el nuevo World Trade Center, que está junto al espacio vacío que dejaron las dos torres.


Para no sentirse vulnerable y no olvidar el espíritu americano, esa bandera de la libertad y el progreso que les caracteriza. 


Aunque sí observa como la frenética actividad que hay, quince años después, en Wall Street se detiene al llegar al espacio vacío de las torres. Allí los visitantes miran, callan, observan, caminan despacio…
Murieron cerca de 3.000 personas de 80 países. Lo lamentable es que quince años después sigan muriendo cada día miles de personas en Siria, Irak, Afganistán, Yemen o Burundi… o en el mar huyendo de la guerra y el terror…o en Bruselas, París o Niza, Europa madre de la civilización y el progreso.  Injusticia que sigue ocurriendo, después de quince años, hoy 11 de septiembre de 2016..

Recordar sí, claro, pero rectificar también. Al comportamiento humano todavía le queda mucho por cambiar. Nos queda, porque todos somos parte y causa. Nos lamentamos, nos quejamos y dejamos en manos de nuestros representantes políticos la actuación; depositamos en ellos nuestra confianza para que “esto se arregle”. Pero no termina de arreglarse.

Fotografías Aurora Pinto. New York, mayo 2016

sábado, 12 de marzo de 2016

Al Oeste de Barcelona

Son poco más de las seis de una gélida tarde de principios de marzo y al salir a la calle sólo escucho el eco de mis pasos  y el silbido del viento verspertino. Al llegar a la Plaza Mayor encuentro la primera señal de que algo extraordinario va a acontecer hoy en esta pequeña localidad de la provincia de Huesca. Un joven apostado en el objetivo de una cámara de vídeo apunta hacia la calle San Isidro mientras regula la altura del trípode. No se ve a nadie más en ninguna de las cuatro perpendiculares calles que cruzan la plaza. No suele haber mucho tránsito de personas, ni de coches, ni de bicicletas... ya no llegan a trescientas las almas que duermen en el pueblo. A principios de siglo fueron casi mil pero la escasez de recursos en una tierra árida, como la del Oeste americano, provocó un éxodo rural, principalmente hacia Barcelona, en la mitad del siglo XX. 
Fotografías: Aurora Pinto
Luego, los cambios hacia la vida urbana...otros marcharon a estudiar y no regresaron. Los menos, los que aún perviven y sobreviven, se quedaron para cuidar de esas tierras que ahora se mojan y enriquecen no sólo con el agua de la lluvia, sino con los riegos regulados y regulares que trajo la modernización de las infraestructuras hidráulicas y permiten a pequeños, medianos, grandes, jóvenes y no tan jóvenes agricultores una gestión empresarial de sus propiedades. Y luego están los ancianos, los que no se fueron, o los que volvieron tras su jubilación. Pocos niños. Muchos solteros. Y bastantes viudas.
Esta población, invisible en las calles de un sábado ventoso, es la que va a disfrutar de una tarde especial. Y esta cronista inesperada que llegó desde Barcelona en el último tercio del siglo XX. 
Saludo al joven de la cámara y enfilo la calle hacia el cine, sabedora que me está grabando mientras me alejo. A pesar de los pocos habitantes el cine se mantiene, no sólo como salón de actos, sino con una programación semanal todos los fines de semana. Todavía está la puerta cerrada cuando llego y un joven me saluda a la entrada. Me invita a entrar y abre la puerta. Ni el cámara que he saludado en la plaza ni este chico son del pueblo. Dos jóvenes más,  uno grabando con otra cámara y el otro sosteniendo una pértiga con un enorme micrófono al final me saludan en el pasillo de acceso, en una penumbra inquietante. Tampoco son del pueblo.
La taquilla está cerrada. Hoy la sesión de cine es gratis.  


Las butacas rojas, de terciopelo, todavía vacías y el diseño de las paredes como en los cines de los años 60, invitan a quedarse. En las primeras filas unos carteles con nombres de personas del pueblo indican que tienen reservado el asiento. Otro joven, forastero también, se ocupa de ir acomodando a los que llegan, poco a poco.
Tímidamente en el cine se va ambientando la tarde. Las mujeres ya han salido de misa y vienen casi todas, llenando los espacios vacíos con sus voces, risas y algarabía.

La expectación se hace murmullo y poco a poco se convierte en silencio. De pronto, un pistolero jubilado ataviado con un vistoso poncho irrumpe por una de las cortinas laterales (lo que es la puerta de salida de emergencia), también de terciopelo rojo, como el telón que cubre la pantalla. Saluda al público, que le aplaude. Se presenta. Es Alberto Gadea, un actor especialista que intervino en la película que vamos a ver. Desde una fila detrás a la que me encuentro, una voz atrevida le pregunta ¿No estará cargada?. 

Alberto Gadea



Aberto Gadea cuenta que esa pistola se la regaló el actor de El bueno, el feo y el maloEli Wallach, en uno de los rodajes en los que coincidieron. Narra también como se lastimó la muñeca durante el rodaje de una de las escenas en estas tierras. Recuerda como le llevaron al dispensario de Fraga... y confiesa que su hijo pequeño, que tiene ahora más de cuarenta años, podría decirse que es de este pueblo: ¡tengo buenos recuerdos de aquel rodaje!, añade en tono guasón.  El público se ríe y escucha atento, pero está impaciente, y especialmente emocionado, por ver la película  que hace 50 años se rodó en CandasnosPistoleros de Arizona o El rancho de los implacables, que era el título provisional cuando se rodó y como la recuerdan por aquí.  Pues varios de los presentes intervinieron de una manera u otra en la película; unos vigilando el set, otros como extras, otros preparando los bocadillos del catering, otros prestando sus almacenes como departamentos de producción y vestuario... 


Cartel a la entrada del cine

Y todos ellos intervendrán también en el documental que esos jóvenes, forasteros que llegaron a Candasnos desde Barcelona hace poco más de un año, están desarrollando: “Espulgas City, al Oeste de Barcelona” será el título. 

Explica Pere  Marzo, el director (el joven que nos ha recibido a la entrada tímidamente), que todo comenzó cuando descubrió en internet que un actor llamado George Martín, era en realidad Francisco Martínez, un gallego emigrado a Barcelona que se había convertido en un héroe del spaghetti western, y que sus películas se habían rodado en los estudios (hoy desaparecidos) de  Espulgas de Llobregat donde se había construido un set de rodaje simulando un pueblo del Oeste Americano. Comenzó a investigar y averiguó que entre 1964 y 1974, se rodaron casi cien películas coproducciones hispano-ítalo-germanas, casi todas de la mano de Balcazar Producciones Cinematográficas. Muchas de ellas rodaban los exteriores en el desierto de Los Monegros (en Candasnos se construyó incluso un rancho como set de rodaje),  así como en el río Cinca en Fraga, las Ripas de Alcolea o la ermita de Chalamera. El Oeste Americano estaba al Oeste de Barcelona. Las persecuciones con caballos y diligencias, las peleas o los disparos se reviven ahora en la pantalla. Pistoleros de Arizona fue la primera de todas ellas, en 1964.

Estos jóvenes cineastas llenos de ilusión y de energía, han estado grabando toda la semana en estas tierras monegrinas, antes secas y áridas, buscando en el lugar el recuerdo o el dato, la imagen y el sonido para su documental. Como si los emigrantes que la abandonaron en los años 50 y 60 del siglo pasado viajando hacia el este, les hubiesen inspirado a mirar hacia el Oeste de Barcelona.

Se apaga la luz y comienza la película. Un suave foco ilumina tenuemente las butacas: hay una cámara grabando las reacciones del público. 
Se reconocen los lugares. La tierra seca, como la del desierto de Arizona. Casi se percibe el aroma del polvo entre las butacas del cine. 

Imágenes tomadas durante la proyección.

Poco importa si la película es más o menos buena, hoy no cabe la crítica cinematográfica. Todos están atentos a la pantalla. Siguen el argumento, pero además están muy pendientes de los detalles. Algunos se reconocen en una escena en la que aparecen varios extras apagando un incendio. María y Josefa recuerdan que fueron por la noche a ver como se rodaba esa escena. Pero todo eso, lo dejo para el documental, donde imagino que se cuentan esa y otras muchas anécdotas. Aún no han finalizado el rodaje; todavía tienen que ir a Italia,  dice Raúl Martínez el joven cámara que me he encontrado en la Plaza (aunque me confiesa que su labor es más de producción). 

Pere Marzo conversa con algunas de las personas entrevistadas en el documental. 
El proyecto cuenta con el apoyo de TV3 y Aragón Televisión, según indica otro de los productores, el aragonés Victor Forniés.

Cuando se estrene, dice Pere, vendrán a presentarlo también en el cine de Candasnos. El de los años 60. Les esperamos. Aquí, en Kandas-City, que fue Arizona. Al Oeste de Barcelona.

Fotograma película rodada en tierras de Candasnos.


jueves, 14 de enero de 2016

La huelga que no cesa

Hace frío en esta mañana de enero y no es agradable estar en la parada. La huelga que los conductores de autobús están llevando a cabo desde hace más de un mes, regada hoy por una lluvia pertinente y abundante, provoca que los usuarios del transporte público se muestren irascibles algunos y poco pacientes otros. 
La ira contenida se desata cuando los viajeros comienzan a subir al autobús que llega, repleto ya.

- ¿Hasta cuando esta huelga?, pregunta una señora en tono malhumorado mientras es apretujada por otros pasajeros para poder entrar en el abarrotado bus después de mas de veinte minutos de espera.
- Hasta que Dios quiera!, responde el conductor en tono de guasa.
- No es lo mismo decirle al jefe un día o dos que tienes problemas con el bus que un mes- dice una joven con acento extranjero.
- Claro, te juegas el puesto de trabajo- asiente una señora mayor.
- Pero qué piden estos! Si viven como quieren!- apunta otra. 
- Llevo desde las ocho de bus en bus porque aunque la huelga comienza a las nueve, los vehículos empiezan ya a retirarse a las ocho y media, te dejan en una parada y ¡apáñatelas! Vas de bus en bus, mojándote, pasando frío... ¡pobres niños que se quedan helados en la calle!- dice otra indignada.
O quizás lo que una usuaria ha sugerido:
Que en las horas de huelga el billete sea gratuito... 

Y ahí ha empezado una cadena de manifiestos, opiniones, improperios y silencios incómodos entre la una, el otro y los más de ciento cincuenta pasajeros que mojados y apretujados sufríamos también las molestias que ocasiona una huelga indefinida. Desde los que llegan tarde a trabajar...

- Y encima nos llevan como borregos!- grita la anterior.
- Que sabra usted seeñoooora!- responde burlesco el conductor desde su asiento.
Quizás una mejor información y comunicación a los usuarios sobre los motivos de la huelga sería una medida necesaria en estos casos. En carteles pegados en los autobuses donde los zaragozanos puedan leer las reivindicaciones de los trabajadores del transporte público. ¿Cuanto cobra un conductor de autobús? ¿Qué reivindican

- Yo no pienso pagar el billete en las horas de huelga-  dice.
¿Que lo asuma el ayuntamiento?, pregunto yo.

Por que la lluvia no podemos pararla.
Foto Aurora Pinto

domingo, 3 de enero de 2016

La becaria

Aquella horrible caja con la que os felicité el Nuevo Año contenía... ¡una hermosa bicicleta! 


Ser becaria me ha dado más de una alegría. La última ésta, obsequio de Warner Bros Company (la de Bugs Bunny, sí), a través de Zarafilms S.A, por un texto que escribí en referencia a la película El Becario y que se basaba en propia experiencia personal. 

Extraigo este párrafo: "Nunca es tarde... Lo curioso es que, como al becario que interpreta Robert de Niro, me costaba convencer a la gente con la que tuve que interferir durante mis prácticas de que no era una profesional contratada, sino una becaria; las sonrisas que obtenía cuando les daba la explicación bailaban entre la guasa y la admiración. ¿Estás de broma?, dudaban algunos. ¡Qué valor tienes!, se sorprendían otros".

De nuevo cine y periodismo, ficción y realidad, se unen para brindarme nuevas energías.

Y aquí estoy, ¡lista para pedalear durante todo el 2016 en busca de nuevos sueños!



jueves, 31 de diciembre de 2015

La caja de los sueños

31/12/215. 
Hoy es el día del año en que la web se llena de listas de éxitos musicales del año, listas de mejores y peores películas, listas de mejores y peores acontecimientos políticos, listas de mejores y peores sucesos, listas, listas, listas. También nuestros móviles y tabletas reciben multitud de presentaciones y montajes, memes u otros modernos formatos para desearnos un feliz año nuevo. 

Yo no suelo hacerlo, pero en esta ocasión voy a sumarme a la tradición. Este no es un post que contenga preciosas fotos, ni sesudas reflexiones, ni palabras ingeniosas, ni actualidad informativa. Tampoco es una lista ni un resumen al uso, pero lleva implícitos, eso sí, felicidad y gratitud. Y es que este año que se despide ha sido tan especial que no puedo dejar que se vaya sin transmitir a todos los que me rodean, amigos y familia (sobre todo familia, ¡que maravillosa es esta familia que tengo!), mi agradecimiento por tanto apoyo. 

Si repaso el 2015, recuerdo que comenzó con una tarde de invierno en el ordenador, preparando los exámenes del primer cuatrimestre del que iba a ser mi último curso de la carrera. Superé con éxito las pruebas y el invierno transcurrió feliz, pero el último día de Febrero Tánatos se presentó con la peor noticia. El fallecimiento de mi padre cercenó el año, la vida se paralizó y coartó por completo el mes de marzo. Desde el vacío se precipitaron los sentimientos, las reflexiones, las diligencias y se manifestó mi ciudad, Barcelona, como espacio que brotaba en una primavera incipiente y extraña. Teresa, como siempre, y su amistad incondicional, estuvieron a mi lado. Son dos conceptos en uno. No puedo imaginar mi vida sin ella. Como tampoco hay palabras que en este mini-resumen o post improvisado puedan apuntar ese paréntesis del mes de marzo en el año 2015; sería un resumen demasiado largo, recapitulando recuerdos, espacios y emociones de más de medio siglo, alegrías y amarguras, felicidades y pesadumbres, imágenes, olores, texturas… recuperar los espacios perdidos para aprehenderlos y soltarlos definitivamente, dolor y armonía inapelables.


Regresé a mi vida en abril, descolocada y asustada por lo que me esperaba en la universidad: debía afrontar el último cuatrimestre seccionado, recuperar tiempo perdido, regresar también a mi trabajo habitual de las tardes para seguir con el horario frenético y además hacer las prácticas y el Trabajo de Fin de Grado. Pues todo ello fue posible. Mi esposo, un hombre paciente y prudente, fue el anillo de oro que engarzó mi alma perdida con la realidad. Llegó junio casi sin darme cuenta (no tenía tiempo para ello) y ya había finalizado las clases y los exámenes. Se había cumplido uno de mis sueños. Por eso este año 2015 es tan especial, cierra un ciclo de cuatro años en los que la felicidad ha venido de la mano del deseo cumplido. El norte que mueve nuestras vidas. Disfruté tanto con la investigación de mi TFG que el tribunal consideró valorarlo con la nota máxima y acabar así el ciclo fue como un culmen de felicidad. Mi hijo, que escribe mucho mejor que yo, se encargó de hacerlo público y romper mi pudor.
Pero todavía hay más. Durante el verano la vorágine de actividades se disparó: por las mañanas en televisión, como becaria en los informativos y por las tardes en mi trabajo habitual. No hubo vacaciones, no hubo relax excepto algún fin de semana en la playa, no hubo tiempo para descansar…pero el esfuerzo valía la pena. Pude experimentar la sensación del periodismo de calle, la gestión de inmediatez de los tiempos en un informativo de televisión, redactar noticias, hacer entrevistas, editar las piezas… ¡feliz, era feliz!

Y entonces, se rompió la falange de mi tercer dedo en el pie izquierdo… ¿qué más podía ocurrir en el 2015? Era como un aviso, para que cuando despertase del sueño y volviese a la realidad en septiembre, abriera los ojos poco a poco. Los sueños siempre tienen un despertar. A veces intentamos seguir durmiendo para que continúen, prolongando así un estado de éxtasis irreal pero agradable. En mi caso, ya estoy despertando del todo. El otoño ha sido duro, y el invierno ha llegado con una espesa niebla que me impide ver más allá de mi despertar.

Estudiante, hija, esposa, periodista, lectora, espectadora, teleoperadora, mujer, madre… Noviembre llegó con una apendicitis de mi hija, a la que adoro. Los pies sobre la tierra, para no perderme. Pero… tengo una enorme caja que guarda la última sorpresa agradable del año. Y seguir diseñando  mi próximo sueño, quizás a pedales o quizás entre las nubes. Creo que ese también lo compartiré en la web.

Hasta entonces os deseo a todos ¡Feliz 2016!



lunes, 14 de diciembre de 2015

A García Lorca le ha encantado La Novia, de Paula Ortiz.

En relación al cine, la noticia es hoy, sin duda, las doce nominaciones de la película La Novia (Paula Ortiz, 2015) para los premios Goya: parte como favorita.




Una en su blog, tiene la libertad de escribir lo que quiera, pues es un espacio atemporal, y utilizar la primera o segunda persona a su libre albedrío. Sin cánones ni directrices establecidas. Sin limitaciones editoriales.
Incluso enviar cartas a aquellos a quien conoce o admira, o a sus amigos. Hoy quiero felicitar a Paula Ortiz (Zaragoza, 1979)  por su película La Novia.


Y a Luisa Gavasa (Zaragoza, 1951) por su interpretación tan maravillosa, que desde luego se merece el Goya, sin duda alguna. Y a García Lorca por Bodas de Sangre. Y a Leonard Cohen por The last walz. ¿Qué no entendéis la mixtura? Pues leed el post. Pero sobre todo, id al cine a ver la película. Cine con mayúscula. Lo digan o no las nominaciones.

13 de diciembre de 2015 /Aurora Pinto

“Salí anoche del cine con la poesía brillando en mis retinas y cientos de cristales clavados en mi garganta, tantos que no tenía voz. Estuve un rato callada, tragando saliva. Mi pensamiento no podía articular palabras porque se habían transformado en imágenes. Pura poesía visual. Y Lorca estaba allí, a mi lado, diciéndome “por lo bajini” que le había encantado la película. Que esta versión de Bodas de Sangre (Lorca, 1933) adquiere toda la esencia de su poema. 

Allí estaba la Luna, anunciando que: “El aire va llegando duro, con doble filo”; La novia lamentando “¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!”; el novio amándola: “Te voy a abrazar cuarenta años seguidos”; Leonardo deseándola: “Que yo no tengo la culpa, que la culpa es de la tierra y de ese olor que te sale de los pechos y las trenzas”, y la madre del novio que dice que llorará cuando esté sola porque sus lágrimas no salen de los ojos sino “de las plantas de los pies, de mis raíces, y serán más ardientes que la sangre”.

Las palabras que Federico García Lorca (Fuentevaqueros, 1898- Víznar, 1936)  escribió en verso y prosa están en los diálogos de los personajes, magníficamente interpretados por Inma Cuesta (Valencia, 1980), Alex García (San Cristobal de la Laguna, 1981) y Asier Etxeandia (Bilbao, 1975) en ese trío de amor, pasión y muerte; o Luisa Gavasa, como madre del novio, toda vestida de negro, toda contención y a la vez exhalación de dolor y rabia, o Carlos Álvarez-Novoa (La Felguera, 1945- Sevilla, 2015), que lamentablemente no llegó a ver la película finalizada, o Leticia Dolera , María Alfonsa Rosso, Manuela Vellés o Ana Fernández como secundarios de la tragedia lorquiana.  

Pero también las imágenes proyectan la esencia del quiebro, del dolor o de la pasión irracional que surgen del alma. ¿Cómo puede ser eso, si se trata de conceptos etéreos, sin materia física que les sostenga? Porque la poesía es además una experiencia sensorial, la de Lorca en palabras, la de La Novia de Paula Ortiz en imágenes.

Hay que ser valiente y arriesgada para tomar un texto de Lorca y adaptarlo a un guion cinematográfico. Esta directora zaragozana lo hizo.  Conozco además a muchos de los que han participado en el proyecto y sé que ha sido un proceso de producción largo y duro, incluido un rodaje en condiciones poco agradables. Pero el resultado final ha valido la pena, Paula, puedes estar segura de ello.

Desde mi ventana, que no es la tuya, quiero publicar estas palabras, para que como un hilo de agradecimiento te lleguen entre cientos de ovillos de colores. Pues mucho se ha escrito (y se escribirá) sobre La Novia. En su presentación en la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastian, en las candidaturas a los Goya, o en su estreno el pasado viernes 11 de diciembre, decenas de críticas, reseñas, reflexiones, opiniones en facebook…  Cuando te entrevisté hace tres años  me dijiste que las críticas no te afectaban, ni siquiera las buenas. Yo te interpelé diciéndote que no me lo creía.

-    Lo que verdaderamente importa es cuando vas al cine y ves que hay gente a la que le llega la película, sobre todo cuando ves que el público sale emocionado… eso es muy bonito.

Pues en este caso, lo has vuelto a conseguir, Paula.

También le pregunté por los premios, por lo que significaban. Le pregunté si soñaba con un Oscar y me dijo que no. Entonces acababa de llegar de la gala de los Goya, en la que estuvo nominada a mejor dirección novel por De tu ventana a la mía.

-   Pues los premios, de verdad, de verdad... Lo pasé muy mal en los Goya, por la exposición, me da pudor. Pero por otro lado es un empujón muy grande para la película y para todos los que la han hecho.

En este caso, creo que ya puedes ir preparándote, Paula, porque vas a tener que ir de nuevo, y casi seguro que subirás al escenario a recoger algún premio.
En esa entrevista que tan generosamente me concediste, aún sabiendo que no se iba a publicar en ningún medio, te pregunté porqué había tan pocas mujeres directoras de cine y reconociste que "hay muchas mujeres muy bien preparadas pero sigue siendo un mundo masculino". Hablando de géneros, también me confesaste lo del reloj biológico que las mujeres tienen en marcha cuando pasan de los 33 años y todavía no tienen hijos. “Tic-tac, tic-tac”, me dijiste sonriendo.

Paula vivió en Nueva York, donde me reconoció que fue “muy estimulada intelectualmente”.

-    En Nueva York no aprendí ninguna técnica de realización que no hubiera podido aprender aquí, pero los profesores cambiaron  mi actitud a la hora de trabajar en el cine. Allí ni sobrevaloran ni infravaloran, se lo toman como un trabajo  y son muy constructivos.

Veamos otras congruencias constructivas. De Poeta en Nueva York, escrita por Lorca cuando estuvo allí  nueve meses entre 1929 y 1930, uno de sus poemas, Pequeño Walz Vienés, fue versionado por Leonard Cohen (Westmount, Canadá, 1934) (que también confesó haber quedado impregnado de poesía al leer a Lorca cuando tenía quince años), y a él se refiere en los márgenes que marcan  la dignidad y la belleza. Take this walz sería Lorca musical, como La Novia es Lorca en cine.


En esa entrevista comenzamos hablando de cine y, sin casi darnos cuenta, también hablamos de poesía, le pregunté como una filóloga sentía esa pasión por el cine…

-    La filología y el cine están muy cerca. Yo estudié filología porque me gustaba mucho la literatura, me gusta mucho leer y la parte narrativa de como se cuentan las historias. Me interesa el cine desde el lado narrativo pues la base primera es contar historias, con otro lenguaje, con otros códigos y en otro arte, pero es lo mismo.  Porque en el cine hay una gramática y una lingüística, para sacar toda la expresión narrativa posible a una escena.

En La Novia esos códigos y ese lenguaje a los que hacía referencia exprimen toda esa expresión narrativa.  Por añadir alguna crítica a la película, apelaría al tempo lento, quizás en algunos momentos excesivo, tal vez en los primeros planos, o en el abuso de la reiteración en la metáfora. Pero, igual que en este blog, el autor de una obra puede tomarse aquellas licencias que considere.

Luego le pregunté si escribía poesía y me dijo que no, pero que leer poemas le devuelve tranquilidad y paz.  

Parafraseando, con atrevimiento, a Lorca, te diría Paula: Que yo no tengo la culpa de que me gusten tus películas. La culpa es de la poesía y de tu empeño por esa belleza visual que traspasa la pantalla del cine y llega al alma del espectador. Y aportan también tranquilidad y paz".


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Un documental imprescindible

Si hablamos de los vínculos que Aragón tiene con el cine, desde sus inicios a principios del siglo XX, nos vienen nombres a la cabeza, como Segundo de Chomón, Florián Rey, Luis Buñuel, CarlosSaura, J.Luis Borau o, en estos últimos años, Miguel A. Lamata, Ignacio Estaregui o Paula Ortiz. Es probable también que muchos sepan que Zaragoza fue el lugar donde se rodó la primera película española, Salida de misa de doce del Pilar (E.Gimeno, 1896) y algunos conocerán lugares de esta tierra aragonesa donde se rodaron spaghetti western en los años 60 o películas españolas como Jamón,Jamón (Bigas Luna, 1992).  Pero más allá de todo ello, existen otros nombres  que han contribuido con su trabajo y su pasión por el cine al desarrollo del séptimo arte, no sólo en Aragón sino también en la cinematografía española y que son menos conocidos. Entre ellos, destaca Eduardo Ducay (Zaragoza, 1926), productor de películas como Tristana (L.Buñuel, 1970) o  El bosque animado (J. Luis Cuerda, 1987)  y otros trabajos de publicidad para cine,  guionista y escritor así como crítico de cine. 
La zaragozana Vicky Calavia ha realizado un documental  sobre su figura y su trayectoria, Eduardo Ducay, el cine que siempre estuvo ahí, que se estrenó ayer miércoles en los cines Aragonia de Zaragoza y que contó con la presencia del propio Ducay. Vicky  ha pretendido con este trabajo reconocer y difundir la figura de este productor creativo, en cierto modo “olvidado”, tal como observa  la propia directora. En el acto de presentación del documental Vicky estuvo acompañada por Nacho Escuín, Director General de cultura del Gobierno de Aragón;  Saul Esclarín, Director General de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza y Pepe Quílez, Director de Aragón Televisión, tres entidades que han colaborado en la producción del proyecto.

Un trabajo riguroso, exquisitamente documentado y que, durante 55 minutos, narra el recorrido profesional a través de la voz del propio Ducay en primera persona, pero también con las voces de  directores y profesionales del cine que trabajaron con él, como Carlos Saura, Jean-Claude Carrière o Fernando Méndez- Leite  y otras voces como la historiadora (y su biógrafa) Alicia Salvador, Javier Espada o Luis Alegre. Precisamente,  tal como reconoció la directora Vicky Calavia en la presentación, Luis fue el artífice del título del documental porque “Eduardo siempre estuvo ahí”, haciendo referencia a las facetas de Ducay no solo como productor sino como activista e impulsor del cine español. 
El documental recorre cronológicamente desde su nacimiento en el Coso de Zaragoza y sin ahondar en aspectos de su vida personal,  una trayectoria que comenzó en una España de posguerra, donde la actividad cultural estaba fuertemente controlada por el régimen franquista. En ese contexto,  Ducay fue uno de los creadores del cine club Zaragoza, con tan sólo 19 años en el cine Eliseos de Zaragoza, desde donde nos relata también otros episodios de su trayectoria. 

El espectador disfruta de fragmentos de muchos trabajos de Ducay, entre los que quisiera destacar Cartas a Sanabria (1955)”, único trabajo dirigido por él  que inicialmente debía ser un documental industrial pero que, tal como explica él mismo, pretendía mostrar la realidad de una zona de la España de los 50. Lamentablemente, la mayor parte de los negativos rodados se velaron.  El zaragozano no volvió a dirigir y se dedicó desde entonces a la labor de productor, esa figura que no por menos conocida es el eje de todos los proyectos cinematográficos. Este productor tuvo además la iniciativa de partida en muchos de sus trabajos, iniciando la búsqueda del director, el elenco de actores y participando en la creación de la película. Impulsor de Movierecord, la publicidad cinematográfica y productor de películas musicales para Los Bravos o Rocío Durcal, Ducay nos describe con su sentido del humor y su discreción, como desarrolló la profesión. Finaliza su narración también discreto y tajante: ¡Y esto es todo!. Pero Vicky Calavia nos deleita con un agradable plano final, que hace caer en la cuenta al espectador de  lo sugerente que hubiese acontecido el estreno de este documental en el Cine Eliseos de Zaragoza. Pero como todos sabrán, está cerrado.
Imagen: Cine Elíseos. Archivo Gobierno de Aragón

Eduardo Ducay el cine que siempre estuvo ahí es un documental necesario que se convierte en un documento imprescindible, testigo de la la presencia aragonesa en la historia del cine español. Por ello, debemos estar agradecidos a Vicky Calavia por el trabajo realizado y por toda su labor investigadora y divulgadora de la vinculación aragonesa al cine español. 


La producción, que se presentó en la 60 Semana Internacional de Cine de Valladolid, SEMINCI, el pasado 29 de octubre,  se exhibirá en los cines Aragonia del 23 al 26 de noviembre, a las 18,30. No hay que dejar pasar la oportunidad y hay que ir a verlo